Capítulo 01
Francia empieza en varias lenguas
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Empiece por Manu Kerjean y Lomig Doniou cantando «Ar verjelenn» en 1975. La grabación procede de Bonen, en el centro de Bretaña. Un cantante inicia una frase; el segundo se superpone al final y lleva adelante el verso siguiente. Es el kan ha diskan, una forma de canto alternado destinada a sostener la danza. Los cantantes no adornan un pulso aportado desde fuera. Su manejo del tiempo es el motor.
En qué fijarse al escuchar
Viaje ahora a Córcega y escuche Intantu, de A Filetta. Las voces entran a distintas alturas y se asientan en un acorde denso cuya aspereza forma parte de su vitalidad. No es un coro educado para alcanzar un anonimato perfecto ni una voz solista multiplicada en el estudio. Los timbres individuales siguen presentes dentro del conjunto.
Cruce el océano hasta Reunión con Aou Amwin, de Danyèl Waro. Manda el criollo reunionés. El grave tambor roulèr, el traqueteo del kayamb y la percusión manual crean una base física bajo el canto de llamada y respuesta. El maloya porta historias de esclavitud, trabajo en las plantaciones, prácticas ligadas a los antepasados y afirmación política. Llamarlo música folclórica francesa desplazaría el centro miles de kilómetros, lejos de quienes lo crearon.
En Guadalupe, Gwo Ka Modenn, de Gérard Lockel abre otro universo centrado en el tambor. El gwoka reúne canto responsorial en criollo guadalupeño, tambores ka, danza e improvisación dentro de un círculo donde intérpretes y público pueden intercambiar papeles. No es una variante caribeña del maloya. Sus instrumentos, lenguajes rítmicos e historias son distintos.
Regrese a la Francia metropolitana de la mano de L’École du micro d’argent, de IAM. Marsella se oye en los acentos, las imágenes, las voces del grupo y la imaginación histórica mediterránea del álbum. El disco no necesita la validación de París para ser rap francés. Escuche después Homework, de Daft Punk: filtros, cajas de ritmos, repetición y dinámica de club convierten otra clase de infraestructura local en música internacional.
Estas seis elecciones bastan para impedir que un único sonido nacional se adueñe del relato.
El francés es la lengua dominante del Estado, pero el país musical habla también bretón, galó, occitano, corso, euskera, catalán, alsaciano, criollos de Guadalupe y Martinica, criollo reunionés, árabe, lenguas amaziges, lenguas romaníes y muchos idiomas llegados con las migraciones. Algunos artistas transitan entre varios de ellos.
Escuche antes de buscar una traducción. Las consonantes bretonas ayudan a los bailarines a sentir la articulación de una línea cantada. Las vocales occitanas se alojan de otro modo en el folk amplificado y la música de sound system. La polifonía corsa integra la lengua en la colocación vocal. El fraseo criollo cambia la forma en que un estribillo cae sobre los tambores. En el rap, la jerga, la lengua familiar y el acento de una ciudad pueden determinar la rima y la autoridad de la voz.
Una traducción puede explicar el tema y el argumento. No puede reproducir la presión de una sílaba, el humor de una expresión local ni la manera en que responde el público. Conserve el título original y el crédito del artista junto a cualquier explicación en español.
El mapa político y el mapa musical no coinciden
La República Francesa comprende departamentos y regiones de ultramar, además de otros territorios con distintos estatutos jurídicos. Una categoría de pasaporte no resuelve la pertenencia cultural. El gwoka de Guadalupe, el bèlè de Martinica y el maloya de Reunión nacieron de historias locales atravesadas por la esclavitud y el dominio colonial. Nueva Caledonia, la Polinesia Francesa, Mayotte y la Guayana Francesa exigen marcos indígenas y locales propios.
La misma cautela se aplica dentro de las fronteras metropolitanas. La música vasca cruza Francia y España. La catalana cruza Francia, España y Andorra. La música corsa pertenece a una isla con lengua e historia política propias. Occitania es un espacio cultural y lingüístico, no una región administrativa con un solo repertorio.
La respuesta no consiste en evitar los vínculos, sino en trazar el recorrido. Kassav’ nació de una iniciativa guadalupeña con participación martiniqueña, saberes de estudio caribeños y giras internacionales. Rachid Taha realizó obras fundamentales en Francia sin dejar atrás su historia argelina. Django Reinhardt transformó el jazz en París como músico romaní nacido en Bélgica. La biografía precisa ensancha el relato nacional.
Las instituciones amplifican y filtran
Francia cuenta con instituciones culturales poderosas: conservatorios, emisoras públicas, teatros de ópera, archivos, festivales y salas subvencionadas por el Estado. Conservan grabaciones, encargan obras y forman músicos. También deciden qué categorías adquieren visibilidad. Un archivo puede identificar con precisión a un compositor célebre y reducir a un cantante tradicional al nombre de una localidad. Un programa parisino puede llamar «músicas del mundo» a la música de una antigua colonia y presentar la composición europea sin adjetivo geográfico alguno.
Considere lo que muestran las instituciones como una selección, no como un veredicto definitivo. Lea los créditos. Pregunte quién recopiló la canción, quién hizo el arreglo, en qué lengua se interpreta y si la comunidad del artista la describe de otra manera.