Capítulo 03
Cuatro compositores, cuatro problemas distintos
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Bedřich Smetana, Antonín Dvořák, Leoš Janáček y Bohuslav Martinů suelen presentarse como un equipo de relevos que llevó la identidad checa hasta la sala de conciertos. Su música resulta mucho más interesante cuando se abandona esa imagen del relevo. Cada uno trabajó en un entorno político y musical diferente. Cada uno mantuvo una relación propia con la lengua, la región, el teatro, los materiales folclóricos y la carrera internacional.
La ópera de Smetana La novia vendida se convirtió en símbolo del teatro en lengua checa, pero es también una ópera cómica construida con gran precisión. Escuche la obertura por su vertiginosa energía contrapuntística y después la «Danza de los comediantes» por su color orquestal y su impulso físico. La recepción nacional de la obra no debería ocultar su oficio.
Má vlast, y en especial «Vltava», es otro emblema conocido. El tema del río se ha utilizado tantas veces que puede parecer inevitable. Escuche, en cambio, la orquestación: dos flautas forman el manantial, las texturas se acumulan, se suceden episodios de danza y paisaje, y el río entra en Praga. La obra crea geografía mediante el sonido; no documenta una esencia nacional intemporal.
Dvořák escucha el movimiento al otro lado del Atlántico
Dvořák compuso sus Danzas eslavas para piano a cuatro manos y las orquestó después de su éxito. Evocan tipos de danza, pero son obras de concierto, no grabaciones de campo. Compare el perfil rítmico de un furiant con una interpretación de danza social. La distancia entre ambos permite oír el trabajo de la composición.
En Estados Unidos, Dvořák escribió la Sinfonía del Nuevo Mundo y animó a los compositores estadounidenses a tomarse en serio las músicas afroamericana e indígena. Su postura tuvo importancia histórica, pero la sinfonía no debe describirse como una transcripción de espirituales ni de melodías indígenas. Escuche el tema del corno inglés, la invención rítmica y la arquitectura orquestal sin perder de vista el debate estadounidense que la rodeó.
La orquestación de Dvořák recompensa la escucha por secciones. En el movimiento lento de la Novena Sinfonía, comience por los acordes de los metales graves que preparan el corno inglés; su oscuridad altera la aparente sencillez del tema. En una segunda audición, siga las cuerdas bajo la melodía y observe cómo el material que regresa adquiere otra escala emocional. En el scherzo, anteponga el ritmo a la melodía y perciba cómo los episodios contrastantes interrumpen el avance. El mismo método funciona en el Concierto para violonchelo: siga primero el argumento del solista y después las maderas que le responden. La generosidad melódica de Dvořák puede hacer que la estructura parezca fácil; escuchar deliberadamente las voces de apoyo devuelve a primer plano el oficio del compositor.
Janáček convierte el habla en tensión
Janáček escuchaba con obsesión la inflexión del habla y anotaba breves «melodías del habla» en cuadernos. También recopiló canciones moravas. Ninguna de las dos prácticas significa que sus óperas sean transcripciones cifradas de conversaciones corrientes. En Jenůfa, Káťa Kabanová y La zorrita astuta, los motivos breves, las figuras repetidas y los cambios orquestales abruptos hacen audible la presión psicológica.
La Sinfonietta se abre con fanfarrias de metales que pueden sonar monumentales y después avanza por texturas nerviosas y brillantes. La Misa glagolítica une un texto en antiguo eslavo eclesiástico con un lenguaje orquestal y organístico de feroz individualidad. La identidad morava de Janáček importa, pero su modernismo no puede archivarse bajo la etiqueta de folclore.
Martinů lleva Polička al exilio
Martinů creció en la torre de la iglesia de Santiago de Polička, estudió en Praga, vivió en París, huyó de Europa durante la Segunda Guerra Mundial y trabajó en Estados Unidos. Su biografía hace imposible encajarlo en una nacionalidad sin matices. La lejanía del hogar se filtró en sus cartas y en sus obras sin producir un único estilo del exilio.
Pruebe el Doble concierto para dos orquestas de cuerda, piano y timbales por su concentrada tensión de preguerra, y después la Sinfonía n.º 4 por su luminosidad rítmica y su claridad estructural. La pasión griega pertenece a otro mundo teatral y moral. Martinů podía absorber jazz, neoclasicismo, memoria de las danzas checas y técnica orquestal moderna sin convertirse en un collage de influencias.
El canon necesita otras salas
La breve carrera de Vítězslava Kaprálová produjo música orquestal y de cámara de notable seguridad antes de su muerte en 1940. Gideon Klein, Pavel Haas, Hans Krása y Viktor Ullmann compusieron bajo persecución; varios fueron asesinados tras su encarcelamiento en Terezín. Miloslav Kabeláč desarrolló un potente lenguaje de posguerra en condiciones institucionales difíciles. La composición checa contemporánea incluye a muchas mujeres y artistas experimentales que desaparecen en los resúmenes limitados a cuatro nombres.
El remedio práctico es sencillo. Por cada obra célebre, añada un compositor que modifique el mapa del período. Después de una ópera de Smetana, escuche la Sinfonietta militar de Kaprálová. Coloque a Janáček junto a Haas. Oiga a Martinů al lado de Kabeláč. El canon se vuelve más musical en cuanto deja de ser tan ceremonial.