Capítulo 02
Nahma, fijiri y la música de un dhow en faena
6 minutos de lectura
El nahham cantaba ante el riesgo físico
La pesca de perlas exigía contener la respiración, sumergirse una y otra vez y depender de la coordinación entre buceador y ayudante. Otros tripulantes tiraban de cabos, manejaban la vela, navegaban, cocinaban y mantenían la embarcación. El calor, el espacio reducido y la incertidumbre hacían del ánimo una cuestión práctica. La voz del nahham no idealizaba la explotación; ayudaba a sobrevivir en un sistema de trabajo cimentado en el peligro y la deuda.
Su llamada suele comenzar a solas. El conjunto responde con un denso coro masculino, mientras las palmas marcan el compás con el gesto y el sonido. Un gran tambor de doble parche y los platillos pueden aportar fuerza; otras secciones emplean percusión más ligera o solo voces. El cantante principal alarga una línea sobre el pulso y el grupo restablece la base colectiva.
Distintos tipos de canto acompañaban fases del trabajo y del descanso. Las publicaciones emplean nahma, fijiri, fidjeri y varios nombres más específicos con límites poco uniformes. La forma más segura de aprenderlos es acudir a una interpretación acreditada cuyos músicos indiquen qué están cantando, no a una lista genérica presentada como música marinera árabe.
Dawwari convierte una tripulación en conjunto
Una grabación de Dawwari dirigida por Salem Allan enfrenta tres voces de nahham a un gran grupo, un tambor y platillos. La escala se distingue de inmediato de una canción folclórica solista. El coro no adorna a la voz principal. Encarna a la tripulación.
Fíjate en el momento en que la frase solista parece flotar más allá del compás esperado. La respuesta del grupo no la corrige con rigidez; recoge la tensión y devuelve a todos al tiempo compartido. El color de los platillos atraviesa la masa de voces. El tambor aporta peso sin comportarse como el bombo de una producción moderna.
La grabación pertenece a una historia más amplia del Golfo y no puede asignarse a una frontera moderna solo por su sonido. El reconocimiento de Allan en Kuwait y la documentación sobre los conjuntos de pescadores de perlas establecen el vínculo kuwaití. La semejanza regional no pone en duda ese vínculo: forma parte de la historia de barcos que circulaban entre puertos.
El fijiri pertenece al trabajo, la memoria y los intérpretes con nombre propio
El fijiri suele comercializarse como música mística de pescadores de perlas, pero su fuerza procede de realidades concretas: secciones rítmicas y vocales con denominaciones propias, historias laborales, cantantes principales, respuestas del conjunto y formas aprendidas mediante una participación continuada.
La Hamid Bin Hussein Sea Band de Kuwait es uno de los principales transmisores contemporáneos de esta tradición con grabaciones publicadas. Kuwait: Sea Songs of the Arabian Gulf presenta un conjunto completo, no una muestra aislada por un productor. Sus miembros mantuvieron vínculos con hombres que habían trabajado en la economía perlera, lo que confiere a la grabación una línea de transmisión sin convertirla en el equivalente de una travesía.
Escucha el álbum entero una vez. Los fragmentos breves exageran la espectacular entrada de un coro e impiden percibir el desarrollo en el tiempo. A lo largo de la secuencia se empieza a reconocer cuándo prepara una respuesta la voz principal, cómo cambia la densidad de las palmas y cómo cobra fuerza un texto repetido.
Los cantos de trabajo cruzaban los puertos
Los dhows kuwaitíes navegaban hacia la India, África Oriental y puertos de todo el Golfo. Los marineros encontraban lenguas, instrumentos y ritmos de otras costas. La nahma cambió con ese movimiento. Las entrevistas de KUNA a investigadores y capitanes kuwaitíes destacan tanto el parecido regional como las diferencias locales, entre ellas una interpretación más rápida y el uso de palmas en Kuwait.
Sería simplista convertir cada semejanza rítmica en prueba de una procedencia externa. Las tripulaciones marítimas ya eran diversas y las rutas funcionaron durante generaciones. La historia de esta música pertenece al contacto, pero no se reduce a un inventario de ingredientes extranjeros.
Lo mismo vale para las comunidades afrodescendientes de Kuwait y del Golfo. Su aportación no es una capa exótica sobre una base árabe supuestamente pura. El comercio, la esclavitud, la migración, el parentesco y el trabajo formaron la sociedad del Golfo. Formas musicales como la tanbura y la liwa transmiten esas historias de maneras propias de cada comunidad.
Las familias esperaban durante la temporada de buceo. El regreso de las embarcaciones desataba la celebración en la costa, y la arda marítima marcaba la llegada a salvo después de semanas de ausencia. Así se vuelve audible la relación de toda la ciudad con el trabajo del mar. Los hombres no monopolizaban esa historia emocional por haber trabajado a bordo; las mujeres y los niños vivían la ausencia, la deuda y la posibilidad de una pérdida.
Las travesías patrimoniales actuales recrean la partida, la formación y el regreso con patrocinio institucional. En una expedición kuwaití de 2023 participaron sesenta jóvenes buceadores en dos dhows, y el trayecto terminó en el Sea Sports Club. Un programa así puede enseñar el equipo y la responsabilidad colectiva. También se desarrolla después del petróleo, con sistemas de seguridad y un marco de patrimonio nacional que no estaban al alcance de las tripulaciones históricas.
Al escuchar sus cantos finales, conviene identificar el acto y el año. El sonido puede recurrir a repertorios antiguos, pero la interpretación pertenece a la decisión del Kuwait contemporáneo de recordar el mar anterior al petróleo.
Boom.Diwan abre una conversación moderna
Ghazi Al-Mulaifi creció en una familia vinculada a capitanes de barco y a la pesca de perlas, y estudió los conjuntos llamados diwan, donde se transmite el repertorio marítimo. Boom.Diwan pone a músicos kuwaitíes de tradición marítima en diálogo con improvisadores de jazz. El proyecto no sostiene que el fijiri fuera jazz en secreto. Crea una obra nueva a partir de músicos que aportan distintas maneras de medir el tiempo, distintas memorias y distintos lenguajes instrumentales.
En un concierto completo, los momentos más logrados surgen cuando el coro conserva su identidad mientras otro instrumento escucha y responde. Un cruce superficial se limita a superponer un solo a una muestra sonora. El valioso desafío de Boom.Diwan es la atención mutua: ¿puede entrar la improvisación sin reducir el conjunto marítimo a una textura?
Escucha tres propuestas en este orden: Dawwari de Salem Allan, el álbum de la Hamid Bin Hussein Sea Band y un concierto completo y acreditado de Boom.Diwan. El trabajo histórico, la preservación en disco y la colaboración contemporánea con autoría explícita se convierten en etapas distintas y audibles.