En qué fijarse al escuchar
Lucy Jaén es la voz imprescindible para comenzar. Nacida en Santo Domingo de Las Tablas, llegó a ser reconocida por su extenso repertorio de tamborito y por su presencia dominante como cantalante. En «El Perote» canta con un coro vinculado a una ruta festiva local hacia El Uverito. Su autoridad no reside simplemente en el volumen. Sabe cuánto espacio rítmico dejar a la respuesta y cómo rematar una copla para que tambores y bailadores actúen sobre ella.
«Mira cómo se jondea» presenta un marco de tambor norte, mientras que «Oiga, oiga, oiga, moreno» corresponde a un tambor corrido. Al escucharlos uno junto al otro, las diferencias se hacen más claras: el tempo, el ataque vocal y el movimiento del tambor modifican la energía social. Las últimas grabaciones de Jaén fueron proyectos de preservación, pero siguen siendo interpretaciones moldeadas por el equilibrio sonoro del estudio y por su voz madura, no ventanas transparentes a un pasado intacto.
Eneida Cedeño abre otra vía por la cumbia, la saloma y el repertorio folclórico cantado. Entre sus primeras grabaciones comerciales figuran «Santiago de los Anastacios» y «Pueblo Nuevo». La saloma emplea un gesto vocal agudo y de gran alcance, cuyos ornamentos pueden atravesar un espacio al aire libre. A un oído ajeno quizá le parezca espontánea, pero la respiración, el registro y el estilo local determinan si alcanza la fuerza expresiva adecuada.
El conjunto de tamborito se entiende mejor al separar sus funciones. La caja ofrece una referencia rítmica clara. El pujador, más grave, sostiene un patrón de base. El repicador, más agudo, puede variar, responder al movimiento y perfilar las transiciones. Las palmas no son un adorno opcional: alinean al coro con quienes bailan. Cuando todas las partes se comprimen en un «toque de tambores» genérico, la forma pierde su inteligencia.
La mejoranera cambia la escala. Construida tradicionalmente con cinco cuerdas, sostiene el verso cantado y los repertorios de baile mediante figuras pulsadas compactas. Los constructores actuales han modificado su fabricación y su sonido sin abandonar una forma reconocible. Evolución no significa decadencia. Un instrumento más brillante o estable refleja los materiales, la amplificación y las necesidades de quienes hoy lo tocan.
El canto de décima exige arquitectura verbal. Las estrofas de diez versos siguen un esquema formal de rima, y los cantores organizan en él argumentos, humor, elogios o desafíos. Una cantadera puede proponer un tema e invitar a respuestas alternadas o competitivas. La emoción nace del pensamiento bajo presión: cada cantor debe conservar la métrica y la rima mientras contesta la idea de otra persona.
El Festival Nacional de la Mejorana de Guararé se ha convertido en un gran escenario público para estas artes. Reúne concursos, danza, instrumentos y proyección nacional, aunque todo festival selecciona y estandariza inevitablemente. Los reglamentos de competición premian cualidades mensurables; los escenarios amplificados alteran el equilibrio sonoro; la indumentaria se vuelve parte de la representación. El festival favorece la transmisión y, al mismo tiempo, crea una versión pública determinada.
La autoridad de las mujeres recorre el tamborito. La cantalante no se limita a cantar sobre los tambores de los hombres: inicia el texto y dirige la interacción. Las mujeres del coro y del baile moldean la respuesta social. Lucy Jaén y Eneida Cedeño son nombres célebres, pero la forma depende de muchas mujeres de las comunidades cuyas trayectorias no quedaron registradas en discos de circulación nacional. Una figura reconocida debe conducir la escucha hacia esa estructura más amplia, no reemplazarla.
Las variantes regionales se resisten a un único mapa de trajes. Los Santos, Herrera, Coclé, Veraguas y Darién poseen ritmos, pasos, textos y hábitos de conjunto distintos. El tamborito de una provincia no sirve como prueba de todas las demás. Lo mismo vale para la cumbia y el punto. Ante una presentación, resulta más útil preguntar «¿qué forma local se interpreta aquí?» que «¿es esta la danza panameña auténtica?».
El punto suele destacar un baile de pareja elegante con una forma instrumental medida, mientras que la cumbia sostiene diversos patrones circulares y de pareja según la región. Las danzas de mejorana poseen sus propios torrentes y pasos. Estas denominaciones coinciden en los programas de festivales, pero contienen claves musicales específicas. Conviene mirar los pies de quienes bailan para localizar acentos que una grabación muy densa puede ocultar.
Las provincias no están congeladas fuera de los medios modernos. La radio difundió a las figuras del canto y el acordeón. Los discos fijaron versiones preferidas. El bajo eléctrico y la amplificación cambiaron el peso del baile. Las nuevas generaciones aprenden de mayores, videos, escuelas y concursos. Un arreglo nuevo puede seguir arraigado si quien lo realiza entiende el verso, el ritmo y la función social que está reorganizando.
Lucy Jaén y Eneida Cedeño también permiten comprender dos escalas vocales. La autoridad grave y declarativa de Jaén suele parecer construida para un círculo público: la frase llega con claridad, el coro tiene tiempo de apropiársela y puede comenzar el siguiente gesto rítmico. La saloma de Cedeño, en cambio, se proyecta hacia lo alto. Sus vocales largas, quiebres y ornamentos convierten la voz en una señal capaz de viajar más allá del grupo inmediato. Ninguno de los dos enfoques es un simple acento regional superpuesto a la misma canción. La forma de respirar indica qué tipo de respuesta espera la interpretación.
Esa distinción puede orientar una primera comparación entre tamborito, décima y punto. En el tamborito, siga la tensión alternada entre voz principal, coro y tambores. En una cantadera, siga el texto: el marco musical es lo bastante estable para que la rima, el ingenio y el argumento se conviertan en el drama. En el punto, observe cómo una frase instrumental y las figuras acompasadas de la pareja crean juntas la forma. No son tres piezas de un catálogo de vestuario. Organizan la atención de manera distinta, por eso escuchar una interpretación completa enseña más que coleccionar fragmentos de treinta segundos.
Como introducción práctica, comience con «El Perote» y pase después a «Santiago de los Anastacios». El primero enseña llamada, respuesta y tiempo colectivo; el segundo abre el oído a la saloma y a un repertorio folclórico cantado de melodía más definida. Escuche luego a Rodolfo Espino entre los cantores e instrumentistas del proyecto de 2010 La mejorana es para siempre. Siga la voz sobre el patrón reiterado de la mejoranera antes de leer los versos. Aunque no se comprenda cada giro verbal, la cadencia revela dónde el cantor completa una rima, responde a un desafío o remata una inversión cómica.
Centre la atención en las entradas y las respuestas. ¿Cuándo deja Lucy Jaén un espacio para el coro? ¿Qué tambor reacciona al bailador? ¿En qué momento repite una figura el mejoranero para que la décima pueda expandirse? La sofisticación de esta música reside menos en la complejidad armónica que en la precisión con que las personas se coordinan para dejarse espacio.