Capítulo 03
Arpas, arcos, tambores y un archivo inconcluso
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En Gabón, un instrumento musical rara vez es solo un objeto. Puede señalar una función ceremonial, acompañar a un narrador, convocar a los bailarines, servir a la reflexión íntima o incorporarse a un arreglo moderno. Un mismo nombre general puede abarcar construcciones y usos distintos. La forma es apenas el punto de partida, no una explicación.
El ngombi es un arpa cuyas cuerdas se elevan desde una caja de resonancia. En el álbum de Folkways de 1973 Music from an Equatorial Microcosm, Mvomo Asumu André aparece acreditado en una pieza solista de ngombi. Las notas tienen espacio a su alrededor. La pulsación produce un ataque claro y después una resonancia breve que deja sitio a la voz o al silencio.
En otras pistas documentadas, el arpa y el canto pertenecen a una secuencia ritual. Ese contexto debe seguir unido a la grabación. No significa que todos los intérpretes de ngombi toquen el mismo repertorio ni que el instrumento sea siempre sagrado. Escuche el espaciamiento particular del músico, las células repetidas y los cambios de registro.
Un arco musical convierte el cuerpo del intérprete en parte del instrumento
Grabaciones de archivo de 1968 documentan un arco musical en un contexto bwiti asociado a los mitsogo. El arco puede producir una línea engañosamente sencilla: cuerda, palo o mano que pulsa, y la boca o una calabaza como resonador. Pequeños cambios en la boca del intérprete alteran los armónicos y hacen que el tono parezca hablar sin formar palabras.
La intimidad de ese sonido propicia usos descuidados en películas y listas de música ambiental. En el contexto grabado, no es un efecto de bosque flotando libremente. Importan el intérprete, el acontecimiento y la secuencia. Una escucha responsable mantiene visibles el título y el contexto.
Los tambores organizan mucho más que el volumen
Los tambores pueden anunciar, acompañar la danza, sostener las respuestas o intensificar una fase ritual. Un tambor de hendidura produce alturas distintas mediante lengüetas talladas y puede transmitir señales rítmicas a distancia. Los tambores de membrana ofrecen una gama más amplia de ataques según la mano, la baqueta, la tensión y la colocación. Campanas pequeñas y sonajas pueden fijar la subdivisión que da estabilidad a un gran conjunto.
No escuche únicamente el tambor más fuerte. En los discos de orquestas de baile, una campana o una sonaja discreta puede sostener el entramado rítmico mientras el bajo y las guitarras crean la sensación de impulso. En una actuación comunitaria, la relación entre las partes principales y las de apoyo puede cambiar con los bailarines. La repetición es coordinación activa.
Los instrumentos agrupados a menudo bajo nombres como sanza emplean lengüetas de metal o material vegetal fijadas sobre un resonador. Los pulgares pulsan patrones capaces de entrelazar melodía, bajo y pulso. Algunos accesorios vibratorios añaden deliberadamente un halo a cada nota.
Las cartelas de museo tienden a presentar los lamelófonos como si se explicaran solos. No es así. La afinación, el repertorio, el entorno social y el nombre local dependen del fabricante y del intérprete. Cuando un catálogo solo indica «sanza, Gabón», ha conservado un objeto y perdido buena parte de su música.
El archivo tiene su propia historia
Las primeras grabaciones gabonesas ampliamente catalogadas forman parte de expediciones coloniales. La misión Ogooué-Congo de 1946 organizó personas y sonidos a lo largo del itinerario de investigadores franceses. Colecciones posteriores de Pierre Sallée, realizadas en 1965 y 1968, contienen cientos de interpretaciones valiosas de Libreville, Port-Gentil, Franceville, Koulamoutou y otros lugares.
Estos archivos pueden ser extraordinariamente específicos. Una pieza identifica un solo y canto con arpa; otra documenta un arco musical; una edición en discos flexibles nombra a Zwe Nguema. En otros casos, los intérpretes desaparecen detrás de una etiqueta comunitaria o del apellido del investigador. La desigualdad de los catálogos determina qué logros pueden reconocer las historias posteriores.
Los catálogos también conservan términos históricos que quizá las comunidades ya no usen para nombrarse. Una denominación antigua puede ser necesaria para identificar una grabación, pero no debe convertirse automáticamente en el nombre actual de una comunidad. Siempre que sea posible, conviene colocar junto a ella la autodenominación presente y explicar con franqueza la incertidumbre.
Que esté grabado no significa que pueda usarse libremente
Una grabación puede escucharse públicamente por internet y, sin embargo, tener un uso restringido. Quizá contenga material sagrado, un testimonio personal o una interpretación realizada en condiciones que no cumplirían los criterios actuales de consentimiento. El acceso para escuchar y los derechos de publicación son cuestiones distintas.
La mejor manera de abordar un archivo es como una sala de escucha: anote el intérprete, la fecha, el lugar, el responsable de la grabación y la colección. Una pieza ritual separada de esos datos y colocada bajo imágenes genéricas de paisajes pierde las relaciones que le dan sentido. La curiosidad respetuosa mantiene una grabación conectada con su gente.
Tres selecciones de archivo
Empiece con «Harp (Ngombi)», de Mvomo Asumu André, para percibir el ataque y el espacio del instrumento. Continúe con el mvet grabado de Zwe Nguema, atento a la relación entre las cuerdas y la narración extensa. Escuche después una pista completa de Gabon: musiques des Mitsogho et des Batéké, grabada en la década de 1960 y publicada en 1975, sin perder de vista el lapso entre grabación y publicación ni el papel del investigador.
La secuencia deja una enseñanza útil. El archivo no es una máquina del tiempo hacia un Gabón intacto. Es un conjunto de encuentros entre intérpretes, tecnologías, investigadores, editores y oyentes posteriores. Consultado con rigor, restituye nombres y sonidos. Consultado sin él, repite los mismos borrados que parece corregir.