Capítulo 05
Las grabaciones de 1963-1964 y la tarea de devolver el sonido
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Más de doscientas grabaciones esperaron en Berlín
Gerd y Sigrid Koch trabajaron en Tabiteuea, Nonouti y Onotoa en 1963 y 1964. Además de películas, fotografías, cultura material y observación escrita, reunieron una extensa colección de cintas con canciones, cantos de danza e información oral. Un inventario digitalizado reciente identifica 229 entradas repartidas en doce cintas monoaurales.
La distribución por islas es desigual. Tabiteuea dio lugar a varias decenas de documentos sonoros; Nonouti y Onotoa, a muchos más, en ocasiones concentrados en un solo día. Los totales reflejan el calendario de la expedición y sus relaciones de trabajo, no la productividad musical de las islas.
Durante décadas, la mayor parte de las cintas permaneció poco accesible y apenas estudiada. Un sonido puede conservarse físicamente sin estar al alcance de la comunidad cuyos familiares lo produjeron. La digitalización cambia el medio, pero no cambia automáticamente la relación. Los archivos necesitan descripción, permisos, contexto y vías de regreso hacia los oyentes i-kiribati.
El investigador no fue la única persona que creó la colección
Una etiqueta de archivo suele colocar primero el nombre del investigador porque fue quien depositó el material. El propio sonido demuestra una autoría más amplia. Los cantantes aceptaron actuar, los mayores compartieron explicaciones, los compositores proporcionaron textos, los bailarines coordinaron grupos y los ayudantes locales intervinieron como mediadores lingüísticos y de confianza. Sin ellos no hay colección.
Las investigaciones recientes sobre las cintas prestan mayor atención al papel activo de todas esas personas. El cambio no es una cortesía académica: modifica la interpretación. Un grupo pudo elegir material apropiado para una persona de fuera, reconstruir un canto antiguo, reservar conocimientos restringidos o aprovechar la sesión para conservar algo que temía perder. El micrófono no se limitó a capturar una cultura en estado neutro.
El caso de las secuencias de canciones grabadas en Onotoa muestra cómo el análisis minucioso de las cintas puede sacar a la luz a cantantes mayores concretos y el conocimiento narrativo que aportaron. Personas con nombre sustituyen la falsa imagen de un coro insular anónimo. Los mejores catálogos conservan esa autoría en vez de esconderla.
La tecnología de grabación creó su propia versión
Las cintas eran monoaurales y se grabaron a baja velocidad. La posición del micrófono determinaba qué fila dominaba. El viento, el ruido del espacio y las limitaciones de la cinta afectaban a las frecuencias y los niveles. A menudo, el sonido de las películas se grababa por separado y se emparejaba después con la imagen. Estas condiciones no son defectos que deban eliminarse sin reflexión; forman parte de la grabación histórica.
Una remasterización digital puede reducir el ruido y revelar voces, mientras un procesamiento intenso puede borrar la respiración y el contacto corporal. El ancho de banda limitado es una propiedad de la cinta y de la posición del micrófono; el acontecimiento original se extendía más allá de su alcance.
El catálogo también es una tecnología. Las grafías, traducciones y etiquetas de género quedaron mediadas por documentos en alemán e inglés. Un título puede estar incompleto. El origen insular puede ser una atribución declarada y no una comprobación independiente. Por eso, el uso riguroso del archivo expresa la incertidumbre con claridad.
Seis películas ofrecen un punto de partida preciso
La lista pública de películas proporciona un recorrido compacto. E 915 documenta el kawawa de Tabiteuea. E 916 reúne kamei, wa n Tarawa y kabuakaka. E 917 registra a hombres mayores interpretando kamei en Onotoa. E 918 muestra el bino de Tabiteuea. E 919 registra el tirere ngeaba de Nonouti. E 920 presenta el batere de Onotoa con seis niñas, coro mixto y tambores.
Sus fechas de producción son 1963 o 1964; la publicación llegó a mediados de la década de 1960. Mantenga separadas ambas fechas. Una interpretación no nació cuando la publicó un catálogo cinematográfico. Una fecha de producción de 1963 tampoco demuestra cuánto tiempo llevaba existiendo la forma.
Estas seis películas son valiosas porque cada una tiene un lugar y una forma. También son limitadas. Tres islas no pueden representar a un Estado oceánico. La cámara seleccionó un campo de visión y las descripciones conservadas a menudo no nombran a los intérpretes. Las películas deben conducir a preguntas y al conocimiento comunitario, no clausurarlos.
Las películas digitalizadas de Koch han sido devueltas a Kiribati para proyecciones públicas y acceso comunitario. El trabajo actual con las cintas aspira a la conservación, la investigación con las comunidades de origen y la repatriación. Una imagen devuelta puede suscitar un reconocimiento: una aldea, un familiar, el texto de una canción o un movimiento que un catálogo extranjero no pudo identificar.
La devolución no consiste solo en entregar un disco duro. El acceso duradero depende de equipos, almacenamiento local, condiciones de internet, derechos y la capacidad de las comunidades para corregir descripciones. Algunos materiales pueden ser aptos para una publicación amplia; otros conocimientos quizá requieran límites. La autoridad comunitaria debe determinar qué corresponde en cada caso.
El uso más respetuoso es específico y mesurado. Mencione la película, la isla, el año y la forma visible. Reconozca que el sonido no está sincronizado. No deduzca un carácter sagrado ni un permiso libre a partir de la disponibilidad en internet. Después, atienda a lo que dicen hoy las instituciones y los grupos i-kiribati.
La radio, los casetes y los teléfonos crearon otros archivos
Las cintas de museo no son el único registro. Los casetes de iglesia, las emisiones de radio, los vídeos familiares, las grabaciones de competiciones y los teléfonos dan testimonio de generaciones posteriores. Gran parte de este material es frágil precisamente porque era cotidiano. Un casete familiar rotulado puede contener nombres e historia local más completos que una recopilación internacional.
La radio ayudó a enlazar las islas, aunque siguió condicionada por la distancia, el tiempo atmosférico y la transmisión. Los casetes permitieron que las canciones viajaran con trabajadores y familiares. El vídeo hizo posible enseñar la danza en la distancia. Ahora los teléfonos reúnen grabación, edición y distribución en un solo aparato, aunque el coste de los datos y la conectividad siguen determinando quién se hace visible.
El paso de la cinta de bobina a SoundCloud no elimina los problemas de archivo. Los nombres de artista en internet pueden cambiar; las publicaciones desaparecen; los créditos se recortan; los algoritmos confunden una canción titulada Kiribati con un artista i-kiribati. El catálogo moderno exige el mismo cuidado con los nombres y lugares que el antiguo.