Capítulo 02
El maqam iraquí: un poema recorre la sala
6 minutos de lectura
Qué significa aquí maqam
En Oriente Próximo, el norte de África y Asia Central, la palabra maqam pertenece a varias teorías y prácticas relacionadas, pero distintas. El maqam iraquí no es simplemente la versión iraquí de un sistema universal. Es un repertorio y un arte interpretativo con nombre propio, secuencias características, elecciones poéticas, métodos vocales y relaciones de conjunto. Su historia institucional más sólida es bagdadí, aunque intérpretes y públicos lo han llevado mucho más lejos.
Una interpretación completa se centra en el qari. Llamarlo cantante es correcto, pero insuficiente. El qari debe conocer el repertorio, la poesía, el movimiento modal, la pronunciación y las convenciones que permiten pasar de manera convincente de una sección a otra. El timbre individual importa. Algunas voces avanzan con una textura dramática; otras imponen autoridad mediante la contención. El ornamento no es decoración pegada a una melodía. Es una de las formas en que el qari piensa en voz alta.
El término fasl puede referirse a una suite o ciclo ordenado de maqamat. Una interpretación puede comenzar en un espacio vocal no métrico o de tiempo flexible y avanzar después hacia materiales rítmicos más regulares, incluida una canción final a menudo denominada pesta. El recorrido exacto varía. Quien empieza a escuchar no necesita memorizar todos los nombres. Necesita oír que la forma extensa tiene dirección.
El chalghi hace mucho más que acompañar
El conjunto tradicional chalghi al-Baghdadi se asocia especialmente con el santur, la jawzah y percusiones como el dumbak o tabla y el riqq o daff. La instrumentación ha variado según las épocas y los escenarios, pero su principal interés reside en la conversación. El conjunto enmarca al qari, comenta, sostiene las transiciones y modifica la densidad del tiempo.
El santur es una cítara trapezoidal que se golpea con dos macillos ligeros. Su ataque es inmediato, pero muchas cuerdas continúan resonando. En un conjunto de maqam puede perfilar un recorrido, llenar el espacio bajo una voz sostenida o dar nitidez a una transición. Al tocar la jawzah, el intérprete gira la pequeña caja de resonancia contra el arco. Su timbre puede parecer próximo al habla humana, sobre todo cuando responde a una frase vocal con deslizamientos y presión en lugar de una línea limpia y pulida.
La percusión no actúa a plena potencia en todo momento. Escuche la diferencia entre el tiempo insinuado y el pulso declarado. Un golpe grave de tambor puede hacer que una frase adquiera de pronto carácter público, mientras que una ligera articulación del riqq delimita el movimiento. En los mejores conjuntos, la llegada del ritmo se siente como la culminación de lo anterior.
La poesía aporta estructura y riesgo
El maqam iraquí recurre a la poesía árabe clásica y al verso coloquial. Incluso sin saber árabe se puede oír la sintaxis en acción. Los versos tienen finales. Ciertas vocales invitan a prolongar el sonido. Las palabras repetidas ganan fuerza emocional porque el cantante las ha retrasado o retomado. El qari puede tratar un pareado como materia dramática, no como un texto neutro que deba recitarse con corrección.
El poema vincula además la interpretación musical con el criterio literario. Un público experimentado reconoce el verso, su registro y la inteligencia de la elección. Esto ayuda a explicar por qué el maqam prosperó en lugares donde conversación, recitación y escucha podían compartir una sala. La historia de los cafés importa no porque el local resultara pintoresco, sino porque ese espacio social premiaba el dominio del lenguaje y la memoria.
Evite la fácil afirmación de que el maqam ha permanecido inalterado durante siglos. Los repertorios conservan saberes antiguos, pero los cantantes aprenden de maestros vivos, responden a los micrófonos, acortan programas, trabajan con conjuntos institucionales y actúan para públicos con expectativas distintas. La continuidad es una conquista lograda mediante el cambio.
Yusuf Omar y la escala de una interpretación completa
Yusuf Omar ofrece una de las puertas de entrada más claras al maqam iraquí del siglo XX. Sus grabaciones preservan la paciencia de la forma. Puede comenzar con una frase en apariencia estrecha y aumentar su peso mediante pequeños cambios de ornamento, registro y dicción. La voz parece habitada, no solo hermosa.
Escuche una interpretación larga antes de probar fragmentos aislados. Observe cuándo entra el conjunto, cuándo se retira y cómo el cantante marca una nueva etapa sin anunciarla. Un retorno puede parecer inevitable solo porque lo han preparado veinte minutos anteriores. Por eso un fragmento de tres minutos en una recopilación puede tergiversar la forma aun cuando el fragmento sea auténtico.
Muhammad al-Qubbanji ofrece otra selección histórica fundamental. Su carrera vinculó el arte del maqam con la grabación y la proyección internacional a comienzos del siglo XX. Compararlo con Yusuf Omar revela que la tradición no borra el carácter personal. El repertorio crea el terreno común; la voz, el tiempo y el camino elegido crean al individuo.
Farida Mohammad Ali es importante no como una excepción añadida a una historia masculina, sino como una qari formidable cuya obra permite estudiar la propia interpretación. Con el Iraqi Maqam Ensemble aporta un registro grave poderoso, una proyección textual cuidada y un dominio imponente del movimiento por las formas largas. Las grabaciones del conjunto permiten asimismo oír el santur y la jawzah como interlocutores activos.
Empiece por un maqam completo, no por un fragmento promocional. Escuche cómo establece su autoridad antes de buscar intensidad. En los pasajes más rítmicos, su precisión mantiene claras las palabras. Su obra corrige además un problema común de los archivos: las mujeres participaron en la vida musical iraquí desempeñando múltiples funciones, pero los catálogos públicos y las historias retrospectivas no las han conservado con la misma atención.
Una sola artista no puede resolver la representación. Farida Mohammad Ali proporciona, en cambio, una intérprete identificada, una interpretación concreta y un conjunto audible de decisiones a partir del cual ampliar la escucha, no repetir una consigna.
Nazem al-Ghazali abre otro camino
Nazem al-Ghazali llevó su conocimiento de la tradición vocal iraquí a canciones cuya escala y franqueza se adaptaban a la radio, los discos y un amplio público árabe. Sus grabaciones célebres suelen ser más breves y melódicamente inmediatas que un fasl completo. Esa diferencia no constituye una decadencia. Muestra cómo un músico puede trasladar la autoridad vocal a otro medio.
Escuche «Fog el-Nakhal» o «Ya Um al-Uyun al-Sud» por la dicción, el vuelo melódico y la manera en que la orquesta enmarca al cantante. Regrese después a una interpretación de maqam más larga. La conexión reside en el fraseo y la cultura vocal, mientras que las estructuras y funciones públicas difieren. Mantener ambas verdades evita la falsa disyuntiva entre integridad clásica y comunicación popular.
Una manera práctica de seguir un maqam
En la primera escucha, no intente identificar los modos. Atienda a la curva emocional y dinámica. En la segunda, señale las pausas del qari y las respuestas del conjunto. En la tercera, siga las palabras repetidas del poema. En la cuarta, concéntrese en la llegada del pulso y la canción final. Solo después de estas escuchas conviene dar prioridad a la terminología.
Este método transforma la duración en placer. En vez de esperar a que ocurra algo, se empieza a oír cómo se construye la expectativa. El maqam iraquí recompensa una atención semejante a la que se prestaría a una larga improvisación de jazz, una interpretación de raga o una escena de ópera, sin perder por ello su singularidad.