Capítulo 06
Voces de estudio, circuitos de rock y un futuro en quechua
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El siglo XX discográfico del Perú produjo voces que el público internacional oyó a menudo sin entender el panorama musical nacional que las rodeaba. Yma Sumac es el ejemplo más claro. Su extraordinario registro y su presentación en la era de Hollywood la convirtieron fuera del país en emblema de un esplendor inca imaginado. En «Gopher Mambo», los saltos vocales, gruñidos, agudos luminosos y exotismo orquestal crean un teatro deliberado. El disco no es un documento de campo andino. Es una sofisticada interpretación de estudio de una cantante peruana que se abría camino en la industria mundial del espectáculo.
En qué fijarse al escuchar
Chabuca Granda recorrió otra ruta al convertir la canción compuesta en literatura moderna de Lima. Susana Baca llevó después la investigación y el repertorio afroperuanos a sellos y escenarios internacionales. Eva Ayllón hizo del dominio vocal y la precisión rítmica el centro de una gran carrera popular. Arturo «Zambo» Cavero y Óscar Avilés formaron una pareja decisiva de voz y guitarra. Estas trayectorias se superponen, pero no componen una sola línea patrimonial. La industria musical peruana abrió espacios de manera desigual, y el reconocimiento internacional llegaba a menudo por mediadores distintos de los que otorgaban la fama nacional.
La historia del rock abre otra serie de piezas. Las grabaciones de Los Saicos de mediados de los años sesenta, en especial «Demolición», son célebres por su ataque crudo: voces gritadas, guitarra distorsionada y un ritmo que parece disfrutar destruyendo su propio marco. Traffic Sound combinó después los lenguajes del rock psicodélico y progresivo con la escena cosmopolita limeña. Miki González incorporó el rock, la nueva ola y referencias rítmicas peruanas a una larga carrera. No se trata de demostrar que el Perú inventó un género internacional, sino de escuchar a músicos locales utilizar formas globales con urgencia propia.
El quechua no espera fuera de la modernidad
Uchpa, encabezado por Fredy Ortiz, puso el quechua en el centro de un lenguaje de blues rock. En «Ananao», la guitarra eléctrica y el ritmo de rock no acompañan una cita ceremonial; forman el sonido propio de la banda alrededor de una voz en quechua. La combinación importa porque rechaza la expectativa de que una lengua indígena pertenezca solo a los instrumentos acústicos.
Liberato Kani prolonga ese rechazo mediante el hip-hop. El rap depende de la densidad verbal, el ritmo interno y la interpelación social, lo que convierte al quechua en un recurso compositivo activo. Su álbum Rimay Pueblo sitúa la lengua, la identidad y la experiencia urbana dentro de una forma hecha para argumentar. No necesita traducir cada verso al español para que se perciba el flujo. La cadencia transmite seguridad antes de que se entienda cada palabra.
«Kaykunapi» es la entrada más nítida a ese álbum. La base deja espacio para que las sílabas golpeen con claridad, mientras Kani cambia de velocidad sin tratar el quechua como un objeto patrimonial expuesto en una vitrina. Aquí la lengua no es una muestra patrimonial superpuesta al hip-hop, sino la materia con la que se construye el rap.
Renata Flores llevó el quechua a producciones de trap, pop y hip-hop desde Ayacucho. Su álbum de 2021 Isqun contiene nueve canciones en quechua y español y sitúa en el centro a las mujeres, la historia y la justicia. «Chañan Cori Coca» es una entrada sólida porque el bajo, el espacio electrónico y el fraseo del rap sostienen una imaginación histórica en lengua indígena sin vestirla de folclore. Flores suena joven porque hace música joven, no porque se haya maquillado una forma patrimonial para ponerla al día.
Milena Warthon utiliza la expresión pop andino para una práctica diferente. «Warmisitay», canción ganadora de la competencia folclórica de Viña del Mar en 2023, convierte referencias melódicas y visuales andinas en pop contemporáneo directo. Su voz es nítida y ocupa el primer plano, el estribillo está pensado para recordarse de inmediato y la producción trata la identidad como fuente de seguridad. Escucharla junto a Renata Flores revela dos estrategias distintas: rap narrativo y pop de estribillos amplios y pegadizos.
Los productores electrónicos trabajan dentro de un archivo rítmico
Novalima se formó en torno a la producción electrónica y los materiales rítmicos afroperuanos. «Machete» crece mediante la percusión, el bajo, las muestras y las capas de estudio. La pieza puede presentar un vocabulario rítmico al público de un club, pero también subraya la importancia de los créditos: cantantes, percusionistas y tradiciones de origen deben permanecer visibles junto a los productores. El mejor trabajo electrónico amplía la red de nombres.
Dengue Dengue Dengue aborda la cumbia, el bass music y la cultura visual psicodélica desde otro ángulo. «Simiolo» se sostiene en graves sintéticos, golpes breves de percusión y un motivo de aire tropical construido con medios digitales. El sonido del dúo pertenece tanto a los circuitos transnacionales de clubes como a Lima. Aquí la identidad peruana no es un paquete fijo de muestras. Es una negociación continua entre la memoria de la pista de baile, el software y la puesta en escena.
El rock independiente, el metal, el jazz, la composición experimental, la salsa, el reguetón y la música comercial regional tienen públicos nacionales. Lima concentra locales y medios, pero Arequipa, Trujillo, Cusco, Ayacucho, Huancayo, Iquitos y otras ciudades sostienen sus propias bandas y circuitos. Ninguna selección puede abarcar por completo ese panorama.
La colaboración «Yacumama» de Los Hijos de Lamas y EGalas, publicada en 2025, sitúa en el presente al San Martín vinculado con el pueblo kichwa. Su identidad regional importa precisamente porque la música peruana contemporánea no puede quedar representada por una canción pop genérica de Lima.
Escuchar el presente a través de instituciones y personas
Para una visita con música en directo, comience por los programas, no por las promesas. El Gran Teatro Nacional presenta grandes producciones escénicas y obras para conjuntos. Las agendas del Ministerio de Cultura incluyen conciertos gratuitos y proyectos en lenguas indígenas. Centros culturales, universidades, teatros municipales y salas independientes abarcan programas de jazz, rock, experimentación y tradición. En Ayacucho, los calendarios regionales vigentes pueden acercar al público a la guitarra, la danza y la creación en quechua; en el Cusco, las fechas festivas alteran todo el paisaje sonoro público; en Iquitos, los anuncios locales son indispensables.
El presente alcanza su mayor fuerza cuando cambia la interpretación del pasado. Renata Flores devuelve al oyente a la canción ayacuchana con una atención nueva a las mujeres y la lengua. Dengue Dengue Dengue lo devuelve a Los Destellos y la cumbia amazónica para descubrir qué ideas de guitarra y percusión sobrevivieron. Susana Baca conduce hacia Nicomedes y Victoria Santa Cruz, y más allá de la celebridad, hacia la práctica comunitaria. Un canon vivo no es una lista a la que se añaden nombres al final. Es un conjunto de grabaciones antiguas que se oyen de otro modo porque nuevos artistas han entrado en la conversación.