Capítulo 03
El fjiri y la memoria de la pesca de perlas
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El fjiri es una familia de prácticas vocales y rítmicas asociadas a la historia perlífera de Baréin. Su poder nace de la respiración colectiva: un solista lanza la frase, el coro responde, la percusión cobra fuerza y la repetición convierte la memoria en sonido físico.
Cómo suena el fjiri
Una interpretación de fjiri suele comenzar con cierta sensación de espacio antes de ganar densidad. El nahham, o cantante principal, proyecta una línea aguda y penetrante. El coro responde como un bloque unificado. Las palmas fijan el pulso, los tambores le dan profundidad y unos pequeños crótalos metálicos atraviesan la textura general. El jahl, una vasija de barro usada como percusión, añade una resonancia redonda, distinta del golpe más cortante de los tambores de piel.
La música crece por acumulación. Una frase regresa, el coro se espesa, los cuerpos se balancean y cada respiración se integra en el ritmo colectivo. El efecto puede ser hipnótico, pero el fjiri no es música de ambiente. Sus repeticiones están estructuradas, y el pulso de los cantores guarda la memoria del trabajo, la camaradería y la separación.
El fjiri no es un canto marinero genérico. La familia comprende distintas secuencias y formas con nombre propio, y cada conjunto conserva su repertorio. Para quien se acerca por primera vez, la distinción más útil es la que existe entre la línea flexible del nahham y la respuesta compacta del coro. Ese diálogo confiere a la música su forma inconfundible.
El trabajo perlífero tras el coro
Antes de que el petróleo transformara la economía de Baréin, la pesca de perlas vinculaba a buceadores, encargados de izarlos mediante cuerdas, capitanes, comerciantes y familias dentro de un exigente sistema estacional. La música ayudaba a organizar el trabajo y a sostener a las tripulaciones, pero esa historia no debe idealizarse como una era de unidad marítima sin conflictos. La deuda, el peligro, la desigualdad de poder y las largas ausencias pertenecían al mismo mundo.
El fjiri lleva consigo esa historia de manera indirecta. Una interpretación actual no reproduce literalmente el trabajo a bordo de una embarcación perlífera. Es una práctica de memoria modelada por descendientes, conjuntos, casas de música e instituciones públicas. La belleza del coro no anula la dureza que hay detrás; permite que ese pasado conserve su presencia emocional.
Por eso no bastan las fotografías de barcos y perlas. Hay que escuchar la tensión de la voz principal, la forma en que el coro sostiene al cantante y la prolongada intensificación del ritmo. Esta práctica recuerda el trabajo mediante cuerpos que actúan juntos, incluso cuando se interpreta en tierra.
El dur y la vida de un conjunto
El dur, o casa de música tradicional, es esencial para la transmisión del fjiri. Ofrece mucho más que un espacio de ensayo. Alberga memoria social, la jerarquía interna del conjunto, repertorio y los hábitos mediante los que los participantes jóvenes aprenden cuándo entrar, responder, dar palmas y moverse.
Entre las casas y conjuntos conocidos públicamente figuran Qalali y Dar Al Muharraq, mientras que los grupos de Riffa, Hidd y otras comunidades aparecen en festivales y programas patrimoniales. Sus nombres importan porque el fjiri lo crean comunidades concretas, no un coro nacional abstracto.
En un dur o en un espacio de interpretación íntimo, merece la pena observar cómo circula el liderazgo. El nahham puede dominar el oído, pero el coro controla la dimensión y la continuidad. Los percusionistas regulan el desarrollo prolongado. Los integrantes experimentados guían transiciones que un recién llegado quizá no reconozca todavía. El conjunto es, a la vez, agrupación musical y escuela.
Qalali y la continuidad pública
Qalali Folk Band ofrece una de las vías de acceso actuales más claras al fjiri. El grupo participa con frecuencia en programas culturales y encarna un vínculo vivo entre la práctica comunitaria y su presentación pública. Sus actuaciones hacen visibles las funciones vocales y las texturas instrumentales a públicos que quizá nunca hayan entrado en una casa de música tradicional.
El registro histórico también conserva voces solistas individuales. Salem al-Allan, nacido en Qalali, fue uno de los cantantes nahham más conocidos de Baréin y grabó extensamente para la radio y las instituciones culturales. En el canto de trabajo de los buceadores de perlas «Dawwari», comparte el papel solista con Ahmad bu-Tabanya y Hilal bu-Khaled, acompañados por un gran coro masculino, tabl y platillos. Las tres voces no desdibujan la forma colectiva, sino que permiten oír cómo distintos timbres solistas habitan una práctica común.
Antes de concentrarse en los tambores, siga el relevo entre los cantantes nahham. Cada solista debe proyectarse por encima del grupo y, al mismo tiempo, dejar espacio suficiente para que la respuesta se asiente. La grabación convierte lo que en un manual sería «el cantante principal» en tres músicos identificables que toman decisiones distintas dentro de una práctica compartida.
La visibilidad pública trae cambios. La duración escénica, la amplificación y los horarios de los festivales pueden comprimir formas más extensas. El vestuario y la presentación quizá acentúen la identidad patrimonial. Aun así, la actuación puede revelar un dominio musical real, sobre todo en la coordinación entre solista y coro y en el manejo de las transiciones rítmicas.
No hay que exigir que un solo concierto cargue con todo el pasado. Una interpretación escénica de fjiri se entiende mejor como la actuación actual de un conjunto con nombre propio. Desde ahí pueden seguirse otras apariciones del grupo, sus entrevistas y su actividad en las casas de música. La continuidad nace del trabajo reiterado, no de afirmar una supervivencia sin cambios.
El reconocimiento de la UNESCO en 2021
El fjiri fue inscrito en 2021 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. El reconocimiento atrajo la atención internacional hacia esta forma y hacia las iniciativas de salvaguardia de Baréin. La descripción de la UNESCO señala la presencia del solista, el coro, la percusión, los crótalos y el jahl, así como la función de los dur en la transmisión.
La inscripción resulta útil porque brinda al público una visión clara y favorece la continuidad. No significa que el fjiri haya dejado de cambiar ni convierte una historia marítima compartida en propiedad exclusiva. Las tradiciones vivas sobreviven mediante la práctica, el debate, la enseñanza y la adaptación.
Para quien escucha, la mejor respuesta al sello de la UNESCO es la curiosidad, no una reverencia distante. Conviene oír una interpretación completa, aprender el nombre del conjunto y reparar en cuántas personas hacen falta para producir el sonido. El fjiri impresiona más cuando se entiende como un oficio colectivo.
Escuchar fjiri hoy
Dar Al Muharraq, las actuaciones de Qalali, los festivales patrimoniales y Muharraq Nights son opciones concretas para buscar actuaciones. Los horarios cambian de una temporada a otra, y una sala puede ofrecer sawt una semana y fjiri la siguiente; por eso hay que consultar el programa vigente y no confiar en una promesa permanente.
Durante una actuación, escuche primero la entrada del nahham y la respuesta del coro. Después, identifique el tambor más grave y el filo metálico de los crótalos. Observe si la intensidad aumenta de manera continua o llega por oleadas. Por último, mire cómo respira el conjunto al concluir.
Para la escucha grabada, elija una pista lo bastante larga para conservar el desarrollo. Los fragmentos breves suelen capturar el momento más intenso, pero pierden el recorrido que le da su fuerza. El fjiri necesita tiempo porque su drama nace de la acumulación colectiva.