Capítulo 04
Dhofar, al-bar'ah y el sonido de la qassaba
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Dhofar no es un adorno meridional
El clima monzónico de Dhofar, sus cadenas montañosas, su costa y sus lenguas sudarábigas modernas lo distinguen del interior y del norte. Salalah es su mayor centro público, pero el al-bar'ah y otras prácticas relacionadas pertenecen a comunidades repartidas por los valles montañosos. Un escenario nacional puede presentarlas como patrimonio omaní; quien escucha debe seguir percibiendo su gramática regional.
En el al-bar'ah, un semicírculo de hombres y mujeres canta y da palmas mientras dos hombres con khanjar ejecutan movimientos medidos. El círculo no es un público situado detrás de dos solistas. Su frase vocal repetida y sus palmas marcan los tiempos de los bailarines. La coordinación importa más que la aparente sencillez de cada paso.
La inscripción de la UNESCO de 2010 registra el reconocimiento comunitario y las labores de salvaguardia. No establece una única versión autorizada. Las distintas tribus conservan patrones de tambor, elecciones poéticas y movimientos diferentes. Antes de presentar un ejemplo como típico, hay que averiguar qué grupo actúa.
La qassaba traza una línea luminosa sobre los tambores
La qassaba es una flauta fundamental en varias formas dhofaríes. Su timbre concentrado y sostenido por el soplo se mantiene audible sobre los tambores kasir, rahmani y de marco porque el instrumentista dirige la energía hacia el registro agudo. Las figuras breves se repiten con ornamentos en vez de desarrollarse como un largo solo lírico.
La entrada de la flauta transforma el espacio sonoro. El canto y las palmas crean un campo colectivo amplio; la qassaba hace sobresalir de pronto una sola línea. El flautista puede sostener una nota mientras los tambores siguen articulando el movimiento y quebrarla después con un giro rápido.
El instrumento aparece asimismo en prácticas vinculadas al sharh. Una instrumentación semejante no vuelve equivalentes el sharh y el al-bar'ah. La secuencia, la poesía, la formación de danza y la ocasión definen la forma tanto como la flauta.
Los tambores graves y agudos coordinan el retorno
El rahmani aporta peso grave, mientras el kasir articula un estrato más rápido. Los tambores de marco y las palmas suman nuevos ataques. El conjunto no se limita a tocar más fuerte a medida que crece la intensidad. Los intérpretes modifican la densidad sin perder el punto en que bailarines y coro vuelven a coincidir.
Puede seguirse solo el golpe más grave durante un ciclo y desplazar después la atención al tambor más pequeño. Los dos patrones quizá parezcan independientes hasta que el final de una frase los encaja. Ese instante de alineación es la arquitectura que sostiene el movimiento visible del khanjar.
En una toma cercana, los tambores más agudos pueden dominar. Al aire libre, el grave se siente físicamente, mientras la qassaba atraviesa el espacio. Quien escucha también debe aprender a interpretar esa diferencia de perspectiva.
Haryabuh, sharh y bar'ah revelan una secuencia dhofarí
El conjunto de Hadid bin Shamsah figura en dos grabaciones distintas: «Haryabuh (súplica por un regreso seguro)» y «Sharh (cantos de felicidad)». Los títulos ya advierten contra la reducción de Dhofar a un único estado de ánimo. La súplica repetida imprime tensión a «Haryabuh»; «Sharh» cambia el pulso y el ataque vocal sin dejar de pertenecer al mismo ámbito regional.
«Bar'ah (danza juvenil)», de Firqat Khalfan, completa la comparación. La grabación, más breve, concentra qassaba, tambores, canto y movimiento. Escuchar las tres piezas consecutivamente dice más que una lista de géneros dhofaríes, pues permite comparar finalidad, densidad y cierre de frase.
En Dhofar conviven el árabe y lenguas sudarábigas modernas como el shehri o jibbali y el mehri. La lengua de una canción influye en las vocales, el metro poético y quién recibe el texto como una expresión íntima. Traducirlo todo como «canto dhofarí» elimina información que la voz está transmitiendo.
La recitación poética en jibbali filmada de Khalid Ahmed al-Kathiri permite escuchar directamente esa lengua. El ámbito melódico es reducido, pero la duración de las vocales, la respiración y el énfasis en las palabras finales confieren musicalidad a la interpretación. Escucharla junto a las grabaciones de conjuntos recuerda que el sonido de Dhofar reside tanto en la voz poética como en la qassaba y los tambores.
Los artistas contemporáneos pueden transitar entre la memoria en lenguas locales, la canción popular árabe y los escenarios institucionales. Ese tránsito es una decisión artística, no prueba de que la práctica regional esté desapareciendo.
Salalah presenta juntos el patrimonio y la música comercial
Los programas de festivales estacionales, centros culturales y celebraciones públicas de Salalah pueden incluir conjuntos dhofaríes, cantantes del Golfo y artistas de gira. El programa cambia cada año. Quien visite la ciudad debe consultar el calendario oficial y distinguir una presentación ceremonial de cinco minutos de una secuencia social completa.
Antes de acudir, conviene escuchar una actuación documentada de al-bar'ah que identifique al grupo y compararla después con una grabación de sharh dirigida por la qassaba. Durante el acto pueden seguirse la voz principal, el coro, la flauta y la división entre tambores graves y agudos. Estas cuatro funciones permiten reconocer la estructura musical incluso en una presentación breve.
Dhofar merece algo más que un tratamiento paisajístico porque su sonido transforma el mapa musical de Omán. La flauta, la lengua, el ritmo y la formación revelan un centro meridional con criterios propios.