Capítulo 05
La radio, un estudio en una iglesia y una sanza electrónica cambiaron el archivo
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La historia de la grabación en Camerún está llena de soluciones improvisadas. La radiodifusión nacional ofrecía equipos, pero no acceso ilimitado. Los estudios comerciales escaseaban. Los músicos viajaban a Nigeria, Costa de Marfil, Francia y otros lugares. Algunos grupos de Yaundé grabaron a escondidas o por poco dinero en una sala de iglesia, con un solo micrófono y muy poco tiempo. Los discos resultantes no son documentos menores; su aspereza sonora revela las condiciones de producción.
El garage funk de Yaundé captó una ciudad entre una cita y otra
Cameroon Garage Funk reúne dieciséis grabaciones realizadas entre 1964 y 1979. Jean-Pierre Djeukam — «Africa Iyo», Joseph Kamga — «Sie Tcheu», Los Camaroes — «Ma Wde Wa», Charles Lembe et son Orchestre — «Quiero Wapatcha», Pierre Didy Tchakounté — «Monde Moderne» y André Destin Ndenga — «Ngamba» revelan una capital llena de guitarra, metales, órgano, ritmos latinos, funk y formas de danza locales.
Escuche la sala. Un único micrófono puede hacer que los instrumentos compitan según su posición física. Los metales pueden resonar con plenitud mientras el bajo retrocede; las voces pueden distorsionarse en los picos. Esas limitaciones se convierten en decisiones de arreglo. Los músicos controlan la dinámica porque un técnico no podrá reparar después cada parte.
Las entrevistas y biografías de la recopilación rescatan del olvido a artistas que solo publicaron uno o dos sencillos. El redescubrimiento no debe idealizar su escasa notoriedad. Eran músicos profesionales sometidos a limitaciones materiales, no genios anónimos que esperaban a coleccionistas extranjeros.
Francis Bebey hizo que un estudio doméstico sonara fuera de toda categoría
Francis Bebey fue escritor, locutor, guitarrista, compositor e investigador, además de intérprete. Sus publicaciones de 1975 a 1984 combinan sanza, voz, guitarra, flauta, percusión, cinta e instrumentos electrónicos con humor y letras de observación aguda.
Empiece por «The Coffee Cola Song». Un pequeño patrón electrónico y la narración vocal vuelven absurda la moderna sociedad de consumo. Escuche después «Sanza Nocturne». Las lengüetas metálicas crean una resonancia repetida mientras la electrónica altera el marco. Ninguna de las piezas encaja en una oposición nítida entre instrumento ancestral y máquina moderna.
En «New Track», «Divorce Pygmée» y otras piezas, los títulos y el antiguo lenguaje comercial exigen cuidado. La experimentación de Bebey conserva su importancia artística sin que todas sus etiquetas resulten aceptables. Escuche la producción, investigue las palabras y mantenga separados los nombres de comunidades y los recursos teatrales de un compositor.
Su trabajo también cambia la cronología habitual de la música electrónica africana. La electrónica no llegó únicamente con los productores actuales que trabajan con portátiles. Décadas antes, las cajas de ritmos y la síntesis ya se combinaban con instrumentos locales y humor hablado.
La radio creó estrellas y estrechó el campo
La radiodifusión podía hacer familiar a un cantante en distintas regiones. Las orquestas estatales y los concursos televisados daban empleo y visibilidad a los músicos. También privilegiaban a quienes podían acceder a las instituciones, trabajar en francés o inglés y encajar en los formatos de programación.
The Golden Sounds, Zangalewa y los conjuntos nacionales muestran cómo las plataformas oficiales podían crear grabaciones ampliamente compartidas. «Zangalewa» viajó después por todo el mundo mediante una adaptación, pero la ruta debe regresar al grupo camerunés y a su historia escénica.
Al mismo tiempo, una canción de trabajo baka, un músico de corte del norte o una banda de club anglófona podían tener poca presencia en los archivos nacionales. La importancia en la radio y la importancia cultural solo se solapan en parte.
Los estudios de la diáspora cambiaron el lugar de grabación, no la biografía
París se convirtió en un centro destacado para las sesiones camerunesas. Mejores equipos y una densa industria de música africana permitieron una amplia circulación del makossa, el jazz y los álbumes de cantautores. Músicos de Camerún trabajaron con intérpretes congoleños, caribeños, franceses y de otros lugares de África. Los créditos se hicieron transnacionales.
Scenes from My Life (1999), de Richard Bona, reúne el virtuosismo del bajo, la voz y los recuerdos de Minta en un álbum de inspiración jazzística. Coco Mbassi, Sally Nyolo, Etienne Mbappé y Charlotte Dipanda siguieron caminos diferentes a través de la lengua, el coro, la canción acústica, el jazz y la producción popular. La diáspora no es un sonido único. Es un cambio de colaboradores, público e infraestructura.
Escuche la sala y después las decisiones
En Cameroon Garage Funk, la mezcla abigarrada de un solo micrófono y la distorsión ocasional muestran cómo los músicos adaptan sus arreglos a un acceso limitado al estudio. En un álbum pulido de la diáspora, la separación, las sobregrabaciones y un bajo controlado revelan otra gama de opciones. Ninguna condición de producción explica por sí sola la música. Escuche quién lleva el tiempo, quién responde al cantante y cómo utiliza el conjunto la sala de la que dispone.
Francis Bebey tiende un puente entre esos mundos sin convertir la tecnología en un relato de progreso. Sus grabaciones domésticas suenan deliberadas porque la repetición, el silencio, la sátira y el contraste tímbrico son decisiones compositivas. La sanza y la electrónica no simbolizan épocas opuestas; son instrumentos con los que un compositor expresa una idea concreta.