Capítulo 01
Muchos espacios, una misma orilla
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Baréin se entiende mejor al oído como una red de islas que como un mapa compacto de géneros. Muharraq, Manama, Qalali, Riffa y Hidd muestran facetas distintas, mientras que las celebraciones familiares, las reuniones religiosas, las casas de música, los teatros y los estudios generan formas de escucha propias.
Un país que se escucha en plural
Si se pide un solo ejemplo de música bareiní, pronto surgen tres respuestas: el sawt, tradición urbana de canto centrada en la voz y el laúd; el fjiri, la vigorosa música de conjunto asociada a la pesca de perlas; y el pop contemporáneo del Golfo. Las tres son elecciones útiles, pero ninguna abarca el panorama completo.
El sonido cambia con la ocasión. El sawt puede hacer que la poesía parezca conversada y rítmica a la vez. El fjiri acumula intensidad mediante un solista, un coro, palmas y percusión. El liwa convierte una penetrante melodía de lengüeta y unos tambores potentes en un ritmo comunitario circular. Una boda, una conmemoración religiosa y un concierto en el teatro nacional pueden incluir música, pero organizan de manera diferente a intérpretes, oyentes y participantes.
También importa la historia de Baréin como sociedad portuaria. Músicos e instrumentos circularon por el Golfo y el océano Índico junto con marineros, buceadores de perlas, comerciantes, trabajadores y familias. Se oyen vínculos con Kuwait, el sur de Irak, Irán, Yemen, África oriental y Asia meridional, sin que por ello haya que reducir Baréin a un cruce de caminos carente de personalidad local. Esa personalidad suele apreciarse en la manera de interpretar, marcar el ritmo, nombrar y recordar una forma llegada de otros lugares.
Muharraq y la memoria de las casas de música
Muharraq ofrece el acceso público más claro a la vida musical histórica de Baréin. Sus calles enlazan la historia de la pesca de perlas con casas restauradas, salas de conciertos y conjuntos comunitarios. La Mohammed bin Fares Hall mantiene el sawt en circulación habitual, mientras que Dar Al Muharraq y otras casas de música presentan fjiri y tradiciones afines. No son museos silenciosos: son lugares donde el repertorio se ensaya, se lleva a escena y llega a públicos nuevos.
La ciudad enseña además una importante lección musical: una forma pervive gracias a las personas y sus rutinas, no solo a la arquitectura. La sala modifica el sonido. Las paredes cercanas devuelven a los cantores las voces del coro; las palmas pasan a formar parte de la acústica; el público se sienta lo bastante cerca para ver las señales que circulan entre quien dirige y el conjunto. En el gran escenario de un festival, ese mismo material puede resultar más formal y espectacular. Ningún espacio es automáticamente más auténtico, pero cada uno produce una experiencia distinta.
Muharraq es un centro fundamental, no un sinónimo de Baréin. Qalali mantiene una estrecha vinculación propia con el fjiri; Riffa y Hidd conservan conjuntos y tradiciones sociales; Manama concentra la radio, el teatro y la actividad comercial. Un recorrido provechoso pasa por estos lugares en vez de convertir un solo barrio histórico en el mapa completo del país.
Trabajo, culto y celebración
Buena parte de la música de Baréin no puede separarse de lo que hacen las personas mientras se interpreta. El fjiri recuerda el trabajo y el orden social de la pesca de perlas. Los repertorios nupciales señalan etapas de la celebración y del parentesco. Las prácticas vocales religiosas extraen su sentido de calendarios sagrados, textos y congregaciones. El sawt creció en espacios de reunión donde coincidían poesía, destreza musical y compañía atenta. Las canciones modernas viajan por la radio, la televisión, los conciertos, los auriculares y las redes sociales.
Esta variedad cambia la forma de escuchar. Un canto de trabajo no es solo una composición: la coordinación, la respiración y la respuesta colectiva pertenecen a su significado. Un canto de boda no es una mera pista que suena por casualidad en una boda: importan la secuencia, los espacios diferenciados por género y la participación. La recitación sagrada no puede entenderse como un género vocal profano con otra letra. El contexto forma parte de la música.
La consecuencia práctica para quien escucha con curiosidad es sencilla. En vez de preguntar qué estilo es el más bareiní, conviene preguntarse qué clase de espacio crea la música. ¿Invita al baile, a la respuesta colectiva, a la quietud, al recuerdo, a la alabanza o a la escucha concentrada? Esa pregunta conduce hacia las personas que practican la música y se aleja del estereotipo nacional decorativo.
El sonido de un puerto insular
El agua recorre la historia musical de Baréin, pero el mar no produce un solo color sonoro. En el fjiri está ligado al trabajo perlífero y al recuerdo de la ausencia. En el sawt pertenece a las rutas que conectan los centros urbanos del Golfo. En las tradiciones del liwa y la tanbura se abre hacia África oriental y el océano Índico en su conjunto. En la música contemporánea puede convertirse en atmósfera, metáfora o forma de pensar la migración.
El puerto también reunió instrumentos en combinaciones nuevas. El laúd sostiene el fraseo melódico elaborado del sawt. Los pequeños tambores mirwas avivan su pulso. Los conjuntos de fjiri emplean palmas, tambores, pequeños crótalos y el resonante jahl de barro. En el liwa, un potente instrumento de doble lengüeta suele elevarse sobre tambores entrelazados. La tanbura aporta una resonancia grave, pulsada y zumbante, mientras que el cinturón mangour añade un repiqueteo seco con el movimiento del intérprete.
Estos timbres hacen que Baréin sea mucho más variado de lo que sugiere la expresión «música del Golfo». Una tradición puede ser íntima y regirse por el texto; otra, levantar un denso muro de ritmo comunitario; otra, transformar la repetición en impulso físico. Cada sonido merece conservar su propia forma.
Una breve brújula histórica
La cronología musical de Baréin no es una marcha del folclore hacia la modernidad. Las prácticas antiguas continuaron mientras la radio, la grabación y el petróleo transformaban la economía. Los discos comerciales permitieron que algunos intérpretes llegaran a públicos situados más allá de la sala. La radiodifusión creó nuevos conjuntos, públicos y carreras profesionales. Más adelante, las instituciones patrimoniales trasladaron repertorios escogidos a salas de conciertos y festivales. Hoy los músicos independientes transitan entre el árabe y el inglés, la canción acústica y la producción electrónica, la memoria local y la colaboración internacional.
La pesca de perlas decayó con fuerza en el siglo XX, pero el fjiri no desapareció con la actividad que lo había moldeado. El sawt entró en la historia discográfica y en los escenarios institucionales sin quedar reducido a pieza de archivo. Las bandas populares incorporaron guitarras eléctricas y estudios modernos sin abandonar la composición en árabe. Músicos de jazz contemporáneos han trabajado con cantos marineros y recuerdos de canciones de boda sin presentar su obra como tradición intacta.
El resultado es un presente compuesto por muchas capas. Un concierto de sawt un jueves en Muharraq, un conjunto de fjiri en un festival, una canción de Khalid Al Shaikh, un homenaje a Ali Bahar, una composición de Yazz Ahmed y un nuevo lanzamiento independiente pueden formar parte de la escucha de Baréin. El placer consiste en advertir las distintas maneras en que transmiten un sentido de lugar.