Capítulo 03
Sound systems, roots reggae y el espacio del dub
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El baile es una institución
Un sound system es una organización móvil construida alrededor de la música grabada. Los propietarios financian equipos y discos. Los selectors eligen la secuencia. Los deejays se dirigen al público. Los ingenieros gestionan la energía eléctrica y el sonido. Las cuadrillas transportan las cajas de altavoces. Los bailarines responden en tiempo real. Los sistemas rivales compiten en volumen, grabaciones exclusivas, personalidad y criterio musical.
Sistemas como Coxsone's Downbeat, Duke Reid's Trojan, Tom the Great Sebastian y, más tarde, King Tubby's Hometown Hi-Fi entraron en la historia de la música porque modelaron la demanda. Un disco que no funcionaba en el baile podía desaparecer. Una base exitosa podía generar nuevas versiones vocales y mezclas.
Los dubplates volvieron audible la exclusividad. Un acetato especial podía contener una mezcla única o a un artista nombrando un sistema concreto. El disco se desgastaba con el uso y podía hacerse legendario precisamente por su escasez. La circulación digital modificó después esa economía, pero las grabaciones personalizadas siguen formando parte de la cultura del sound system.
El reggae reorganiza el pulso
A finales de la década de 1960, las grabaciones identificadas como reggae empleaban varios enfoques rítmicos. El one-drop sitúa el acento alrededor del tercer tiempo del compás; rockers y steppers crean otras relaciones entre el bombo, la caja y el charles. Los contratiempos de guitarra y teclado, a menudo llamados skank o bubble según su función, interactúan con el bajo en vez de definir por sí solos la forma.
La línea de bajo suele ser melódica y ocupar el primer plano. En un sistema potente se convierte en arquitectura. La batería marca el tiempo, pero pequeñas decisiones sobre la posición del bombo, el golpe de aro, el charles y las notas fantasma alteran todo el baile. Una sección rítmica como la de Sly Dunbar y Robbie Shakespeare podía reconocerse al servicio de distintos cantantes porque el toque y el arreglo seguían siendo personales.
«Concrete Jungle», de los Wailers, en Catch a Fire, permite una comparación de estudio esclarecedora. La grabación jamaicana recibió después guitarras y teclados adicionales para su publicación internacional. El resultado ayudó a Island Records a presentar al grupo ante el mercado internacional como una formación capaz de sostener un álbum. Escuchar mezclas diferentes revela cómo la circulación mundial puede cambiar un disco sin borrar sus cimientos en Kingston.
Rastafari entra en la grabación popular sin convertirse en etiqueta de género
Rastafari dio forma al roots reggae mediante el lenguaje espiritual, Etiopía, la repatriación, la crítica a Babilonia, las rastas, las prácticas alimentarias, la comunidad y los tambores Nyabinghi. Es una fe y un movimiento, no un disfraz para una línea de bajo. Los artistas se relacionaron con Rastafari de maneras distintas; no todos los cantantes de reggae eran rastafaris ni toda práctica musical rastafari era reggae comercial.
«Satta Massagana», de los Abyssinians, une la armonía vocal, una expresión derivada del amárico y un ritmo meditativo. «Marcus Garvey», de Burning Spear, invoca al líder panafricanista jamaicano con una presencia vocal grave y repetitiva. «Two Sevens Clash», de Culture, incorpora una expectativa apocalíptica a la armonía y el ritmo. Cada disco tiene un autor, un conjunto y una historia de producción concretos.
Bob Marley hizo que el lenguaje rastafari resultara comprensible en todo el mundo, pero sus discos deben seguir escuchándose como música. En «Exodus», el bajo y la guitarra se traban en un ciclo persistente mientras teclados, percusión y voces añaden capas de forma gradual. La canción avanza como una procesión porque el arreglo y la repetición sostienen una dirección física.
«Legalize It», de Peter Tosh, emplea un pulso relajado para sostener una defensa explícita. Blackheart Man, de Bunny Wailer, presenta otra atmósfera vocal y espiritual. Tratar a los tres Wailers originales como personajes secundarios de una sola biografía borra sus carreras independientes.
La mesa de mezclas se convierte en instrumento
Las canciones grabadas producen material multipista: batería, bajo, guitarra, teclados, vientos y voz pueden separarse. Los ingenieros y productores jamaicanos empezaron a publicar versiones instrumentales y luego a transformarlas de manera más radical. Los controles de nivel retiran y restituyen partes. La ecualización cambia el tamaño aparente de un bajo o una caja. El retardo repite fragmentos. La reverberación crea habitaciones que nunca existieron durante la grabación.
Las mezclas de King Tubby son disciplinadas. En «King Tubby Meets Rockers Uptown», basada en «Baby I Love You So», de Jacob Miller, y producida por Augustus Pablo, la mezcla conserva la batería y el bajo como centro, mientras la voz y la melódica llegan como un recuerdo. El eco entra con precisión, en lugar de derramarse sobre toda la pista.
El estudio Black Ark de Lee «Scratch» Perry desarrolló otro mundo sonoro. Perry superpuso percusión, voces, efectos tomados del entorno y capas de cinta hasta obtener, con un equipo modesto, discos de extraordinaria profundidad. «Fisherman», de los Congos, combina el falsete de Cedric Myton, la voz más grave de Watty Burnett, armonía, ritmo y la atmósfera de Black Ark. Llamar excéntrico a Perry no explica nada. El sonido se explica por el arreglo y por decisiones de estudio reiteradas.
Scientist, Prince Jammy y otros ingenieros llevaron el dub a nuevas épocas. Los títulos y las portadas de los álbumes presentaban a menudo al ingeniero como combatiente o mago, pero la música descansa sobre un control preciso y sobre el trabajo previo de los instrumentistas de la sección rítmica y los cantantes.
Las versiones crean abundancia y conflicto
Un mismo riddim puede sostener muchas interpretaciones vocales, intervenciones de deejay y mezclas de dub. Los oyentes aprenden a reconocer la pista subyacente y a juzgar qué añade un nuevo artista. Esta cultura de versiones vuelve audible la historia como conversación. También puede ocultar derechos. Es posible que a los músicos se les pagara una sola vez por una sesión mientras productores o sellos controlaban el máster. Las muestras posteriores pueden recorrer el mundo sin un crédito claro.
El oyente responsable no necesita resolver cada contrato antes de disfrutar un disco. Los nombres ayudan. Conviene acreditar al cantante original, la sección rítmica, el productor y el ingeniero siempre que la documentación lo permita. También hay que distinguir una edición original de una reedición posterior. La familiaridad no equivale al anonimato.