Capítulo 03
El baul no es un disfraz
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La figura baul resulta fácil de reconocer en las imágenes de festivales: ropa suelta, un ektara, un cantante extático. La imagen engaña cuando convierte un campo variado de maestros, discípulos, practicantes asentados, viajeros e intérpretes en un solo tipo pintoresco.
La práctica baul une la música a preguntas sobre el cuerpo, el yo, lo divino y las relaciones humanas. Ha bebido de diversas corrientes religiosas y filosóficas, al tiempo que se resiste a una clasificación doctrinal sencilla. Una canción baul puede recurrir a objetos cotidianos, al trabajo o al deseo para sostener un argumento cuyo sentido se despliega por medio de metáforas.
Por eso la letra no puede tratarse como «poesía mística» intercambiable. Importan las palabras concretas, además del maestro, el linaje y la ocasión mediante los cuales se aprendió la canción. La interpretación pasa por el cuerpo: gesto, expresión facial, respiración y figura instrumental repetida ayudan a que el pensamiento se vuelva memorable.
La UNESCO inscribió los cantos baul en su Lista Representativa en 2008, tras una proclamación anterior de 2005. El reconocimiento aumentó su visibilidad internacional, pero no convirtió el baul en objeto de museo ni resolvió las disputas sobre su pertenencia entre Bangladés y Bengala Occidental. Más importante es saber si sus practicantes pueden sostener la enseñanza, el sustento y los espacios de reunión.
Lalon sin pedestal de mármol
Lalon Shah, también conocido como Lalon Fakir, es el nombre más destacado asociado al canto baul en Bangladés. Kushtia y el complejo del santuario de Chheuriya son grandes centros de su memoria pública. Las canciones atribuidas a Lalon circulan mediante enseñanza oral, recopilaciones impresas, grabaciones, películas, festivales y arreglos modernos.
Esa abundancia plantea una dificultad. Una letra célebre puede aparecer con palabras o tratamiento melódico distintos. La atribución puede adquirir en la memoria popular una firmeza mayor que la permitida por los testimonios conservados. La respuesta sensata no consiste en quitar vida a las canciones, sino en escuchar a los intérpretes como tales. La dicción exacta, el tono sostenido y el tempo disciplinado de Farida Parveen presentan a Lalon de modo diferente que una interpretación más áspera en una mela o un arreglo de banda.
«Khachar Bhitor Ochin Pakhi» es una primera canción valiosa porque su imagen central, el pájaro desconocido dentro de la jaula, muestra el encuentro entre lenguaje físico y filosófico. No conviene apresurarse a reducir la metáfora a una respuesta. Hay que oír cómo la repetición vuelve más insistente la pregunta.
Un akhra puede ser lugar de práctica, enseñanza, conversación, hospitalidad y actuación. Su escala importa. Ante un grupo reducido, un cantante puede prolongar una estrofa, responder a otro practicante o explicar un verso. En el escenario de un festival, la amplificación, la duración asignada y las expectativas del público transforman el mismo material.
Aprender no consiste solo en memorizar palabras. Mediante el contacto repetido con un maestro, el discípulo asimila pronunciación, melodía, colocación rítmica, gesto e interpretación. Las canciones pueden escribirse o grabarse, pero la relación social sigue transmitiendo conocimientos que la notación no recoge.
Las melas baul reúnen en un mismo espacio a practicantes, visitantes, comerciantes, medios y autoridades. Pueden favorecer la visibilidad y el sustento, a la vez que premian la imagen pública más reconocible. Escuchar con atención exige distinguir entre una reunión organizada en torno a la práctica y una actuación presentada como emblema.
Ektara, dotara, khamak y dubki
El ektara no aporta armonía en el sentido occidental de los acordes. Su nota repetida ofrece apoyo a la voz y puntúa el movimiento. El dotara permite figuras melódicas y breves respuestas. El khamak produce una altura elástica que salta hacia arriba al variar la tensión; el dubki añade el pulso compacto de un tambor manual. Unos platillos pequeños pueden iluminar el compás.
La sencillez aparente es exigente. Con pocas capas instrumentales, el cantante no puede ocultar un pulso débil ni una línea vocal sin dirección. Una figura repetida debe mantenerse viva mediante mínimas variaciones del ataque. La voz ha de sostener a la vez texto, melodía y dirección dramática.
Puede escucharse una misma actuación tres veces. Primero, siguiendo solo el estribillo. Después, atendiendo al instrumento que repite con mayor constancia. Por último, observando dónde el cantante demora una palabra, cambia el timbre o utiliza un gesto para dar un giro expresivo a la estrofa. Así se aclara la estructura sin reducir la canción a una fórmula.
Farida Parveen, Shafi Mondol y la interpretación viva
Farida Parveen es una de las principales intérpretes modernas del repertorio de Lalon. Su trayectoria enlaza aprendizaje intensivo, radiodifusión, discos y escenarios internacionales. La claridad de su emisión ayuda al recién llegado a percibir letra y contorno melódico, pero su versión no debe confundirse con la única forma válida.
Shafi Mondol representa otra trayectoria de práctica, enseñanza y actuación pública. Momotaz, una de las cantantes de música folclórica más reconocibles del país, muestra cómo pueden encontrarse canto rural, proyección vocal poderosa, grabación comercial y públicos masivos. Las canciones de Shah Abdul Karim, arraigadas en la región de Sylhet y reinterpretadas ampliamente, abren un universo de autor afín, pero distinto.
Los arreglos modernos pueden descubrir una canción a nuevos oyentes. También pueden cubrir el texto con una producción exuberante o convertir una filosofía en un estribillo pegadizo. Es preferible comparar versiones en vez de decidir de antemano que lo acústico es auténtico y lo eléctrico, una concesión. La pregunta es qué vuelve audible cada arreglo y qué oculta.
Un primer encuentro respetuoso
Conviene comenzar con una interpretación completa, no con un montaje de treinta segundos, y conservar el nombre del intérprete. Si hay traducción, ha de servir de ayuda y no sustituir el sonido y la ambigüedad del bangla. «Baul» no debe emplearse como etiqueta para cualquier cantante que lleve un ektara.
Después se puede pasar de un contexto a otro: una grabación de Farida Parveen, un practicante en un akhra o una mela y un arreglo contemporáneo. Las diferencias enseñan más que una historia genérica. Una versión puede poner en primer plano el texto; otra, el intercambio social; otra, el bajo, el ritmo y el color de estudio.
El baul cobra vida cuando se permite que el cantante sea una persona que piensa y no un icono de espiritualidad rural intemporal.