Capítulo 02
Mento, ska y rocksteady antes del atajo del reggae
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El mento es una música social de autor
El mento se desarrolló en espectáculos rurales y urbanos, hoteles, festivales y grabaciones comerciales. Los conjuntos variaban, pero la guitarra, el banjo, la percusión manual y la rumba box están estrechamente ligados a esta forma. La rumba box lleva lengüetas metálicas montadas sobre una caja de resonancia; el músico, sentado, pulsa patrones de bajo que se sienten tanto como se oyen. Podían sumarse maracas, saxofón de bambú, violín u otros instrumentos.
Esta música suele contar historias de actualidad cargadas de humor y doble sentido. Es fácil perder esa inteligencia social cuando el mento se presenta como un folclore turístico pintoresco. Intérpretes con nombre propio, entre ellos Count Lasher, Lord Flea, Lord Lebby y los Jamaican Calypsonians, grabaron repertorios y voces diferenciados. Que el mercado solapara mento y calipso no vuelve idénticas ambas formas.
«Talking Parrot», de Count Lasher, es un buen punto de partida. Siga el tiempo de la narración y la manera en que el conjunto deja sitio a las palabras. El humor depende del habla local y de las expectativas del público. Las grabaciones de Lord Flea, que alcanzaron visibilidad internacional en la década de 1950, muestran cómo la actuación hotelera, los discos y la promoción en el extranjero podían remodelar la imagen pública del mento.
Los escenarios turísticos ofrecían trabajo, pero podían premiar una imagen estrecha de alegría isleña. Por eso, el oyente debería escuchar la comedia del mento junto a canciones sobre trabajo, comida, escándalos, política y supervivencia cotidiana.
Kingston aprende de la radio y crea algo nuevo
En las décadas de 1940 y 1950, el público jamaicano escuchaba rhythm and blues estadounidense por la radio y en discos importados. Los operadores de sound systems competían por conseguir grabaciones exclusivas. Los músicos locales asimilaron ritmos de shuffle, boogie, jazz y jump blues sin dejar atrás su experiencia del mento, la iglesia y otras tradiciones jamaicanas. Cuando cambió el gusto popular estadounidense y resultó más difícil conseguir los discos codiciados, producir música local se volvió más urgente.
Esto no significa que el ska fuera rhythm and blues importado con acento isleño. Los músicos jamaicanos reorganizaron los materiales. La guitarra y el piano acentuaron el contratiempo. Líneas de bajo de tipo walking o de articulación marcada dialogaban con la batería. Los vientos aportaban motivos y solos. El tempo y el arreglo respondían a los bailarines y a las exigencias del sound system.
Los estudios fueron decisivos. Federal, Studio One, Treasure Isle y otras salas reunieron a músicos que pasaban de una sesión a otra. Productores como Clement «Coxsone» Dodd, Duke Reid y Prince Buster desarrollaron catálogos y métodos de trabajo distintos. Los acetatos permitían poner a prueba rápidamente las nuevas grabaciones. Un estudio era un lugar de trabajo dentro de una red competitiva, no una habitación mágica.
Los Skatalites ponen al conjunto en primer plano
Los Skatalites reunieron músicos con una profunda experiencia en jazz, bandas escolares y sesiones de estudio. El trombón de Don Drummond; los saxofones de Tommy McCook y Roland Alphonso; los teclados de Jackie Mittoo; la guitarra de Jah Jerry Haynes; el bajo de Lloyd Brevett, y la batería de Lloyd Knibb ayudaron a definir un lenguaje de conjunto que acompañaba tanto a cantantes como a piezas instrumentales.
«Guns of Navarone» convierte un tema cinematográfico en una concisa pieza instrumental jamaicana. Los vientos exponen y varían la melodía mientras la sección rítmica mantiene ligero el contratiempo. Escuche los espacios entre los acentos. La pista avanza deprisa, pero no parece abarrotada porque cada instrumento cumple una función.
«Eastern Standard Time» ofrece otro ángulo. El fraseo jazzístico sigue siendo audible, pero el pulso está concebido para el baile jamaicano. Reducir a estos intérpretes a músicos de acompañamiento pasa por alto su autoría. La industria discográfica centrada en el cantante dependía de instrumentistas capaces de inventar arreglos con rapidez.
El trabajo de Prince Buster enlaza los sound systems, la producción y la interpretación. «Al Capone» combina palabras habladas y cantadas dirigidas al público, acentos de los vientos y un ritmo que más tarde cobró importancia en el resurgimiento británico del ska. Su carrera también revela la cultura de rivalidad y construcción de una identidad escénica que rodeaba el baile.
La independencia es contexto, no metrónomo
Jamaica se independizó en 1962 y el ska quedó fuertemente asociado al optimismo público de aquel periodo. Canciones como «Forward March», de Derrick Morgan, abordaron directamente la independencia. La asociación es significativa, pero ninguna fecha constitucional causó un ritmo. Los músicos, los estudios, el público y los sound systems ya estaban cambiando.
Una historia más precisa sitúa la transición política junto al trabajo musical. La nueva identidad nacional generó una demanda de canciones para el espacio público. La urbanización y la desigualdad moldearon Kingston. Los músicos querían discos capaces de competir en los bailes y viajar al extranjero. El ska podía sonar festivo, desafiante, devocional, romántico o instrumental. Nunca expresó un único ánimo nacional.
El rocksteady deja respirar al bajo
Hacia 1966 cambió el ritmo de baile dominante. Por lo general, el rocksteady redujo el tempo y parte de la actividad de los vientos, y otorgó un peso extraordinario al bajo y a la armonía vocal. Circulan varias explicaciones, entre ellas el calor y los cambios en la manera de bailar. Ninguna anécdota aislada basta. El desplazamiento sonoro es claro.
«Girl I've Got a Date», de Alton Ellis, deja que la voz se acomode sobre un pulso espacioso. El bajo no se limita a sostener las notas fundamentales: desarrolla un discurso melódico. El contratiempo de la guitarra permanece, pero la pista respira de otra manera que el ska rápido. Ellis llegó a ser reconocido como uno de los grandes cantantes de rocksteady porque su fraseo se ajustaba a ese espacio.
«Party Time», de los Heptones, muestra el oficio de un trío vocal. La voz principal y las armonías se reparten el trabajo emocional, mientras la sección rítmica toca con contención. Los Techniques, los Paragons y otros grupos hicieron de las armonías compactas un elemento central del periodo. El soul estadounidense influyó en el canto, pero las condiciones de los estudios y la práctica jamaicana del bajo produjeron una forma propia.
El rocksteady solo fue una etiqueta dominante durante un periodo breve, pero sus secciones rítmicas, sus cantantes y su producción desembocaron directamente en el reggae. Merece algo más que la frase «entre el ska y el reggae».