Capítulo 01
Un país pequeño con muchas geografías musicales
8 minutos de lectura
Empezar por cuatro grabaciones que discrepan entre sí
Escuche a José Carlos Schwarz y Cobiana Djazz interpretar «N’Na Nega Bedju». El arreglo es compacto, la guitarra sobria y la línea vocal en Kriol tiene desde el primer instante la cercanía del habla. Schwarz no necesita un gran preludio orquestal para plantear un argumento público. Sus palabras avanzan con la banda y concentran inteligencia, ironía y tensión emocional en una forma que la gente podía recordar y cantar.
Elija ahora la grabación de balafón balanta conservada en la colección de África Occidental de Charles Duvelle. Las teclas de madera producen ataques nítidos sobre la resonancia de las calabazas, y la interpretación se prolonga casi nueve minutos. No hay bajo eléctrico, ni letra de liberación, ni razón alguna para tomar Bisáu como punto de referencia. La música procede de otra historia social e instrumental dentro del mismo país.
En tercer lugar, escuche a Karyna Gomes cantar «Sinal di Mindjer». Su voz entra con claridad y dominio en un arreglo de estudio contemporáneo. La canción pertenece a un álbum centrado en las mujeres, pero no es un himno institucional al empoderamiento. Gomes la escribió. La melodía, el fraseo y la colocación rítmica permiten oír su autoría antes de que la biografía explique nada.
Para la cuarta selección, escuche «Pamparida», de Super Mama Djombo. Una canción de juego infantil se convierte en un fenómeno de banda eléctrica: las guitarras se entrelazan, la percusión impulsa el pulso y el estribillo viaja más allá de Guinea-Bisáu. La grabación es jubilosa, refinada y está ligada a los primeros años del país tras la independencia. Es, además, solo una de las catorce obras extraordinarias registradas durante una intensa sesión de estudio en 1980.
Estas grabaciones no trazan una progresión ordenada de lo tradicional a lo moderno. La pieza de balafón se grabó y circuló mediante tecnología moderna. Cobiana Djazz transformó ritmos locales con instrumentos amplificados antes de la independencia. Karyna Gomes escribe desde un mundo posterior, diaspórico y cívico. «Pamparida» renueva el repertorio infantil mediante un arreglo profesional. La historia interesante no es cómo Guinea-Bisáu dejó atrás el pasado, sino cómo sus músicos deciden una y otra vez qué llevar consigo.
Antes que nada, identificar bien el país
Guinea-Bisáu es el país atlántico de África Occidental cuya capital es Bisáu. No es la República de Guinea, cuya capital es Conakri; tampoco Guinea Ecuatorial ni Papúa Nueva Guinea. El guion no es un adorno tipográfico: impide que una cultura entera desaparezca en los resultados de búsqueda de un vecino más grande.
Las fronteras actuales sitúan Senegal al norte y Guinea al este y al sur. Sin embargo, la lengua, las familias, la enseñanza islámica, el comercio, la migración y los repertorios musicales atraviesan esas fronteras. Los músicos mandingas y fulas pertenecen a historias regionales más amplias. Casamance queda al otro lado de la frontera senegalesa, pero sigue cercana por sus gentes y sus sonidos. El Atlántico conecta Bisáu con Cabo Verde, Portugal, Angola y ciudades de la diáspora, aunque compartir una lengua colonial no vuelve intercambiables estas culturas musicales.
El territorio continental suele describirse por regiones administrativas. Bisáu constituye un sector propio y es el principal centro mediático del país. Cacheu, Biombo y Oio forman un amplio corredor noroccidental con comunidades manjaco, papel, mancanha, balanta y otras. Bafatá y Gabú conducen hacia el este, a mundos fula y mandinga y a redes transfronterizas. Quinara y Tombali abren rutas meridionales por historias balanta, beafada, nalu y de otros pueblos. Bolama y los Bijagós exigen un mapa marítimo y atención isla por isla.
Estas etiquetas orientan al viajero, pero la música no obedece un esquema administrativo. Un cantante nacido fuera de Bisáu puede desarrollar allí su carrera. Un ritmo balanta puede entrar en un álbum de guitarra grabado en parte en Londres. El Kriol vincula a personas con distintas lenguas maternas sin borrar esas lenguas. Un intérprete bijagó de Bubaque no puede hablar automáticamente en nombre de Orango o Uno.
El Kriol no es portugués mal hablado
El portugués es la lengua oficial y conserva importancia en la administración, la escuela, los archivos y la comunicación internacional. El Kriol de Guinea-Bisáu es la gran lengua de enlace de la canción popular y de la vida nacional cotidiana. Surgió de un largo contacto entre el portugués y las lenguas africanas de la costa de la Alta Guinea. Posee gramática, sonoridad y recursos expresivos propios.
