Capítulo 01
Un Estado pequeño no es una idea musical pequeña
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Cuando una banda de viento toca en la Piazza della Libertà, la escala de San Marino cambia. La plaza es compacta, pero los metales crean distancia en su interior. Una frase de trompeta sale nítida de la galería; por debajo, los clarinetes trazan figuras más rápidas; un golpe de bombo choca contra la piedra y regresa amortiguado como un segundo impacto. El sonido público no necesita una capital inmensa. Bastan una ocasión, un conjunto que sepa equilibrarse y oyentes que entiendan por qué ese sonido está ahí.
En qué fijarse al escuchar
San Marino es una república soberana rodeada por Italia, no una localidad italiana con una bandera insólitamente elaborada. Su lengua y buena parte de su vocabulario musical son italianos, pero su vida pública se organiza mediante instituciones sanmarinenses: los Capitanes Regentes, nueve castelli, ceremonias de Estado, escuelas, teatros, archivos, bandas y una radiotelevisión nacional. La música hace perceptibles esas instituciones. Acompaña una toma de posesión, llena una fiesta parroquial, ofrece a un estudiante un conjunto al que incorporarse, presenta una composición nueva ante el público o envía una canción televisiva a un certamen internacional.
El retrato más inmediato de internet suele comenzar por Eurovisión. Es comprensible. San Marino RTV proporciona a un país de población modesta una luminosa ventana mundial, y Valentina Monetta, Miodio, Serhat y Senhit la han aprovechado de forma memorable. Sin embargo, una candidatura televisiva es una función por encargo dentro de una semana mucho más larga. Antes de que lleguen las cámaras, alguien enseña clarinete en el Istituto Musicale Sammarinese, arregla un estándar de jazz después de estudiar en Pésaro, ensaya metal cerca de la frontera de Rímini, cataloga una partitura en el Palazzo Valloni o comprueba la disposición de la Banda Militare para una ceremonia.
La república se divide en Acquaviva, Borgo Maggiore, Chiesanuova, Domagnano, Faetano, Fiorentino, Montegiardino, San Marino Città y Serravalle. Son administraciones y comunidades, no nueve estilos. Sería artificioso asignar un género a cada una. Su importancia es práctica: distribuyen escuelas, salones parroquiales, comités cívicos, festivales, locales de ensayo y públicos por un territorio abrupto y estrechamente conectado.
San Marino Città alberga el Palazzo Pubblico, el Teatro Titano, la basílica y espacios donde la identidad ceremonial se concentra de manera especial. Más abajo, Borgo Maggiore posee su propio peso cívico y una larga función comercial. Serravalle es el castello más poblado; Dogana, dentro de él, contiene el Teatro Nuovo y mira hacia la red cotidiana de carreteras que conduce a Rímini. En Chiesanuova están las raíces familiares de Little Tony. Santa Mustiola, en Città, está vinculada al lutier Marino Capicchioni. Artisti in Casa, en Montegiardino, convierte casas y espacios de la localidad en pequeños escenarios. Castellaccio Vibra Musica en Fiorentino, los festivales de Acquaviva, Domagnano y Faetano y los programas locales de otros lugares demuestran que la interpretación no pertenece solo a la cumbre monumental.
Conviene escuchar cómo el lugar modifica la emisión. Al aire libre, una banda necesita ataques que sigan siendo inteligibles después de que la reverberación y el viento hayan difuminado sus bordes. En el Teatro Titano, un cantante puede contener una consonante y dejar que la sala la termine. El Teatro Nuovo admite a mayor escala bajos amplificados, proyecciones e iluminación televisiva. En la fiesta de un castello, el sonido significativo quizá sea el paso de una comida a una banda de versiones, un grupo juvenil o música de baile. Son entornos sociales distintos, incluso cuando el mismo músico trabaja en varios de ellos.
La frontera es un cruce, no una dilución
Desde Dogana, Rímini es un destino cotidiano. Hay quienes se desplazan a San Marino por trabajo; los músicos salen para estudiar en conservatorios, acudir a clubes, estudios y festivales o relacionarse con sellos. El Conservatorio Rossini de Pésaro aparece una y otra vez en las biografías. Bolonia aporta estudios superiores, editoriales y discográficas. Rímini y Riccione ofrecen salas, equipos y una economía nocturna. La llanura adriática a los pies del monte Titano no es una influencia extranjera que llega una vez por generación, sino la región laboral de cada día.
