Capítulo 04
Senegambia habla varias lenguas musicales
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Gambia no puede escucharse al margen de Senegal, pero “música senegambiana” es una expresión demasiado amplia para explicar una interpretación concreta. La frontera atraviesa áreas lingüísticas, historias familiares, mercados y circuitos de gira. Cantantes wolof se desplazan entre Banjul y Dakar. Las comunidades jola enlazan Kombo con Casamance. La jaliya mandinga se abre hacia un mundo mandé mucho más extenso. Las rutas fula y soninké añaden otras prácticas de alabanza, devoción y baile.
En qué fijarse al escuchar
La tarea consiste en mantener audibles al mismo tiempo la conexión y la diferencia. Compartir un ritmo no vuelve idénticas a dos comunidades. Trabajar en Dakar no hace que un intérprete deje de ser gambiano. Una frontera nacional puede condicionar la radio, los pasaportes y los mercados aunque los repertorios la crucen a diario.
El canto wolof recorre la ruta entre capitales
Musa Ngum es un guía ideal porque su biografía y su canto se resisten a una división tajante. Su álbum Mbaram y la canción “Banjul” pertenecen a la historia musical gambiana y participan a la vez en el desarrollo más amplio del mbalax y de la música popular wolof. Hay que escuchar el empuje vocal: las frases se proyectan hacia delante, se sostienen y se liberan contra la percusión, en vez de posarse sin más sobre un pulso pop regular.
La práctica de conjunto wolof puede incluir tambores de la familia del sabar y el tama, cuya altura cambiante puede recordar los contornos del habla. La conversación rítmica se organiza por funciones. No debería describirse como una acumulación de tambores enérgicos. Conviene seguir qué patrón permanece estable, qué instrumento llama al cambio y dónde responden los bailarines o los cantantes.
Laba Sosseh ofrece otra ruta transnacional. Nacido en Bathurst, como se llamaba entonces Banjul, se convirtió en una voz fundamental de la salsa africana mediante su trabajo vinculado a Dakar y a orquestas internacionales. En “Seyni”, el fraseo vocal se mueve con soltura dentro de la forma afrocubana. El resultado no es un estilo extranjero adherido a un cantante gambiano ni una prueba de que la salsa naciera allí. Es un músico que domina una lengua atlántica y la hace propia.
El universo sonoro jola empieza más allá de la kora
Para acercarse a la música vinculada a los jola, hay que comenzar por el ekonting, un laúd de tres cuerdas cuyo mástil atraviesa la caja, presente en comunidades de Gambia, Senegal y Guinea-Bisáu. Su punteo repetido puede crear un groove ligero pero persistente bajo el canto. El instrumento tiene construcción, repertorios y rutas sociales propios; llamarlo antepasado o pariente de cualquier estilo popular de cuerda pulsada puede desviar la atención de quienes realmente lo tocan.
La colección Ears of the People: Ekonting Songs from Senegal and The Gambia proporciona una puerta de entrada práctica. Hay que escuchar la relación entre la voz y el motivo punteado recurrente. El ciclo puede sostener una narración extensa sin buscar el movimiento armónico esperado en el pop de guitarras. Los créditos de lugar e intérprete siguen siendo esenciales porque “canción jola” abarca más de una práctica local.
Kombo es importante en esta ruta, pero no constituye una zona jola cerrada. La migración y el crecimiento urbano hacen convivir distintas lenguas. Una interpretación puede utilizar un instrumento comunitario reconocible y dirigirse a un público mixto. La coexistencia no siempre suena a fusión; a veces varios repertorios comparten sencillamente una localidad y un calendario.
Las rutas fula, soninké, manjak, serer y aku amplían el campo
Las comunidades fula conectan el este de Gambia con mundos más amplios de habla pulaar. El canto de alabanza, la flauta y las imágenes pastoriles pueden formar parte de actuaciones públicas, pero no existe un único sonido fula que abarque todas las localidades. El álbum African Flutes: Recorded in the Gambia resulta valioso porque desvía el oído de las cuerdas hacia el soplo, la digitación y la melodía. Cuando la documentación lo permita, cada pieza debe conservar el vínculo con un intérprete o un lugar concreto.
Las historias soninké enlazan comercio, migración y redes familiares más allá de la frontera nacional. Las comunidades manjak vinculan Gambia con Guinea-Bisáu y Casamance. La presencia serer aporta otra historia senegambiana. La vida cultural aku de Banjul conecta tradiciones criollas, cristianas, escolares y urbanas. Estas rutas no son notas al margen añadidas para completar el cuadro; explican por qué un solo párrafo sobre “la música tradicional gambiana” será siempre insuficiente.
El sonido sagrado también cambia de una comunidad a otra. La recitación coránica, las reuniones devocionales musulmanas, la himnodia cristiana y los coros de iglesia siguen reglas distintas. Un cantante popular puede conservar un fraseo aprendido en un entorno religioso sin convertir una práctica sagrada en un mero recurso de género. El contexto indica si una voz pertenece al culto, a una ceremonia social, al repertorio de concierto o a una grabación comercial.
Un conjunto es un mapa de relaciones
Hay que regresar a “Fode Kaba” y asignar un lugar a cada sonido: kora, balo, tama y susaa. Después se compara con una grabación de percusión wolof, una canción con ekonting y una interpretación de flauta. El ejercicio sustituye la fantasía de un único timbre nacional por cuatro lógicas de conjunto concretas.
En el grupo de kora, balo, tama y flauta, los sonidos de altura definida, pulsados y percutidos, interactúan con los gestos del tambor que imitan el habla y con el soplo. En la percusión wolof, capas de tambores organizan el movimiento mediante llamadas y respuestas. El ekonting puede construir continuidad mediante un motivo punteado cíclico. La flauta pone en el centro el aliento, el contorno melódico y la acústica de una interpretación al aire libre o íntima.
La frontera se vuelve audible no como una línea, sino como rutas superpuestas. La responsabilidad del oyente es no perder el nombre asociado a cada una. “Senegambiano” alcanza su mayor utilidad cuando abre una pregunta: ¿qué lengua, qué comunidad, qué ciudad o aldea, qué intérprete y qué dirección de viaje?
Cuatro piezas más allá del estereotipo nacional
1. Musa Ngum — “Banjul”: autoridad vocal wolof y una ciudad nombrada desde dentro. 2. Laba Sosseh — “Seyni”: un cantante gambiano dentro del mundo orquestal afrocubano. 3. Daniel Laemou-Ahuma Jatta — “Kunaare Kati Gambi”: una interpretación de ekonting con intérprete identificado, procedente de Ears of the People; seguir el motivo punteado que se repite bajo la voz. 4. “Sembelu” — flautista soninké, percusionistas y cantantes: aliento, tambores y voces de grupo en African Flutes: Recorded in the Gambia, más allá de una escucha centrada en la kora.
Estas grabaciones no completan el mapa lingüístico. Enseñan al oído a esperar más de una gramática musical en un territorio pequeño.