Capítulo 06
De los cancioneros y la radio al rock, el pop y los nuevos circuitos
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La historia costarricense de la música de concierto y grabada ofrece otra ruta por el siglo XX. Los cancioneros impresos, las bandas militares, los conservatorios, las orquestas de radio, los tríos y los teatros dieron proyección pública a compositores e intérpretes. La Biblioteca Nacional conserva obras de decenas de compositores desde finales del siglo XIX. La Fonoteca Nacional añade entrevistas, grabaciones, fotografías, partituras y los nombres de estudios y salones de baile.
La canción de concierto y el escenario
La canción de concierto costarricense se desarrolló por medio de compositores como Alejandro Monestel, Julio Fonseca, Dolores Castegnaro, Julio Mata, Félix Mata, Rocío Sanz, Ricardo Ulloa, Benjamín Gutiérrez y Luis Diego Herra. Un buen punto de partida es la colección de dieciocho canciones para voz y piano de Julio Fonseca. El formato revela cómo el texto y el acompañamiento pianístico dieron forma a una tradición urbana de concierto, distinta tanto del baile de marimba como de la orquesta tropical.
La Orquesta Sinfónica Nacional, el Centro Nacional de la Música, las escuelas universitarias y el Teatro Nacional siguen siendo importantes. Sus programas incluyen el canon internacional, estrenos costarricenses, música de cámara, obras corales y teatro lírico. Para 2026, el Teatro Nacional anunció más de cuatrocientas actividades, entre ellas Música al Atardecer, Martes Líricos, Teatro al Mediodía y programas de extensión regional. Estas instituciones no abarcan toda la escena, pero permiten un acceso constante a la música compuesta.
Éditus, un trío fundado por músicos costarricenses, tiende un puente entre el virtuosismo de cámara, el jazz y el repertorio latinoamericano. Escuche «Calle del viento» junto a un arreglo de concierto como «Alfonsina y el mar». La cuestión no es la pureza de género. Atienda a la precisión del conjunto: la línea del violín, la armonía de la guitarra o el teclado, el color de la percusión y la forma en que el arreglo abre espacio para un fraseo de aire improvisado.
El siglo de los cantautores
La canción popular y de compromiso social ocupa el espacio intermedio entre la sala de conciertos y el club de rock. El repertorio de Cantoamérica une la investigación afrocostarricense con la escritura para conjunto. María Pretiz trabaja con letras cuidadosamente elaboradas, piano o guitarra y arreglos que recompensan la atención al detalle musical; comience con «Jardines» y «Cuando digas viento». Carlos Guzmán ha compuesto para ámbitos populares, corales y de concierto. Malpaís, dirigido artísticamente durante años por el fallecido Fidel Gamboa e integrado por músicos como Jaime Gamboa y Manuel Obregón, llevó la imaginería de Guanacaste, la formación jazzística de sus intérpretes y el oficio del cantautor a un amplio público nacional.
Malpaís es importante porque la banda no se limitó a añadir una muestra sonora de marimba al rock. Sus canciones construyeron paisajes mediante personajes, lenguaje, color armónico y conversación instrumental. Empiece con «Presagio», «Más al norte del recuerdo» o «Contramarea». Después vuelva a Guadalupe Urbina. La diferencia entre sus voces impide que «inspirado en Guanacaste» se convierta en un único estilo.
El rock encuentra su propio lenguaje
José Capmany y la banda Café con Leche ayudaron a consolidar el rock en español como espacio para la creación local. Capmany podía transformar el humor, la vida urbana y el repertorio conocido en canciones eléctricas. Escuche «¿Cuándo?» y «El Barco», y después su versión de «De la caña se hace el guaro». Esta última resulta útil precisamente porque hace visible el acto de reinterpretar: una canción tradicional muy conocida entra en el arreglo de un músico de rock.
Gandhi pertenece a una generación posterior, con un sonido de banda más pesado y pulido. «Al son del dolor», «Aire» y «Boicot» ofrecen tres vías de entrada. La guitarra eléctrica y la batería aportan amplitud sonora, pero la identidad de la banda también reside en la interpretación vocal, la progresión dinámica y unos conciertos cuidadosamente puestos en escena. El rock costarricense continúa más allá de estos dos nombres en escenas de punk, metal, ska, indie y música experimental, cada una con sus propios espacios y públicos.
Híbridos bailables y voces independientes
Las décadas de 2000 y 2010 produjeron bandas que se desplazan con soltura entre categorías heredadas. Sonámbulo Psicotropical emplea metales, capas de percusión, bajo y teatralidad en piezas como «Afrujo», «Afroparce» y «1807 Amor de cafetal». Los arreglos son densos y eficaces: frases breves responden a la voz, los patrones de percusión se superponen y el pulso puede cambiar de dirección sin perder a quienes bailan.
Cocofunka combina funk, reggae, rock y canción pop de autor. Comience con «Aunque Llueva» y «Baila Madre Tierra». Passiflora, con Mariana Echeverría al frente, propone una ruta indie más acústica y multilingüe; «Music of the Spheres» y «Montaña» muestran el contraste. Estos grupos deben escucharse como proyectos de autor, no como prueba de que Costa Rica fusiona de manera natural todos los géneros tropicales.
Debi Nova representa una carrera de pop transnacional basada en la composición, los teclados, la voz y la colaboración internacional. «Cenizas y perlas», «Bola de cristal» y «Bailar así» muestran distintos equilibrios entre intimidad y producción pulida. Su éxito pertenece a esta historia sin convertir la visibilidad comercial en medida de importancia.
El jazz y la creación electrónica actuales cuentan con referentes institucionales claros. La primera edición del 506 Jazz Fest se celebró en cinco escenarios en noviembre de 2025. SONOGRAMA, en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, llevó sintetizadores, instrumentos acústicos y dispositivos construidos por artistas a los espacios industriales del museo. Las fechas de los festivales cambian; su valor reside en revelar redes de músicos y organizadores que los oyentes pueden seguir en la temporada siguiente.