Capítulo 05
La radio, los discos y los artífices de la canción saudí
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La canción saudí moderna tomó forma gracias a personas que se movían entre bodas, bandas militares, estudios de radio, tiendas de discos y centros árabes de producción. Su historia está llena de cables y rutas: una melodía aprendida en Taif, arreglada después de estudiar en El Cairo, grabada en Beirut, prensada en Grecia, distribuida desde Kuwait y escuchada en una radio de Yeda. La canción nacional surgió de la circulación, no del aislamiento.
Tariq Abdulhakim conectó sistemas
Tariq Abdulhakim fue compositor, cantante, instrumentista, educador y coleccionista. Su trabajo en la música militar lo llevó a estudiar en Egipto y, tras regresar en 1954, fundó la Escuela de Música del Ejército Saudí en Taif. Los metales, la notación y la disciplina de conjunto entraron en su práctica junto con la canción regional y el úd. No abandonó el material local al aprender orquestación; encontró nuevas maneras de darle voz.
A comienzos de la década de 1960 llevó a Beirut cuarenta y dos composiciones saudíes, tradicionales y modernas, para grabarlas con destino a la radio. El viaje abrió la colaboración con músicos libaneses. En una reunión de 1964 con grandes cantantes árabes, interpretó La Wa Aynayk con palabras de Antarah ibn Shaddad; más tarde, Wadih al-Safi la arregló y grabó. El episodio muestra el repertorio saudí entrando en el intercambio panárabe como material digno de la atención de otro gran cantante.
En Ya Reem Wadi Thaqif, la voz de Abdulhakim es serena y despejada. La melodía asciende con la imagen y regresa después a una invocación firme. El color orquestal amplía la escena, mientras la línea vocal conserva la firmeza de la poesía recitada. Su archivo de instrumentos, bobinas, fotografías y escritos importa porque una misma trayectoria reunió interpretación y conservación.
Talal Maddah volvió íntimo el micrófono
Talal Maddah se formó en el mundo social de Taif y se convirtió en una voz decisiva de la radiodifusión. Wardak Ya Zari al-Ward llegó a la radio saudí en 1959. La melodía de la canción es lo bastante clara para recordarse tras una sola escucha, pero su fraseo la mantiene viva mediante pequeños retrasos y giros. El úd no lo invade; deja paso a la palabra.
La trayectoria posterior de Maddah se expandió a través de discos, conciertos y colaboraciones por todo el mundo árabe. Su timbre podía ser ligero y conversacional o elevarse hasta una llamada brillante y sostenida. Esa flexibilidad ayudó a que la canción saudí viajara sin perder su dialecto ni su centro poético.
Sus catálogos se complican por las reiteradas publicaciones y remasterizaciones. Una fecha digital puede pertenecer a una recopilación, no a la interpretación. Los datos duraderos son el título de la obra, el cantante acreditado, el hito radiofónico conocido y el arreglo audible. A veces, la precisión consiste en renunciar a una fecha.
Mohammed Abdu construyó a lo largo de seis décadas un catálogo de álbumes de estudio, sesiones en directo y producción bajo control del artista a través de Sout al-Jazira. Su música abarca desde la canción popular concisa hasta interpretaciones expansivas en las que una introducción de úd, la estrofa poética y la respuesta orquestal se despliegan durante muchos minutos. La escala depende del control: incluso una frase larga debe saber adónde regresa.
Al-Amakin comienza en el espacio. La voz se dirige a los lugares como recipientes de la memoria; las respuestas instrumentales ensanchan la pausa después de cada pensamiento. Las palabras de Mansour al-Shadi y la música de Nasser al-Saleh hacen de la obra una colaboración, aunque la interpretación de Abdu le otorgue identidad pública. Escuche cómo mantiene claras las consonantes dentro de una melodía sostenida.
La historia comercial es igualmente significativa. Sout al-Jazira ayudó a trasladar al país la producción y la propiedad de los catálogos. Cuando Rotana adquirió después un archivo descrito como compuesto por 122 álbumes, el acuerdo mostró la escala y el valor de la memoria grabada saudí. La conservación no es solo una cuestión de museo: los contratos, los másteres y los créditos exactos deciden qué podrán encontrar los oyentes del futuro.
Toha compuso desde la pista de baile de las bodas
La trayectoria de Toha reúne canto folclórico de Hiyaz, interpretación del úd, composición y discos. Su trabajo en celebraciones sociales no fue una etapa preliminar a la espera de que un estudio lo validara. La pista de baile de las bodas formó su sentido del tiempo, su memoria del repertorio y su capacidad para adaptar una canción a las personas presentes.
