Capítulo 03
Mombasa, Lamu y el debate que encierra una canción en suajili
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La costa como red activa
Durante siglos, personas, religiones, lenguas, instrumentos, mercancías y poder político circularon entre los puertos de África oriental, las rutas del interior, Arabia, Persia, Asia meridional e islas como Zanzíbar y las Comoras. La cultura suajili se formó dentro de ese tránsito. Por eso, «influencia del océano Índico» no es más que un punto de partida; son los intérpretes, los poemas, los barrios y los arreglos los que revelan cómo suenan realmente esas relaciones.
Mombasa es un puerto, una ciudad de barrios y un centro de grabación. Lamu tiene visibilidad propia gracias a sus festivales, además de historias religiosas, poéticas y sociales particulares. Malindi, las localidades costeras menores y las comunidades mijikenda añaden otras rutas. El turismo transforma el empleo y la presentación: a veces ofrece un escenario a los músicos, pero también fomenta programas que borran las diferencias locales y las reducen a una velada de «entretenimiento costero».
Aquí conviene hacerse las mismas preguntas que en otros lugares: ¿qué lengua, qué poema, qué conjunto, qué ocasión y qué década? Un violín en el taarab, una guitarra en una banda de hotel y unos tambores en la chakacha pueden oírse en la misma ciudad sin pertenecer al mismo género.
El taarab lleva la poesía al espacio público
El taarab une la poesía cantada en suajili con la composición melódica y el arreglo de conjunto. Según la época y el grupo, la instrumentación puede incluir violín, ud, qanun, acordeón, armonio, teclado, bajo y diversas formas de percusión. El conjunto sostiene un texto cuyo significado social puede ser directo o expresarse con hábiles rodeos. El elogio y el romance conviven con la rivalidad, el consejo y la insinuación.
El taarab keniano pertenece a un campo costero más amplio, con historias locales diferenciadas. Los músicos se desplazaron entre Mombasa y Zanzíbar; los discos y la radio viajaron; los conjuntos tomaron prestados canciones e instrumentos. Los intérpretes, el dialecto, el estilo poético, el arreglo y el público sitúan cada grabación en un entorno concreto.
Lelele Afrika ofrece una vía concreta hacia el estilo antiguo. Ketebul Music documentó a estos músicos veteranos como uno de los pocos grupos que todavía interpretan taarab al estilo antiguo, y el conjunto apareció en sus proyectos dedicados a la costa. Una actuación completa permite apreciar un desarrollo pausado que se pierde en un breve fragmento de recopilación. Siga la relación del cantante con el violín y la percusión, y observe cómo el arreglo deja espacio a las palabras.
Bado, nacido Mohamed Said Ngana, es un multiinstrumentista cuyo trabajo reúne poesía suajili, conocimiento del taarab y arreglos contemporáneos. Su personalidad como autor se oye en la elección de los instrumentos, la métrica y el fraseo vocal.
La chakacha en las bodas y la vida social
La chakacha está asociada al baile costero de bodas y otras ocasiones sociales, en especial entre las comunidades suajilis y mijikenda. La percusión y las frases vocales repetidas sostienen el movimiento, pero las versiones escénicas varían enormemente. El término se aplica a menudo, con poca precisión, a cualquier pieza rápida de la costa interpretada para visitantes. Esa etiqueta cómoda borra quién baila y por qué.
Observe la relación entre las caderas, los pies, los acentos del tambor y la respuesta cantada. En una boda, el contexto familiar da forma a la interpretación; en una presentación de festival, el nombre del grupo y el arreglo pasan a formar parte de la documentación. La música se entiende mejor cuando los bailarines y los percusionistas permanecen en el mismo encuadre.
Fundi Konde escuchó la costa a través de una guitarra
La carrera de Fundi Konde abarcó la guitarra, la música de baile, la grabación y el espectáculo de la era cinematográfica. Demuestra por qué la costa no puede dividirse entre «taarab tradicional» y «pop moderno de Nairobi». Los guitarristas participaron desde temprano en la modernidad musical costera al incorporar elementos del jazz, la música latina, Sudáfrica y otros lugares de África oriental mientras trabajaban para públicos locales.
«Tausi Ndege» es un buen punto de partida. Las frases compactas de la guitarra se enroscan en torno a la voz mientras la sección rítmica conserva el carácter social de la música de baile. Esa concisión responde a la historia costera y discográfica del propio Konde.
«Malaika» viajó más lejos que sus créditos
La grabación de «Malaika» de Fadhili Williams se convirtió en una de las canciones de África oriental con mayor circulación. Numerosos intérpretes la grabaron y, con el tiempo, surgieron relatos contrapuestos sobre su autoría. Nombrar la versión y al intérprete mantiene visible esa historia mientras la melodía viaja.
En términos musicales, la fuerza de la canción reside en la franqueza de su melodía y su manera de dirigirse al oyente. Las grandes versiones internacionales pueden añadir peso orquestal, pero la de Williams devuelve al oyente a la guitarra y la voz de África oriental. Compare versiones solo después de escuchar una completa. El ejercicio revela cómo un arreglo puede cambiar la dimensión emocional mientras la melodía sigue siendo reconocible.
Jazz suajili: una ruta a través del saxofón
«Sukari», de Juma Tutu, abre otra vía por la costa. Su jazz suajili, encabezado por el saxofón, se nutre del oficio de las bandas de baile sin convertirse en una recreación de archivo. El saxofón puede responder al cantante, asumir un pasaje instrumental y reformular una calidez costera conocida mediante la articulación del jazz.
Después del taarab, la chakacha y los primeros repertorios de guitarra, «Sukari» revela otra modernidad de Mombasa: el saxofón responde al cantante, toca un pasaje en solitario y regresa con un ataque más brillante.
Garissa llega a la costa por otro camino
Gargar, un grupo de mujeres kenianas de origen somalí procedentes de Garissa, nació de una organización más amplia dedicada al empoderamiento femenino. Su nombre contiene la idea de unirse. «Aids Wadila» les dio visibilidad a través del programa Spotlight on Kenyan Music, y en 2010 apareció el álbum Garissa Express.
Gargar desplaza el mapa hacia el nordeste por medio de voces de mujeres, la lengua somalí y arreglos modernos. En «Aids Wadila», la frase solista y la respuesta grupal transmiten un mensaje contemporáneo de salud pública con la claridad de una canción creada para uso comunitario.
Dónde escuchar música en la costa
En Mombasa y Lamu, empiece por las páginas oficiales de festivales, museos, centros culturales y artistas para consultar las fechas vigentes. Pregunte quién actúa y si el programa identifica taarab, chakacha, jazz suajili, repertorio devocional u otra propuesta. Una puesta de sol no explica la música. Si un hotel anuncia una «banda africana» sin nombre, puede emplear a músicos excelentes, pero el anuncio dice poco hasta que los intérpretes reciben crédito.
La secuencia costera más útil reúne «Tausi Ndege» de Konde, «Malaika» de Williams, una actuación completa de Lelele Afrika, «Sukari» de Tutu y «Aids Wadila» de Gargar. Cinco interpretaciones abren cinco rutas sociales y geográficas distintas. Esa diferencia es la verdadera abundancia de la costa.