Capítulo 01
Dos islas no forman un solo pulso
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El punto de partida es una travesía. Santo Tomé y Príncipe comparten un país, una larga historia de desplazamientos por el golfo de Guinea y un sistema nacional de radio, pero el mar que las separa divide dos paisajes musicales. En Santo Tomé, una pareja que baila ússua sigue un pulso binario mesurado, avivado por la síncopa. Una sociedad de socopé da un orden social formal a la percusión, el canto, la indumentaria, las banderas y los pasos. Un círculo de puíta se reúne en torno a la vibración áspera de un tambor de fricción. Una tragédia de Tchiloli convierte flautas, sonajas, tambores, palabra y danza en un tribunal de justicia al aire libre. En Príncipe, la dêxa se inclina hacia el movimiento de seis tiempos, mientras el Auto de Floripes hace avanzar por Santo António tambores, cornetas, actores en marcha y voces proyectadas.
En qué fijarse al escuchar
Las diferencias no son meros acentos regionales de un estilo nacional dominante. Proceden de historias insulares, lenguas, comunidades e instituciones distintas. Santo Tomé es la isla mayor y alberga la capital, la sede de Rádio Nacional, la mayoría de los estudios de grabación y la concentración más densa de escenarios del país. También presenta una gran diversidad interna. Las comunidades forro, los Angolares del sur, los descendientes de quienes fueron llevados a las roças desde Angola, Cabo Verde y Mozambique, y los migrantes posteriores hicieron música desde posiciones diferentes. Príncipe se desarrolló a otra escala. Santo António tuvo su propia historia administrativa, la isla creó un calendario propio de actuaciones y el Lung'Ie dio al habla y al canto locales un sonido que no existe en ningún otro lugar.
El portugués es la lengua oficial y vertebra la escuela, la administración, la radiodifusión y buena parte del pop contemporáneo. No agota el vocabulario musical. El forro, también llamado santomé, moldea las palabras y la colocación rítmica de muchas bandas clásicas. El angolar sigue asociado sobre todo a las comunidades del sur de Santo Tomé. Lung'Ie significa la lengua de Príncipe, o la lengua de la isla, y es un criollo diferenciado cuyo número cada vez menor de hablantes competentes vuelve trascendente cada acto de enseñanza e interpretación. El criollo caboverdiano entró asimismo en la vida familiar y laboral a través de la historia del trabajo contratado.
Escuche la lengua antes de buscar la traducción. En el puxa clásico, una frase breve en forro puede caer a contrapelo de una figura animada de guitarra mientras las voces de apoyo prolongan la vocal final hasta convertirla en armonía. En una línea en angolar, las consonantes pueden hacer que el pulso parezca más entrecortado aunque el patrón instrumental no cambie. En una canción en Lung'Ie, la relación entre una frase solista y su respuesta pertenece a la memoria verbal propia de la isla. El pop en portugués suele emplear líneas más largas y proyectadas con mayor regularidad. Son tendencias perceptibles en obras concretas, no reglas que aprisionen una lengua.
El primer mapa sonoro
Los principales instrumentos de percusión se anuncian por su textura. El tambor de fricción puíta no suena como un tambor de mano convencional: la fricción sobre una varilla unida a la membrana produce un pulso áspero y zumbante, de cualidad vocal. Los tambores grandes aportan peso; los pequeños y las superficies golpeadas articulan figuras más rápidas. El canzá o reco-reco añade un raspado seco. Los sucalos y otras sonajas rellenas de semillas trazan un siseo fino y continuo alrededor del pulso. Las flautas de bambú del Tchiloli pueden sonar veladas por el soplo y lastimeras, sobre todo en la acústica del exterior. Las cornetas de la dêxa y del Auto de Floripes, en Príncipe, proyectan una señal brillante por encima de voces y tambores.
Las guitarras cambiaron la escala de la música bailable insular sin borrar esos materiales. En «Mino bô bé quacueda», de África Negra, el bajo sostiene una base repetida mientras la guitarra rítmica trabaja con subdivisiones breves y la solista dibuja figuras fluidas alrededor del canto. Varias voces pueden responder al solista o mantener un colchón armónico. El arreglo circula gracias a la amplificación, pero su inteligencia social nace de saber cuánto tiempo necesitan los bailarines que se mantenga el pulso bailable y cuándo debe volver el estribillo.
Príncipe obliga al oído a reajustarse. El 6/8 característico de la dêxa puede contarse como dos pulsos amplios, cada uno dividido en tres: UNO-dos-tres CUATRO-cinco-seis. La sensación útil es la de un paso ondulante. La percusión puede acentuar los pulsos principales mientras las voces o la corneta colocan notas sobre las subdivisiones. Ese movimiento difiere de la elegancia binaria de la ússua y del avance eléctrico del puxa. El Auto de Floripes amplía después el sonido desde el compás hasta la geografía. Un tambor oído al doblar una esquina, una corneta que anuncia a un grupo en movimiento y Floripes llamando a Ferrabrás pasan a formar parte del diseño acústico temporal de la ciudad.
El contexto social transforma la música
El nombre de un género nunca basta para explicar la ocasión. Socopé designa tanto un grupo organizado como una forma musical y coreográfica. Su jerarquía, indumentaria y banderas hacen visible la participación. La puíta se ha empleado para el baile comunitario, el recuerdo y las relaciones con los muertos; en algunos contextos toca la vida ritual. Djambi es, de manera más específica, un rito de sanación dirigido por un especialista, celebrado en patios o parajes arbolados, y no puede entenderse como un estilo de concierto. Bulawe puede animar celebraciones familiares y públicas con voz y percusión. Un conjunto que toca en una matiné dominical se dirige a bailarines de pago mediante micrófonos e instrumentos eléctricos. Una misma persona puede conocer varios de estos mundos sin considerarlos intercambiables.
Las mujeres ocupan un lugar central en este campo social, incluso allí donde las historias públicas han dado mayor visibilidad a los hombres. Cantaban y bailaban en socopé, puíta, tchabeta y otras prácticas colectivas. Los papeles que se les asignaban no solían incluir tambores, guitarras ni funciones de liderazgo en los conjuntos clásicos, lo que ayuda a explicar el abrumador predominio masculino de las discografías. Xinha, Sebastiana y Cremilda Nogueira atravesaron algunas de esas fronteras. Una generación más joven, con Kleusa Mery, Vanessa Faray, Silvia Barros y Morena Santiago, trabaja hoy en una escena donde sigue siendo difícil acceder a instrumentistas, estudios, gestión profesional y escenarios fiables.
La mejor entrada consiste, por tanto, en formular dos preguntas. ¿Qué produce el sonido: piel, madera, semillas, bambú, metal, cuerdas, un amplificador, software o un conjunto de cuerpos? ¿Qué reunión da sentido a ese sonido: baile, drama, sanación, duelo, culto, celebración política, discoteca, sesión de radio o vídeo pensado para el móvil? Estas preguntas evitan reducir las islas a un folclore pintoresco o a un puñado de viejos discos de guitarra.
También permiten oír la estructura de dos islas. Santo Tomé y Príncipe están conectadas por las personas, la radio, el gobierno, los viajes y el afecto. Se distinguen por el pulso, el habla, los calendarios anuales y la memoria local. Una escucha nacional debe sostener a la vez ambas verdades.