Yalla Nuwassif al-Sabiyya avanza por la descripción con un pulso ligero y una textura popular centrada en el úd. Su interpretación equilibra calidez y mando. La canción invita a la respuesta del grupo sin diluir la identidad de su autora principal.
Los discos de Toha circulaban ya en la década de 1970, incluidas ediciones fabricadas en Grecia. Otras mujeres, como al-Jawhara, Ashwaq al-Hasan y Mary Saeed, también aparecieron en el campo discográfico. Su presencia en los archivos es desigual, pero las pruebas bastan para rechazar cualquier historia según la cual la mujer saudí llegó a la grabación solo en el siglo actual.
Ibtisam Lutfi, nacida Khayriyya Qurban, desarrolló su voz actuando en bodas de Yeda antes de llegar a la radio. En 1968, Abir, con palabras de Ahmad Qandil y música de Omar Kadars, la presentó al público de la radio saudí. Su timbre combina claridad con una calidez redondeada en el registro grave. El ornamento sirve al verso en vez de convertirse en una exhibición aparte.
Su repertorio abarcó desde la canción social hasta la poesía árabe formal y el muwashshah. También compuso Al-Najwa al-Hamisa, haciendo explícita su autoría. Las colaboraciones con grandes compositores árabes la situaron dentro de una amplia red clásico-popular. La ceguera marcó partes de su biografía y su recepción pública, pero no debe sustituir el análisis de la altura, el texto y la composición.
En Abir, escuche cómo la melodía deja espacio alrededor de la imagen poética. El arreglo favorece la dicción y permite que el público radiofónico conozca una voz nueva sin sacrificar la intimidad de las palabras.
Etab llevó el pop saudí de un medio a otro
Etab comenzó a cantar en bodas de Riad y trabajó con Talal Maddah antes de construir una gran trayectoria en El Cairo. Se convirtió en cantante y actriz de pantalla; su movimiento escénico, su humor y su seguridad visual ampliaron la imagen pública disponible para una artista saudí. Su éxito regional no fue una nota al pie de la canción masculina: desplazó el centro de atención del mercado.
Jani al-Asmar se construye sobre una inversión. Un antiguo amante regresa y la narradora sopesa la memoria, la disculpa y el dominio de sí misma. La letra de Thuraya Qabil mantiene en movimiento la cuestión emocional; la melodía de Fawzi Mahsoun da forma inmediata al estribillo. Etab la interpreta con brillo rítmico y autoridad conversacional.
Su trayectoria demuestra que nacionalidad, residencia y centro de producción pueden ser ciertos a la vez. Una artista saudí puede hacer películas egipcias y discos panárabes sin perder especificidad. Esos desplazamientos forman parte de la autoría.
Maestros del úd, poetas y sellos ampliaron el campo
Abadi al-Johar sitúa el úd en el centro de su identidad musical. En A'ajab al-Hawa, las frases instrumentales responden al cantante con una lógica propia. Un ornamento pulsado puede reorientar la línea emocional antes de que comience la estrofa siguiente. Su interpretación recuerda al oyente que el virtuosismo de la canción saudí no pertenece únicamente a la tesitura vocal.
Ya Tayeb al-Qalb, de Abdul Majeed Abdullah, representa otra época del estudio. Una escritura fluida para cuerdas, la percusión y una voz principal controlada crean una balada amplia sin desdibujar el dialecto. Su ascenso a través de los clubes y las actuaciones públicas de Yeda también muestra cómo los escenarios locales alimentaron trayectorias nacionales.
Los poetas Badr bin Abdulmohsen, Thuraya Qabil y muchos otros transformaron el lenguaje de la canción. Los compositores Omar Kadars, Fawzi Mahsoun, Siraj Omar y Nasser al-Saleh tomaron decisiones melódicas y orquestales que los oyentes atribuyen a menudo solo al cantante. Sellos como Sout al-Jazira, Awtar y Funoon al-Jazira crearon capacidad de producción, mientras las tiendas y fábricas de casetes hicieron portátil el repertorio.
La canción saudí es, por tanto, una alianza de trabajo: poeta, compositor, cantante, instrumentista, arreglista, técnico, sello y oyente. La radio dio a esa alianza un espacio nacional. Los discos permitieron que ese espacio viajara.