Capítulo 03
Rutas afar desde Tadjoura hasta el interior
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La vida musical afar suele mencionarse en una frase y luego queda desplazada por el repertorio somalí, mejor documentado en grabaciones. Este desequilibrio resulta especialmente engañoso en Yibuti, donde las comunidades afar ocupan un lugar central en el norte y el oeste y Tadjoura tiene peso histórico, político y cultural. El catálogo internacional sigue siendo reducido, pero no está vacío: Afar Ways, de Yanna Momina, ofrece una vía inusualmente íntima hacia las canciones de una artista afar yibutiana y el pequeño grupo con el que trabajaba.
La poesía viaja con las personas, no con un paisaje vacío
La poesía afar puede acompañar el elogio, el cortejo, la disputa, la memoria, el trabajo pastoril y los actos públicos. La interpretación depende de quién puede hablar, quién responde y qué acontecimiento confiere fuerza a las palabras. El desierto no es el autor. La lluvia, los pozos, el ganado, el movimiento y el parentesco pueden entrar en un poema porque estructuran vidas, no porque aporten un paisaje evocador para miradas externas.
El ritmo puede sostenerse con palmas, tambores, patrones vocales repetidos o la cadencia del movimiento. Una voz principal puede establecer una línea que el grupo contesta o refuerza. El interés musical reside en los cambios de énfasis, la tensión que genera la repetición verbal y la relación entre la voz solista y el sonido colectivo.
Como el afar se extiende por tres Estados, una grabación de Etiopía o Eritrea puede iluminar una ruta lingüística compartida, pero no documenta automáticamente una práctica local yibutiana. Compruebe la procedencia del intérprete y las circunstancias de la grabación. «Música afar» es una categoría de partida; Tadjoura, Obock, Dikhil, una familia concreta o un conjunto con nombre aportan mayor precisión.
Yanna Momina ocupa el centro de la historia
Yanna Momina nació en 1948 y se hizo conocida en su región como cantante y autora de sus propias canciones. Afar Ways se grabó en directo en Yibuti durante la primavera de 2018 y se publicó en 2022. El lugar era una cabaña sobre pilotes, no un estudio convencional, y el pequeño grupo trabajó con guitarras acústicas, calabaza, palmas, voces de acompañamiento y la percusión de Momina. El crujido audible de la cabaña y el sonido de la marea al subir forman parte de la sesión, pero la música nunca queda reducida a mero paisaje.
Comience con «Heya (Bienvenida)». Andre Fanazara asume la voz principal, mientras Momina, JP y Hussan Jean forman a su alrededor un pequeño conjunto de estrecha interacción. Pase después a «For My Husband» y «The Donkey Doesn't Listen». La voz resonante de Momina puede empujar una frase, estirarla o darle un giro conversacional, mientras el acompañamiento permanece deliberadamente sobrio. La guitarra no ahoga el texto con armonía; las palmas y la calabaza asientan un pulso sobre el que el fraseo y la personalidad quedan al descubierto.
Termine con la pieza a capela «My Family Won't Let Me Marry the Man I Love (I Am Forced to Wed My Uncle)». Al dejar de lado los instrumentos, la respiración, la repetición y el peso del título pasan a primer plano. No es una muestra de la experiencia de todas las mujeres afar ni una clave para entender todo el canto afar. Es una obra de autoría propia interpretada por una cantante yibutiana identificada, y esa precisión la hace mucho más valiosa que un párrafo general sobre la música del desierto.
Tadjoura es una ciudad, un golfo y un conjunto de conexiones
Tadjoura no debe reducirse a un puerto antiguo junto a un golfo pintoresco. En ella confluyen el intercambio marítimo, la historia política afar, los movimientos hacia el interior y las instituciones de la república moderna. Allí puede oírse música en bodas, celebraciones familiares, actos cívicos y escenarios públicos. Un mismo intérprete puede trabajar en contextos sociales que exigen repertorios y códigos diferentes.
La expresión «ritmo de Tadjoura» aparece a veces en descripciones de la sección rítmica de Groupe RTD. Trátela como una pista que investigar, no como un ritmo que se explica por sí solo. Pregunte qué patrón, qué percusionista, qué danza y qué ocasión. La interpretación de Omar Farah Houssein en el álbum de Groupe RTD ofrece un punto de partida contemporáneo y concreto, pero no representa toda la música de Tadjoura.
La danza hace visible el compás
El tema «Danse Traditionnelle — Wiil Wille (El hombre que salta)» funciona como un contraste dentro de The Dancing Devils of Djibouti. Su corta duración, su energía concentrada y la referencia del título a una danza lo distinguen de las canciones vocales más largas del álbum. Observe o escuche cómo los acentos organizan los saltos y la coordinación colectiva, en lugar de buscar un único instrumento exótico.
Los nombres de las danzas requieren la misma precisión que los nombres de los géneros. Una formación lineal en una boda, una compañía nacional en escena y una celebración comunitaria pueden emplear movimientos emparentados y, al mismo tiempo, cambiar la duración, el vestuario, el público y la autoridad cultural. El escenario puede conservar una coreografía y también estandarizarla. Una cámara puede ampliar el acceso y borrar el saber social que indica a los participantes cuándo y por qué entrar.
La brecha documental sigue siendo real
Un álbum excepcional no resuelve el vacío documental general. El repertorio de bodas, la danza, la poesía y los intérpretes locales afar de Yibuti siguen estando mucho menos disponibles internacionalmente que el archivo radiofónico en lengua somalí. La respuesta útil no consiste en hacer que Afar Ways lo represente todo ni en llenar el vacío con grabaciones de países vecinos. Mantenga visible la procedencia, distinga una interpretación comunitaria de una publicación comercial y deje que futuras voces yibutianas amplíen el panorama.