Capítulo 03
Tres sones: Veracruz, la Huasteca y Tierra Caliente
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El son jarocho convierte el piso en parte del conjunto
En Veracruz, el fandango reúne a músicos, cantantes, bailadores y vecinos alrededor de una tarima. La plataforma de madera amplifica el zapateado, de modo que los pies se convierten en una voz rítmica. Las jaranas establecen un ciclo tupido de rasgueos; el requinto jarocho traza figuras melódicas por encima; el arpa puede añadir bajos y pasajes brillantes; los versos cantados pueden recordarse, recombinarse o improvisarse.
El acontecimiento depende de los turnos. Cada bailador o bailadora entra y sale. Un pregonero conduce la atención. Los versos responden al momento. La repetición no es falta de material, sino un campo estable en el que la variación se hace audible.
José Gutiérrez y Los Hermanos Ochoa permiten oír con claridad esta arquitectura. En su interpretación de La Bamba, el arpa de Felipe Ochoa y la jarana de Marcos Ochoa sostienen a Gutiérrez como pregonero. Compárela con Siquisirí, usado tradicionalmente como son de apertura, y con El Pájaro Cu, cuya identidad reside en algo más que el título: importan también los gestos instrumentales, el verso y el patrón de baile.
`La Bamba` es una invitación a ir más allá de `La Bamba`
La historia mundial del rock volvió extraordinariamente famosa una adaptación de La Bamba. Esa versión pertenece a la historia de la canción, pero puede ocultar la flexibilidad social del son jarocho. Una interpretación tradicional o surgida del movimiento de revitalización puede durar más, admitir versos nuevos y responder a quienes bailan.
Son de Mi Tierra, de Son de Madera, ofrece el mejor paso siguiente. El grupo trabajó con músicos rurales de generaciones anteriores y, a la vez, creó arreglos contemporáneos atentos a la práctica del fandango. Buscapiés tiene un empuje más oscuro e insistente; Cascabel deja que las cuerdas centelleen; Jarabe Loco se despliega con una lógica de baile exuberante.
Escuche la diferencia entre una grabación de canción cerrada y un ciclo concebido para permanecer abierto. No se trata de decidir cuál versión es la auténtica, sino de oír lo que cada formato pide a los músicos.
El violín huasteco no adorna la canción
La Huasteca abarca partes de Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí, Tamaulipas, Querétaro y Puebla. Su geografía musical se resiste, por ello, a una división nítida por estados. Un trío huasteco suele reunir violín, jarana huasteca y huapanguera.
El violín puede comenzar por encima de la voz, con adornos rápidos y tensión en el registro agudo. La huapanguera aporta una base grave amplia mientras la jarana añade una trama rítmica más apretada. Los cantantes suelen pasar al falsete, no como efecto cómico, sino como intensificación estructural de la línea.
Los Camperos de Valles permiten distinguir las tres personalidades del trío. En El Aguanieve, siga el ataque del violín frente a las dos guitarras. En El Llorar, escuche cómo el falsete cambia la distancia emocional. La música puede sentirse aérea y asentada a la vez porque el violín no deja de ascender mientras los patrones graves rasgueados afirman la danza.
Juan Reynoso estira una frase hasta hacerla hablar
Tierra Caliente comprende regiones de tierras bajas y clima cálido cuyas prácticas musicales varían de una localidad a otra. Juan Reynoso Portillo, nacido en 1912, se convirtió en una figura decisiva del violín en la porción guerrerense de ese mundo. Autodidacta, desarrolló frases largas y ornamentadas, y un manejo del tiempo capaz de tensar el pulso frente al acompañamiento sin perder a los bailadores.
El Tecolotito avanza con una elasticidad sorprendente. El violín repite una figura, pero modifica la presión, la duración y el adorno, de modo que cada regreso parece una conversación. Son Mudo y El Gavilán muestran que el virtuosismo no es aquí un lucimiento abstracto y pulido. Nace del repertorio, la danza y la capacidad de guiar a otros músicos a través de una forma extensa.
Las grabaciones tardías de Reynoso le dieron mayor proyección, pero deben escucharse como el trabajo de un músico con décadas de práctica regional, no como el descubrimiento de un genio popular intacto.
El arpa grande lleva bajo, melodía y percusión
En Michoacán, el conjunto de arpa grande reúne dos violines, guitarras y un arpa de gran tamaño. El arpa puede articular el bajo, completar la armonía, lanzar figuras melódicas y servir de tambor cuando se golpea la caja. Esa multiplicidad física de funciones da al conjunto un impulso elástico inconfundible.
El Son de Sánchez, de Arpex, es una demostración compacta. Escuche primero los violines como pareja. Siga después el movimiento grave del arpa y los golpes percusivos que mantienen el impulso bailable. El Huilotero y El Jarabe Ranchero amplían el repertorio hacia el son, la ranchera y el jarabe.
En ocasiones se describe al conjunto como un primo rural del mariachi. El parecido familiar es útil, pero la música merece su propio nombre. No faltan trompetas; hay otra solución instrumental.
Cuatro minutos de comparación enseñan más que un árbol genealógico
Elija el primer minuto de Buscapiés, de Son de Madera; El Aguanieve, de Los Camperos de Valles; El Tecolotito, de Juan Reynoso; y El Son de Sánchez, de Arpex. Hágase cuatro preguntas.
¿Qué lleva el registro más grave? ¿Qué aporta la subdivisión repetida más pequeña? ¿La melodía principal pertenece al violín, al arpa, al requinto o a la voz? ¿Dónde entra la danza en el sonido grabado?
Veracruz ofrece jaranas entrelazadas y la tarima imaginada o audible. La Huasteca separa el violín que vuela de las dos funciones de las guitarras. Reynoso convierte un solo violín en fuerza narrativa. Arpex hace que un arpa cumpla el trabajo de varios instrumentos. «Son mexicano» nombra ahora un campo de diferencias que vale la pena explorar.