Capítulo 06
Pinoy rock, hip-hop y P-pop siguen reescribiendo la OPM
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En la década de 1990, la banda de guitarras se convirtió en una imagen central de la cultura juvenil filipina. «Ang Huling El Bimbo», de Eraserheads, empieza con un recuerdo y crece hasta formar una historia larga y devastadora, cuyo desenlace golpea con más fuerza gracias a la accesibilidad melódica. La banda podía sonar desenfadada, divertida y conversacional, y después convertir un detalle cotidiano en un canto colectivo nacional. Su éxito no creó el Pinoy rock de la nada; dio a una nueva generación su referente central.
En qué fijarse al escuchar
«Banal na Aso, Santong Kabayo», de Yano, utiliza sátira, impulso acústico y un motivo vocal repetido para denunciar la hipocresía cotidiana. El arreglo es lo bastante sobrio para que las palabras lleguen de inmediato. Rivermaya, Wolfgang, The Dawn, Teeth, Barbie's Cradle y muchos otros abrieron caminos distintos en el rock, mientras las escenas locales de punk, metal y música subterránea permanecían menos visibles en la televisión nacional.
La lengua volvió a importar. Las letras en filipino podían transmitir el humor y el fastidio político de manera distinta al inglés, mientras las bandas alternaban libremente entre ambos. El rock cebuano se desarrolló en paralelo; Baguio y otras ciudades universitarias mantuvieron sus propias redes. La expresión Pinoy rock agrupaba un mercado y una identidad, no un único tono de guitarra.
El rap convierte la densidad verbal en argumento público
El hip-hop filipino creció a través del baile, la cultura de los DJ, el rap en inglés y filipino y unos vínculos estrechos con Estados Unidos. Francis M situó el nacionalismo y el comentario social en el centro de la visibilidad del rap mayoritario. Más tarde, Gloc-9 se hizo conocido por su escritura narrativa de gran densidad. «Sirena», con Ebe Dancel, cuenta una vida queer mediante versos rápidos y de articulación precisa y un estribillo melódico que amplía el alcance emotivo de la canción.
La pieza demuestra el poder documental del rap y también sus límites. Un narrador puede volver íntima la discriminación, pero ninguna canción representa todas las experiencias queer filipinas. En lo musical, importa el dominio de la velocidad: Gloc-9 encaja los detalles en la estrofa sin perder inteligibilidad, mientras el estribillo de Dancel deja respirar la historia.
El hip-hop contemporáneo incluye hoy múltiples acentos regionales, producción trap, historias de batallas de rap y artistas como Shanti Dope, Hev Abi y numerosos colectivos independientes. Los productores son cada vez más visibles como autores de las bases, no como técnicos invisibles. La precisión narrativa de Gloc-9 es una entrada a un ámbito que rebasa ampliamente a cualquier artista individual.
La intimidad indie y el alcance del P-pop no son opuestos
«Mundo», de IV of Spades, envuelve el anhelo en un arreglo de banda de aire retro, con bajo y guitarra trazando un movimiento cálido y circular en torno a la voz. «Kathang Isip», de Ben&Ben, emplea textura acústica, empaste vocal y un desarrollo gradual para convertir el amor imaginado en un estribillo multitudinario. Estas grabaciones muestran por qué la OPM contemporánea suele valorar la intimidad melódica incluso en recintos de gran capacidad.
El P-pop constituye una industria y un campo interpretativo más específicos, influidos por los sistemas coreanos y globales de grupos de ídolos, pero modelados por la composición, las lenguas, la formación y las comunidades de seguidores filipinas. «MAPA», de SB19, se dirige a los padres mediante un título que combina mama y papa. La armonía del grupo y un arreglo de balada ascendente convierten la gratitud en sentimiento colectivo. «Maharani», de ALAMAT, incorpora la identidad multilingüe y regional a un pop pulido, mientras «Pantropiko», de BINI, transforma un pulso luminoso y relajado y una interpretación coordinada en un enorme estribillo estival.
No conviene reducir estos grupos a la prueba de que el pop filipino puede imitar el K-pop. Sus diferencias se oyen. SB19 construyó un relato deliberado sobre el trabajo y la relación con sus seguidores; ALAMAT sitúa en primer plano las lenguas filipinas y las referencias culturales; BINI se apoya en la precisión, el encanto y la inmediatez melódica. Las comunidades de seguidores forman parte de la infraestructura musical: traducen letras, comparten actuaciones y llevan las canciones a través de las fronteras.
«Multo», de Cup of Joe, marca un hito de Baguio en 2025. La banda convierte la imagen de un fantasma en una ausencia emocional persistente y utiliza un desarrollo gradual y un estribillo liberador para hacer comunitario el desasosiego privado. La permanencia en las listas no es una medida de calidad, pero la canción muestra cómo una banda ajena a Manila puede convertirse en centro nacional de escucha.
«Para Nimo», publicada en 2026 por Oh! Caraga, da al panorama contemporáneo un centro bisaya. Una canción de una banda arraigada en Cagayán de Oro revela más del archipiélago que un cuarto artista consecutivo de la industria de Manila, y su valor reside en el lugar, la lengua y la composición, no solo en su novedad.
El mapa de la música en directo es mayor que un solo distrito
Metro Manila sigue siendo un gran centro de la industria, con el Cultural Center of the Philippines, el Metropolitan Theater, espacios universitarios, recintos de gran capacidad y salas independientes. Las programaciones vigentes importan porque los locales abren, se mudan y cambian su oferta. Cebú, Baguio, Dávao, Iloílo y otras ciudades necesitan carteleras propias, no un párrafo que mande a todas las bandas a viajar a la capital.
Las comparaciones entre épocas pueden volver más nítidas las diferencias sin inventar genealogías. Escuche las partes de SB19, distribuidas con precisión, después de un conjunto de kulintang y perciba dos ideas muy distintas de coordinación. Escuche Ben&Ben después de una rondalla y atienda a cómo las cuerdas pulsadas sostienen el canto colectivo. Escuche Gloc-9 después del Hudhud, no porque el rap descienda de la épica ifugao, sino porque ambos exigen memoria, dominio verbal y un público dispuesto a seguir una historia larga.