En qué fijarse al escuchar
La guitarra es uno de los vehículos más claros. Las líneas de highlife pueden entrelazarse con ligereza sobre el bajo y la percusión, dejando espacio a la voz. El funk recurre a una repetición más tensa y a un ataque enfático de la guitarra rítmica. El rock puede destacar la distorsión y una actitud escénica más agresiva. Un mismo instrumento cumple funciones sociales distintas.
Los metales y el órgano ampliaron la paleta del estudio. Una figura de viento podía responder a la voz, anunciar un estribillo o acentuar un corte. El órgano podía completar la armonía, imitar el peso de los metales o crear color psicodélico. Es en el arreglo donde etiquetas amplias como soul y Afrobeat se vuelven discos togoleses concretos.
Roger Damawuzan fue una figura decisiva en este terreno. Su voz áspera y vigorosa era capaz de impulsar a la banda, no solo de colocarse dócilmente sobre ella. «Loxo Nye» une la intensidad del soul con un pulso togolés cuya repetición cobra fuerza en la interpretación.
La carrera de Damawuzan incluyó trabajos con orquestas como Melo-Togo y grabaciones que circularon por África occidental. Su obra dirige la atención hacia la banda que rodea al cantante. Guitarristas, instrumentistas de viento, percusionistas y productores generaban la fuerza musical desde la cual podía irrumpir una voz carismática.
«N'Bo Eyadema Mobutu», de Napo de Mi Amor, es musicalmente fascinante y políticamente específica. Su referencia a dirigentes políticos pertenece a un periodo en el que alabanza, patrocinio y cultura pública estaban estrechamente ligados. El pulso no neutraliza el título. La conciencia histórica permite que el placer y el examen crítico coexistan.
«Dzo Le Gbo Nye», de Adamah y Agbletoe Agbote, ofrece otra grabación notable de los años setenta. El intercambio vocal y el empuje de la banda muestran que la música popular regional podía ser sofisticada sin contar con un gran catálogo internacional. Las reediciones facilitan el acceso, pero los artistas siguen ocupando el centro.
Orchestre Abass construyó un Afro-funk más pesado, vinculado con Bassari Togo. «Haka Dunia» recurre a un ritmo insistente, órgano y empuje colectivo para revelar una corriente menos conocida. La banda demuestra que la aportación togolesa a aquella época supera a los cantantes recuperados en una sola recopilación.
«Ki Man Wo», de Ali Bawa, representa un enfoque urbano centrado en la guitarra dentro de la grabación nacional de 1978. Voz, guitarra, percusión y coristas producen una canción popular compacta. Su presencia junto a registros de campo demuestra que quienes hicieron aquella colección ya entendían la modernidad como parte del país.
Jimi Hope llevó el rock togolés hacia la crítica social y las artes visuales. «Agbébavi» es una introducción contundente porque su voz rugosa y su lenguaje guitarrístico rehúsan cualquier categoría complaciente. También fue conocido como pintor y escultor, de modo que la rebeldía artística se convirtió en una práctica más amplia.
El rock de Hope no debe considerarse menos africano por emplear guitarra eléctrica. El instrumento ya había recorrido décadas de interpretación costera. Lo importante es cómo moldeó el timbre, el texto y el personaje escénico en relación con la vida togolesa.
King Mensah creó otra gran síntesis. «Madjo» se nutre del highlife-funk y de estilos regionales, y emplea ewe, mina y kabiyè. Su formación teatral aparece en la manera en que voz, gesto y danza se dirigen al público. La música permanece arraigada sin necesidad de reproducir un único conjunto ceremonial.
Sus temas suelen abordar la esperanza, la infancia y la responsabilidad social. Resumidos así pueden parecer generales; es la interpretación la que les da fuerza. Escuche el paso de una estrofa lírica a un estribillo de mayor firmeza rítmica. En escena, el cuerpo del cantante forma parte del arreglo.
La política estatal afectó a todas las carreras. Los recintos, las emisoras, los permisos y el patrocinio podían apoyar a los músicos o limitar la expresión. Una canción pública sobre un dirigente debe fecharse, mientras que la crítica de artistas posteriores puede entrañar riesgos profesionales o legales. La historia musical de Togo no debe convertirse en una arqueología de ritmos sin política.
Las condiciones económicas tuvieron el mismo peso. Los instrumentos y el tiempo de estudio eran caros; las giras regionales requerían transporte; las discográficas controlaban las grabaciones maestras. Los músicos cruzaban fronteras porque el propio mercado era regional. La movilidad suponía una oportunidad artística y una necesidad material.
Más tarde, la escena en vivo de Lomé tuvo que competir con la música programada y la producción digital barata. Las bandas necesitan ensayos, equipo y remuneración justa. Los festivales y los institutos culturales pueden sostenerlas, pero una escena sobrevive gracias a salas y públicos regulares, no solo mediante actos prestigiosos ocasionales.
Akofa Akoussah, Yta Jourias, Roger Damawuzan, Napo de Mi Amor, Adamah y Agbletoe Agbote, Orchestre Abass, Jimi Hope y King Mensah revelan ocho relaciones distintas entre voz y banda. Escuchados en conjunto, sus arreglos hacen que la década y sus prolongaciones suenen mucho más amplias que un único estilo retro.