Eso no borra la soberanía. Una institución sanmarinense puede encargar una obra a un compositor italiano, contratar a un músico de Pésaro o formar una orquesta con intérpretes de ambos lados de la frontera y seguir realizando un acto público específicamente sanmarinense. A la inversa, una estrella italiana no se convierte en artista de San Marino por el mero hecho de cantar en el Teatro Nuovo. Las preguntas útiles son concretas: quién posee la ciudadanía, quién vive o enseña aquí, qué conjunto se constituyó aquí, quién encargó la obra, dónde se hizo y qué aportó San Marino.
Marino Capicchioni concentra esa geografía en una sola vida. Nació en Santa Mustiola en 1895, aprendió el trabajo de la madera en la tonelería de su padre, tocó la guitarra y el saxofón y se convirtió en un lutier de prestigio internacional. La etapa madura de su taller se extendió hasta Rímini. Por tanto, un violín Capicchioni no es genéricamente italiano ni una reliquia nacional sellada. Es un instrumento artesanal del corredor entre San Marino y Rímini que lleva una biografía local a salas de concierto internacionales.
Escuchar la república a través de cuatro tipos de conjunto
La banda de viento da forma al tiempo público. La caja puede convertir el paso en movimiento coordinado; el bombo marca los pilares de una frase; clarinetes y cornetas perfilan la melodía; trompas, saxofones y bombardinos templan el registro medio; trombones y tuba proporcionan suelo a la armonía. La Banda Militare lleva esa arquitectura al rito estatal. La San Marino Concert Band, arraigada en la historia de la banda civil de Serravalle, ocupa una tradición comunitaria y concertística emparentada, pero distinta.
El coro convierte la respiración en un hecho social. En la Corale San Marino, un acorde no es un bloque abstracto. Las sopranos deben acordar la altura de las vocales, las voces graves decidir cuánto puede interrumpir el sonido una consonante y todas las secciones administrar el aliento hacia la misma cadencia. La labor institucional de Cesare Franchini Tassini puso esa disciplina al alcance de varias generaciones.
El conjunto de cámara u orquestal convierte la especialización en cooperación. La Camerata del Titano puede recuperar música sacra del siglo XVII, acompañar ópera y grabar para un sello internacional. La Orchestra Sinfonica della Repubblica di San Marino ofrece a estudiantes e intérpretes jóvenes un camino hacia el trabajo en formaciones mayores. Sus repertorios pueden ser europeos, pero las organizaciones, el trabajo de ensayo y los hábitos del público pertenecen a la vida cultural de San Marino.
La banda amplificada o el colectivo de estudio hace audible la frontera de otra manera. Little Tony and His Brothers llevaron a una familia sanmarinense al rock and roll británico. Miodio reunió guitarra, programación y una producción de pop oscuro. Delayers creó pistas electrónicas para clubes internacionales. Las rimas de Irol nombran la conexión con Romaña. Sara Jane Ghiotti convierte la técnica de conservatorio en arreglos de jazz de concepción propia. Ninguno necesita imitar a la Banda Militare para demostrar su relevancia nacional.
La precisión identitaria mejora la escucha
Little Tony era Antonio Ciacci, nacido en Tívoli de padres originarios de Chiesanuova. Vivió sobre todo en Italia, pero conservó la ciudadanía sanmarinense y no adquirió la italiana. Too Good debe oírse como un disco de rock and roll destinado al mercado británico y Cuore matto como pop en italiano, sin perder de vista su nacionalidad ni su historia familiar.
Valentina Monetta es sanmarinense. En Crisalide (Vola) se oye a una cantante pasar de un fraseo medido de balada a un pulso de baile más rápido. Senhit, nacida en Bolonia, es italiana; Serhat es turco. Sus canciones representaron a San Marino porque la radiotelevisión del país las seleccionó. Ese vínculo de representación posee interés cultural por sí mismo y no requiere inventar un lugar de nacimiento.
La música de San Marino no es, por tanto, una cesta que deba contener únicamente compositores nacidos en el país, ni un escenario donde todo visitante se vuelva local. Es una red de funciones legibles. Cuando esas funciones están claras, el sonido gana riqueza: el himno se convierte en encargo estatal y acto de adaptación; una grabación de ópera, en el trabajo de una orquesta sanmarinense con solistas internacionales; una pista de rap, en un mapa de afiliación regional; una canción de concurso, en diplomacia televisiva dentro de un canon nacional mucho mayor.