Capítulo 01
Escuchar la banda antes que la frontera
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Comience con «Buuraha U Dheer (Las montañas más altas)», de Groupe RTD. La grabación no empieza como una lección de geografía. La banda define sus propias proporciones: la voz ocupa el centro; la guitarra eléctrica traza figuras elásticas a su alrededor; los teclados colorean la armonía; el bajo y la batería regulan el avance; el dumbek recorta el pulso; y el saxofón entra como una segunda voz instrumental. El arreglo deja espacio suficiente para percibir cada línea, pero nunca pierde la sensación de trabajo colectivo.
En qué fijarse al escuchar
Este conjunto ofrece hoy la puerta más clara a la música yibutiana disponible fuera del país, pero no cuenta toda la historia. Groupe RTD está vinculado a Radiodiffusion-Télévision de Djibouti, la radiotelevisión nacional cuyos estudios, conjuntos y fondos de cintas han influido en lo que podía ensayarse, conservarse y escucharse. Ese centro institucional otorga al grupo una visibilidad poco habitual, sin convertir cada práctica comunitaria en una rama de la música radiodifundida.
Un país pequeño contiene varios mapas musicales
La ciudad de Yibuti concentra estudios, ceremonias estatales, teatros, salones de boda, radio, televisión y buena parte del trabajo musical remunerado. Su puerto lleva mucho tiempo poniendo en contacto a marineros, trabajadores, discos, instrumentos y señales de radiodifusión. Sin embargo, la geografía musical del país no puede trazarse solo desde la capital.
Tadjoura mira al golfo que lleva su nombre y forma parte de historias afar que se prolongan por Etiopía y Eritrea. Obock se inscribe en otro tramo de la costa septentrional y en la circulación por el mar Rojo. Ali Sabieh y Dikhil enlazan rutas meridionales y del interior, entre ellas las comunidades somalihablantes y el tránsito hacia territorios vecinos. La vida pastoril, la vida urbana, el empleo militar, el trabajo portuario, la escuela, la mezquita, la boda y el escenario estatal crean motivos distintos para cantar.
La frontera es políticamente real y musicalmente permeable. Las formas poéticas y cantadas somalíes circulan por Yibuti, Somalilandia, Somalia, Etiopía y las ciudades de la diáspora. La lengua y los mundos sociales afar atraviesan Yibuti, Etiopía y Eritrea. El árabe y el francés llegan a través de la religión, la educación, la administración, los medios de comunicación y la migración. Una canción puede ser inequívocamente yibutiana por sus intérpretes, su historia discográfica y su vida pública sin afirmar que todos sus elementos nacieron dentro de la república actual.
El somalí, el afar, el árabe y el francés cumplen funciones distintas
El somalí ocupa un lugar central en buena parte del repertorio popular mejor documentado, especialmente en las canciones articuladas en torno a la poesía y en los conjuntos radiofónicos que se oyen en publicaciones de archivo. Importa la densidad verbal de la lengua. La aliteración, la imagen, el elogio, la argumentación y la alusión indirecta pueden tener tanto peso como la melodía. Quien no entienda las palabras debe evitar tratar la voz como mera textura. A menudo el fraseo sigue una línea de pensamiento, no solo los límites del compás.
La música afar no debe presentarse como el apacible equivalente rural de la canción urbana somalí. La poesía y el canto afar tienen sus propias funciones sociales, términos locales y expectativas interpretativas. Algunos repertorios pertenecen a celebraciones públicas; otros están ligados al trabajo, el cortejo, la familia, el saber pastoril o a ocasiones de acceso restringido. La escasez de grabaciones afar de Yibuti publicadas internacionalmente es un problema de acceso y documentación, no una prueba de menor importancia.
El árabe puede aparecer en las prácticas devocionales y en los intercambios del mar Rojo, mientras que el francés sigue teniendo una presencia destacada en la administración, la enseñanza y ciertos ámbitos de la producción cultural. Los músicos pueden pasar de una lengua a otra según el público y el contexto. La pregunta más útil no es «¿en qué lengua canta Yibuti?», sino «¿quién canta aquí y para quién?».
Cinco músicos en una sola grabación
Vuelva a Groupe RTD y escuche por separado a sus integrantes. En «Raani (Reina)», atienda primero a la línea vocal de Hassan Omar Houssein y siga después el saxofón de Mohamed Abdi Alto. En «Kuusha Caarey (El collar de perlas)», escuche a Guessod Abdo Hamargod y luego cómo el bajo y la batería sostienen la voz sin taparla. En «Uurkan Kaadonaya (Te quiero)», repare en el diálogo entre la guitarra de Abdirazak Hagi Sufi y los teclados de Moussa Aden Ainan.
El batería Omar Farah Houssein y el intérprete de dumbek Salem Mohamed Ahmed no se limitan a añadir percusión «africana» y «árabe» a un formato de banda internacional. Sus partes definen el peso, la subdivisión y el impulso rítmico. El bajo de Abdo Houssein Handeh mantiene el movimiento melódico pegado al suelo. El conjunto funciona porque cada músico deja a los demás espacio para intervenir.
Este es el primer principio para escuchar Yibuti: sustituya el adjetivo paisajístico por una función musical concreta. Pregunte quién lleva el pulso, quién da forma al texto, quién cambia el color y qué institución hizo posible ese encuentro.