Capítulo 03
Las sociedades florales convierten la jerarquía en canción
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Lawòz, La Rose, y La Magéwit, La Marguerite, son sociedades florales rivales con temporadas de reuniones, ensayos, canto y boato. Sus fiestas se celebran el 30 de agosto y el 17 de octubre, respectivamente. El espectáculo público incluye reyes, reinas y funcionarios de distinto rango, pero el trabajo más profundo tiene lugar durante semanas de participación.
En qué fijarse al escuchar
Las sociedades convierten la jerarquía de las élites en teatro popular. Los títulos tomados de la corte y la administración son representados por comunidades cuyos antepasados vivieron bajo el poder colonial. El resultado puede ser afectuoso, competitivo y satírico al mismo tiempo. La música mantiene cohesionada la sociedad mucho antes del desfile final.
En una sesión, la chantwelle sostiene la energía y el repertorio. Quien ejerce de voz principal debe saber cuándo repetir un estribillo, cuándo introducir otra canción y cómo mantener implicados a bailarines y bebedores durante toda la noche. El coro no es un acompañamiento secundario. Confirma la voz colectiva de la sociedad.
Julita Louis y miembros de la Lamargrit Society of Laborie interpretan «The Flower, the Flower, the Rose Are in Dismay» con aplomo ceremonial. La melodía avanza como una marcha y lleva un texto que hace pública la rivalidad. Como los intérpretes y la sociedad figuran en los créditos, la grabación puede dar acceso a la historia social de Laborie en vez de flotar como música anónima de desfile.
«Lè Mwen Té Ja Di», de Nora Son, ofrece otra interpretación de una sociedad floral. Su voz principal lleva el lenguaje con una soltura que la traducción escrita no puede reproducir. Escuche cómo entra la respuesta: el sentido del tiempo comunica lealtad.
El kwadril vive entre el arco, los pies y quien dirige las figuras
El kwadril desciende de las contradanzas europeas, pero se volvió santalucense mediante el repertorio, la instrumentación y el movimiento locales. Cuatro parejas pueden ejecutar figuras bajo la guía de quien las dirige. El violín encabeza los patrones melódicos; la guitarra, el cuatro o el banjo sostienen la armonía; el chakchak y los tambores dan al suelo su articulación local.
Eric Theodor, con Ives Simeon y François «Difé» Fanis, interpreta «Tann Wadlo Palé», identificada como canción de kwadril de Lawòz. La figura repetida del violín no es una exhibición de concierto. Debe conservar suficiente claridad para que los bailarines sepan en qué punto se encuentran. La percusión sitúa pequeños acentos dentro del patrón y da al paso más impulso del que mostraría una transcripción rígida.
Nora Son, Ives Simeon, Maké Joseph y François «Difé» Fanis interpretan «Alé Di Wadlo, Mi Mwen Mwen Ja Wivé», una forma lakonmèt o emparentada con la mazurca. Demuestra por qué no basta una lista de nombres europeos de bailes. El marco importado lleva generaciones vivido localmente; el uso del arco, la percusión y el fraseo corporal lo vuelven santalucense.
El violín, llamado anba goj en algunas descripciones locales, necesita resistencia rítmica. Un intérprete puede repetir breves secciones durante varias figuras y modificar el ornamento o el ataque sin perder a los bailarines. La guitarra y el cuatro deben conservar ligereza para no ahogar el arco. El chakchak crea una base granular continua, mientras los acentos de tambor marcan los giros.
Los instrumentos tienen funciones, no significados simbólicos
El chakchak es una sonaja cuyo movimiento repetido puede cohesionar un conjunto. Su aparente sencillez vuelve inmediatamente audible cualquier irregularidad. El intérprete controla la densidad variando la longitud y el ángulo del movimiento. El instrumento puede acompañar trabajo, baile y canto sin significar lo mismo en cada contexto.
El cuatro, pequeño instrumento semejante a la guitarra, aporta acordes compactos e impulso a contratiempo. El banjo y la mandolina han formado parte de conjuntos de cuerda. El baha puede construirse como instrumento de percusión o fricción, mientras el gwaj, o rallador, aporta un raspado seco. La flauta de bambú y el pífano conectan otros contextos de baile y mascarada. Los instrumentos de metal entraron en las bandas militares, cívicas y populares.
«St. Cecilia's Day Serenade», de Harmony Kings, la formación de Arthur Jack, vuelve audible la historia de las bandas. La pieza reúne la formalidad de una oda y la autoridad local de un conjunto con nombre propio. Los vientos organizan la melodía en frases claras; el ritmo impide que la música ceremonial se vuelva rígida.
Sesenne Descartes convirtió la voz en institución cultural
Marie Selipha «Sesenne» Descartes llegó a ser una de las cantantes folclóricas más celebradas de Santa Lucía. Su importancia no debe reducirse a un título honorífico como Reina de la Cultura. Su voz, su dominio del repertorio en kwéyòl y su presencia hicieron convincentes las canciones ante públicos que, de otro modo, podrían haberlas tratado como vestigios rurales.
En una interpretación de Sesenne, el texto ocupa el primer plano. El ornamento es sobrio; la línea puede sugerir el pulso antes de que entren los instrumentos. Suena como alguien que conoce las consecuencias sociales de cada palabra. El Folk Research Centre y otras instituciones culturales ayudaron a documentar y difundir su obra, pero la autoridad nace en la interpretación.
Las sociedades florales, los conjuntos de kwadril y cantantes como Sesenne muestran por qué la conservación no puede limitarse al vestuario. Una sociedad pervive gracias a sus reuniones, su repertorio, la sucesión del liderazgo y los jóvenes músicos que aprenden cuánto dura realmente un baile. La fiesta pública es la manifestación visible de meses de organización musical.