Capítulo 01
Escuchar la sala antes que la montaña
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Una voz y una cuerda pueden sostener un largo argumento
Empiece por la pista del Smithsonian de 1952 Montenegro: Epic Song. Por desgracia, el intérprete no figura en los créditos, pero la situación musical es clara: un guslar canta mientras toca con arco el gusle, un instrumento de una cuerda que se sostiene en vertical. El instrumento no aporta una melodía en el sentido habitual de una canción. Establece un campo tonal estrecho e insistente alrededor del cual la voz puede desplegar el texto.
La interpretación solo resulta austera si se ignora la lengua. El acento vocal, la duración y las fórmulas repetidas organizan la narración. El arco marca la continuidad mientras el cantor varía el énfasis y el tempo. Un fragmento breve parece repetitivo porque el intérprete épico está resolviendo un problema mayor que una pista de cinco minutos: cómo mantener una historia larga inteligible, memorable y atenta a su público.
El repertorio de gusle atraviesa Montenegro, Serbia, Bosnia y Herzegovina y Croacia, y se vincula con las tradiciones albanesas de lahuta. El instrumento no puede asignarse limpiamente a una sola nación moderna. Una interpretación montenegrina adquiere su especificidad por quien la canta, el texto, la localidad y la historia social, no por una pretensión de origen exclusivo.
La bahía de Kotor exige otro oído
Pase del timbre seco del gusle a la armonía de klapa. En Boka Kotorska, pequeños grupos vocales cantan con las voces estrechamente coordinadas, a menudo sin instrumentos. La voz principal presenta la línea; las voces de apoyo aportan peso armónico y definen la cadencia. El equilibrio importa más que el mero volumen. Un cantante que proyecte la voz con demasiada fuerza puede estropear el empaste.
La klapa de Montenegro pertenece al mundo vocal adriático y conserva una gran vitalidad en los festivales contemporáneos de Perast. No es simplemente música croata interpretada al otro lado de una frontera, ni esa frontera vuelve exclusivamente montenegrina cada canción de Boka. El Festival Internacional de Klapa de Perast publica partituras, acredita a los arreglistas y encarga nuevas canciones sobre la bahía y la vida marítima. Esos registros hacen visible la autoría en lugar de ocultarla bajo la etiqueta genérica de serenata costera.
Pruebe Oda Boki, de Klapa Assa Voce, con letra de Vladimir Brguljan y música y arreglo de Jovanka Veljović. Escuche después Tre Sorelle, de Klapa Incanto, escrita y arreglada por Dušica Ćetković. La primera se dirige directamente a la bahía; la segunda convierte una historia local en una obra de klapa de autoría definida. La armonía cerrada es aquí un oficio vivo, no una postal.
Montenegro reúne varios itinerarios lingüísticos
El montenegrino es la lengua oficial; el serbio, el bosnio, el albanés y el croata también son de uso público. Las diferencias tienen consecuencias musicales. Un cantor épico bosníaco como Avdo Međedović pertenece tanto a la historia de Montenegro como a la poesía oral musulmana sudeslava. La canción albanesa de Ulcinj y Tuzi no puede absorberse en un repertorio serbocroata. Los músicos romaníes han dado forma a bodas e interpretaciones populares incluso cuando los créditos y los archivos los hicieron menos visibles.
El sonido religioso también cambia según el lugar. El canto ortodoxo, la liturgia católica de la región de Boka, la llamada musulmana a la oración y las prácticas devocionales y festivas del islam ocupan calendarios y espacios acústicos diferentes. No forman un Montenegro espiritual indiferenciado: el lugar de culto, la comunidad, la lengua y la ocasión cambian todo lo que se oye.
Esas distinciones crean la coherencia. El pequeño territorio de Montenegro aproxima las diferencias sin volverlas idénticas.
Cetinje, Podgorica y Nikšić articulan instituciones diferentes
Cetinje, la antigua capital real, desarrolló una vida cortesana, teatral, educativa y de bandas militares. La Academia de Música de la Universidad de Montenegro tiene hoy allí su sede, en el antiguo edificio de la Embajada británica. Sus estudiantes y profesores nutren conjuntos de cámara, coros, festivales y la Orquesta Sinfónica de Montenegro.
Podgorica es el centro administrativo y de radiodifusión. El Centro de Música de Montenegro, fundado en 2006, alberga la Orquesta Sinfónica de Montenegro y el conjunto de ballet, con una sala principal de 470 localidades y otra de cámara de 192. La radio y la televisión ayudaron a forjar carreras orquestales, folclóricas y populares anteriores a la institución actual.
Nikšić posee una marcada identidad roquera y acoge Lake Fest en el lago Krupačko. La edición de 2026 se celebró del 7 al 9 de agosto con una programación de rock, música alternativa y DJ. El cartel de un festival es una instantánea fechada, no toda la música de una ciudad, pero revela un público y una ruta de giras que un relato de turismo costero pasaría por alto.
Muchos músicos montenegrinos desarrollaron su carrera en el mercado yugoslavo compartido. Los discos circulaban por Belgrado, Zagreb, Sarajevo y otros centros; los festivales, la televisión y las giras cruzaban las fronteras entre repúblicas. Un intérprete nacido en Cetinje o Herceg Novi podía hacerse famoso mediante instituciones situadas fuera del Montenegro actual.
Esta historia dificulta las etiquetas nacionales contemporáneas. Rambo Amadeus, Miladin Šobić, Knez y Perper son figuras esenciales para recorrer la música montenegrina, pero sus públicos y colaboradores eran regionales. El lugar de nacimiento, la escena, la lengua, la edición discográfica y la red de trabajo muestran cómo una carrera puede ser montenegrina y yugoslava a la vez.
La disolución de Yugoslavia también cambió la industria. Las sanciones, la guerra, la migración y las nuevas emisoras alteraron quién podía salir de gira y cómo circulaba la música. Un éxito pop de los años noventa pertenece a esa infraestructura transformada aunque su letra eluda la política.
Una primera hora cambia cinco veces de textura
Comience con la canción épica de 1952 y continúe con la interpretación moderna Gusle, de Slavko Goranović, grabada en Vučje, cerca de Nikšić. Pase a Oda Boki para escuchar armonía cerrada y después a la guitarra clásica de Miloš Karadaglić, ejemplo de la trayectoria internacional de un solista montenegrino. Escuche Džemper za vinograd, de Miladin Šobić, como canción de autor íntima de la era yugoslava; Goro moja, de Perper, como rock-pop de Cetinje; y Bokeška brigada, de Who See, como hip-hop de Kotor.
La secuencia no resume Montenegro. Ofrece al oído varios contrastes útiles: épica guiada por el texto, empaste colectivo, detalle instrumental, canción de autor, himno de banda y cadencia de rap. Cada contraste conduce a una comunidad y una historia diferentes.