En qué fijarse al escuchar
Pantsula es una cultura de danza con historias propias en los townships negros, sobre todo alrededor de Johannesburgo. Los pies rápidos, las rodillas angulosas, los gestos y la precisión grupal dialogan con el bubblegum, el kwaito y el house, pero pantsula no es un único género musical. Un bailarín puede revelar una subdivisión que pasa inadvertida en una escucha casual. Los pies pueden retrasarse respecto de la caja, coincidir con un ataque de sintetizador o responder a una señal vocal. Ver a un grupo experto es, por tanto, una lección de microtemporización.
El house sudafricano se diversificó mediante DJ, cantantes y circuitos regionales. DJ Oskido y Kalawa Jazmee conectaron radio, sellos y clubes. Black Coffee construyó arreglos espaciosos de afro-house; Bucie, Zakes Bantwini, Busiswa, Simmy y Sun-El Musician aportaron distintos enfoques vocales y compositivos. Las corrientes de house de Limpopo emplean lenguas y energías de teclado propias. «Murahu» de Makhadzi y Mr Brown vuelve inseparables la voz en tshivenda, el impulso de llamada y respuesta y una producción luminosa de house. «Huku» de Sho Madjozi sitúa un fraseo en xitsonga sobre un pulso electrónico brillante, mientras el conjunto de su obra vincula la identidad de Limpopo, el rap multilingüe y el pop global sin tratar la cultura tsonga como disfraz.
El gqom surgió mediante productores, bailarines, taxis, clubes y redes de intercambio de archivos de la zona de Durban. Su ritmo suele parecer esquelético. Golpes pesados semejantes a bombos pueden llegar en agrupaciones irregulares; palmas y toms crean presión sin garantizar un bombo regular a negras; muestras vocales breves funcionan como percusión; el espacio vacío se vuelve amenazante o eufórico. «Ice Drop» de DJ Lag es una entrada nítida. Siga el golpe grave y observe después cuánto compás queda abierto. Distruction Boyz, Rudeboyz, Griffit Vigo, Citizen Boy y Menzi revelan otros diseños. Babes Wodumo y Busiswa muestran cómo las voces dominantes reorganizan el ritmo.
FAKA, el dúo escénico de Fela Gucci y Desire Marea, situó la corporalidad queer negra y una lengua nguni dentro de la música de club y el arte performativo. «Uyang'khumbula» no pide permiso para ser clasificada como activismo antes de poder funcionar como música. La voz, la repetición, la imagen corporal y la presión electrónica forman una sola declaración. La obra solista posterior de Desire Marea reúne gqom orquestal, jazz espiritual, posgóspel y prácticas de sanación en un catálogo singular. Nakhane transita por la composición con guitarra, el synth pop y un resonante registro agudo. Moonchild Sanelly convierte la sexualidad, el humor y la producción electrónica en autoría pop directa.
El amapiano se desarrolló mediante la producción y circulación en los townships de Gauteng antes de convertirse en una etiqueta global. Su aire de familia incluye teclados con color de jazz o góspel, sonajas, desarrollos pacientes, voces invitadas y el log drum: un sonido de bajo y percusión con altura definida cuyas notas deslizantes pueden funcionar como melodía y bombo. Entre los innovadores tempranos y paralelos figuran MFR Souls, JazziDisciples, De Mthuda, Vigro Deep y otros; Kabza De Small y DJ Maphorisa ampliaron el sonido mediante un vasto catálogo colaborativo. «Imithandazo» de Kabza De Small y Mthunzi, con DJ Maphorisa, Sizwe Alakine, Young Stunna y Umthakathi Kush, hace convivir la oración, el relevo vocal del conjunto y el movimiento del log drum.
El hip hop posee varios centros sudafricanos. Prophets of da City reunió turntablism, breakdance y rap político en inglés y afrikáans en Ciudad del Cabo. Artistas posteriores de Cape Flats desarrollaron linajes vernáculos en afrikáans; las escenas de Johannesburgo produjeron a Skwatta Kamp, HHP, ProVerb, Cassper Nyovest, AKA y un amplio campo independiente. HHP puso el setswana en primer plano dentro del motswako. Gigi Lamayne, Nadia Nakai, Dope Saint Jude y Dee Koala muestran distintas direcciones de autoría femenina. Spoek Mathambo, The Brother Moves On y BLK JKS cruzan hip hop, art rock, producción electrónica e improvisación sin necesitar un único género paraguas.
Las escenas guitarrísticas alternativas son igualmente plurales. The Flames y, más tarde, Rabbitt pertenecen a historias anteriores del rock; National Wake formó un ataque interracial de punk y reggae bajo el apartheid; Springbok Nude Girls y Fokofpolisiekar remodelaron el rock alternativo en inglés y afrikáans. BLK JKS llevó la guitarra angulosa y la polirritmia a escenarios internacionales. «Harpy» de Ruff Majik, publicada en 2018, abre una ruta pesada por el fuzz, el sludge y el metal psicodélico. Las lenguas indígenas, la electrónica urbana y la guitarra amplificada no son medidas rivales de modernidad. Son herramientas elegidas por sudafricanos contemporáneos.
La circulación digital ha globalizado las canciones sudafricanas y, al mismo tiempo, ha ocultado créditos locales. Un reto de baile puede separar un sonido de su productor, y las etiquetas amplias pueden llamar amapiano a cualquier grabación sudafricana de frecuencias graves. Los créditos completos devuelven a la música a cantantes invitados, productores y ciudades. La grabación íntegra revela además mucho más que el fragmento mínimo que circula en un vídeo para redes.