En qué fijarse al escuchar
Las tradiciones vocales ndebele incluyen formas corales, himnos, imbube y estilos urbanos. Los grupos masculinos a capela desarrollaron armonías cerradas, bases graves y movimientos coreografiados mediante redes eclesiásticas, albergues obreros y espacios urbanos de África austral. El estilo no es simplemente música sudafricana interpretada al norte de la frontera: los grupos de Zimbabue formaron su propio repertorio y su propio público.
«Unity», de Black Umfolosi, muestra disciplina en respiración, empaste y movimiento. Las voces graves establecen el suelo, mientras las partes agudas aportan brillo e impulso rítmico. La coreografía suma pisadas audibles y coordinación visual. El ideal colectivo del título se encarna en cantantes que dependen unos de otros en cada frase.
Lovemore Majaivana colocó la lengua ndebele y la vida de Bulawayo en el centro de la canción popular. «Salanini Zinini» lleva su voz resonante sobre una base rítmica urbana con matices de metales y guitarra. Su carrera demuestra que la fama nacional en Zimbabue podía surgir de la composición en ndebele sin traducirse al shona.
La historia jazzística de Bulawayo se remonta a bandas municipales, recintos de los barrios urbanos y redes de grabación. August Musarurwa grabó «Skokiaan» con Cold Storage Commission African Dance Band. Su pegadiza figura de saxofón circuló en numerosas versiones internacionales que a menudo volvieron menos visible el nombre del compositor que la melodía.
Conviene oír el original antes de una versión célebre. El pulso tsaba-tsaba, la disposición de los metales y el arreglo compacto de la banda ponen en movimiento el riff. La adaptación mundial forma parte de la vida de la canción, pero debe conducir a los oyentes de vuelta a Musarurwa y a los músicos de Bulawayo que la construyeron.
Dorothy Masuka nació en Bulawayo y desarrolló su carrera por Sudáfrica y la región. «Hamba Notsokolo» muestra un fraseo de gran autoridad y un sentido del tiempo nutrido por el jazz. La presión política y el exilio determinaron sus desplazamientos, pero no puede reducirse a una invitada zimbabuense en la historia sudafricana. Su carrera en África austral pertenece a ambas.
La vida musical tonga en torno a Binga y el valle del Zambeze incluye tambores, voz, danza y tradiciones guitarrísticas actuales marcadas por el desplazamiento tras la construcción de la presa de Kariba. Mokoomba, formado en Victoria Falls, lleva una poderosa voz de raíz tonga a una banda cuyos integrantes y estilos cruzan varias líneas regionales.
«Masangango» es una sólida puerta de entrada a Mokoomba porque la voz de Mathias Muzaza puede saltar de registro, volverse áspera y sostener notas sobre un conjunto estrechamente coordinado. Guitarra, bajo y percusión no presentan color étnico detrás de una estrella. Construyen un lenguaje de banda panregional y actual desde los lugares propios de sus integrantes.
Las tradiciones kalanga del suroeste conectan Zimbabue y Botsuana mediante lengua, tambores, danza y canto. Las comunidades venda y shangani del sur y el sureste comparten historias con Sudáfrica y Mozambique. Los festivales nacionales pueden presentar estos grupos en secuencia, pero cada uno merece intérpretes identificados y una descripción local.
Mbende Jerusarema pertenece a comunidades shona zezuru más orientales, pero resulta útil aquí porque rompe el supuesto de que tradición shona equivale a mbira. Un tamborilero principal, tablillas de madera entrechocadas, silbatos, palmas de las mujeres y vocalizaciones de yódel impulsan movimientos acrobáticos sin letra. El sistema de tambor y danza está completo en sus propios términos.
Dos películas públicas sobre patrimonio cubren en parte los vacíos de la historia discográfica comercial. La película sobre Mbende Jerusarema sitúa en el centro a practicantes de los distritos de Murewa y Uzumba-Maramba-Pfungwe. La película de la candidatura Malaui-Zimbabue sobre mbira/sansi coloca la fabricación y la interpretación dentro de comunidades vivas, no en una imagen genérica de «piano de pulgar». Son introducciones, no sustitutos de grabaciones con créditos locales.
Los conjuntos de marimba se han extendido por escuelas y agrupaciones culturales. La marimba de estilo zimbabuense en el extranjero suele proceder de instrumentos y sistemas pedagógicos desarrollados en el siglo XX, incluida la labor de Dumisani Maraire. Esa historia es una adaptación creativa, no un motivo para despreciar el instrumento. Solo exige nombres exactos.
Los coros eclesiásticos atraviesan todas las regiones. Los himnos en ndebele y shona, las tradiciones católicas y protestantes, los movimientos apostólicos y las iglesias independientes emplean relaciones diferentes entre voz y tambor. Más tarde, el góspel se convirtió en una gran industria discográfica. La vida religiosa es, por tanto, una parte central de la música del país, no un puente silencioso entre tradición y pop.
Nobuntu, conjunto vocal femenino de Bulawayo, vuelve audible esa amplitud. «Narini» utiliza empaste a capela, percusión y movimiento como composición actual. El grupo recurre a varios recursos vocales sin presentar a las mujeres como guardianas intemporales. El arreglo y la puesta en escena son formas de autoría propia.
Black Umfolosi, Majaivana, Musarurwa, Masuka, Mokoomba y Nobuntu establecen Bulawayo y el oeste como centros con historias propias y proyección exterior. Las interpretaciones tonga y kalanga documentadas públicamente siguen teniendo menor visibilidad en la circulación comercial; cuando aparecen, son esenciales los datos precisos de lugar, comunidad e intérpretes.