Llamar al Kriol portugués simplificado impide comprender lo que los cantantes hacen con él. Schwarz empleó imágenes concisas, rimas y fraseos capaces de dirigirse sin rodeos a quienes vivían bajo el dominio colonial. Super Mama Djombo convirtió los coros en Kriol en parte de la memoria nacional. Eneida Marta y Karyna Gomes lo llevan a escenarios internacionales sin presentar la traducción como precio de admisión. Los raperos lo utilizan para la velocidad, el humor, la denuncia y el detalle del barrio.
La lengua también modifica la melodía. Las palabras determinan dónde puede apoyarse una voz, cortar una frase o prolongar una vocal. Un estribillo en Kriol puede acomodarse a los acentos desplazados de un arreglo de gumbe de manera distinta a una letra portuguesa sobre el mismo pulso. Sentido y ritmo no son capas separadas.
El Kriol no sustituye a las lenguas comunitarias. Las variedades balanta, el mandinga, el fula o pular, el manjaco, el papel, el mancanha, el bijagó, el beafada y el nalu transmiten historias y formas de autoridad diferentes. Una lengua nacional puede unir la conversación pública mientras las desigualdades en la grabación y la escolarización siguen condicionando a quién se escucha.
El continente y las islas exigen escalas diferentes
En el continente, el cultivo del arroz, la pesca, los mercados, las bodas, los funerales, la iniciación, la vida religiosa y las asociaciones vecinales crean ocasiones musicales. Un mismo instrumento puede recibir nombres o funciones distintos según la comunidad. Una lista de «seis ritmos nacionales» quizá parezca útil en internet, pero términos como broksa, kusundé, kansaré, tina y djambadon necesitan un lugar, una lengua, un intérprete y un acontecimiento para cobrar sentido.
El archipiélago de los Bijagós comprende unas ochenta islas, de las cuales solo una minoría está habitada de forma permanente. El acceso en barco, la población y las relaciones históricas varían profundamente. Bubaque mantiene mejores conexiones de transporte y turismo que muchas islas pequeñas. Orango guarda la memoria de Okinca Pampa y de otros gobernantes. Uno reúne varias comunidades. La proximidad geográfica no iguala los calendarios rituales ni la organización política.
En las islas, la música puede acompañar el trabajo, la memoria colectiva, los funerales, el paso a la edad adulta, las celebraciones y la danza. Grandes tambores de hendidura llamados bombolom pueden convocar a la población a una reunión o ante una urgencia. En actuaciones públicas documentadas aparecen canto de llamada y respuesta, percusión manual, sonajas, palmas y danzas de gran exigencia física. Algunas danzas están restringidas por edad, género, iniciación o decisión comunitaria. La curiosidad de quien visita no está por encima de esos límites.
Un informe de campo de 2023 contiene una lección más importante que cualquier descripción instrumental. En Uno, los mayores prohibieron grabar una danza femenina de fertilidad. El investigador grabó en secreto una parte hasta que fue descubierto. Esa grabación no es una recomendación de escucha, sino un ejemplo de lo que no debe hacerse. El consentimiento no es un obstáculo burocrático para la documentación cultural; forma parte de la cultura que se dice respetar.
La historia entra por las personas, no solo por las fechas
El dominio colonial portugués afrontó una prolongada resistencia armada dirigida por el Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde, el PAIGC. Amílcar Cabral fue su estratega principal. Guinea-Bisáu declaró la independencia en 1973; Portugal la reconoció en 1974, después de su propia revolución.
La música ayudó a imaginar la libertad antes de que existiera el Estado. José Carlos Schwarz y Cobiana Djazz cantaron en Kriol, recuperaron y transformaron ritmos locales e hicieron audible la injusticia colonial. Schwarz fue encarcelado en 1971. Sus canciones adquirieron fuerza porque el público reconocía en ellas su lengua y su verdad social, no porque un futuro gobierno las convirtiera más tarde en patrimonio.
Tras la independencia, Super Mama Djombo quedó estrechamente vinculada a la nueva nación y a su dirigencia política. La orquesta salió de gira, actuó en torno a actos oficiales y alcanzó una popularidad extraordinaria. Sus grabaciones conservan esperanza, instrucción, conmemoración, humor y desencanto dentro de complejos arreglos eléctricos.
La historia posterior del país incluyó golpes de Estado, inestabilidad y la guerra civil de 1998-1999, que dañó Bisáu y sus infraestructuras culturales. Hubo músicos que emigraron, carreras que se desplazaron entre países y archivos que quedaron expuestos. Pero la historia nacional no se reduce a un párrafo interminable sobre crisis. Los artistas siguieron escribiendo: Justino Delgado, Manecas Costa, Dulce Neves, Eneida Marta, Karyna Gomes, Mû Mbana, grupos de hiphop y cantantes jóvenes propusieron respuestas distintas al cansancio político.
Por eso, el mejor comienzo es una decisión de escucha: oír cada vez una lengua, una persona y un lugar. Guinea-Bisáu se vuelve más grande cuanto más precisas son las etiquetas.