Capítulo 01
Cuatro maneras en que la música croata reúne a la gente
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Una buena introducción a Croacia necesita cuatro escenas, no un único himno. Primero, escuche a Klapa Luše cantar «Još ne mogu pristat volit». Una voz inicia la frase; las demás entran tan juntas que la armonía parece arquitectura. Segundo, busque una interpretación pública completa de ojkanje del interior dálmata. Las voces están más expuestas, el ámbito de alturas es más estrecho y la oscilación producida en la garganta no se puede confundir con el sonido pulido de un coro. Tercero, ponga «Zvira voda», de Lidija Bajuk. La melodía pertenece a una tradición septentrional de habla kajkaviana, modelada por mujeres cantoras y, más tarde, por arreglos firmados. Cuarto, escuche «Moja prva ljubav», de Haustor. Un ritmo con inflexiones de reggae, letras urbanas y una banda de nueva ola de la última etapa yugoslava traen Zagreb hasta el oyente.
En qué fijarse al escuchar
Estas cuatro escenas se valen de la música para reunir a la gente de maneras distintas. La klapa exige que sus integrantes equilibren las funciones de voz principal, tenor, barítono y bajo. El ojkanje pone a prueba el aliento, el timbre y la técnica local. Una canción de Međimurje puede ser solitaria antes de volverse comunitaria. Una grabación de rock congrega a sus oyentes mediante la radio, los clubes, los discos y un arreglo que puede reproducirse una y otra vez. Ninguna representa una Croacia más auténtica que las demás.
Costa, interior, península, llanura
Dalmacia comprende ciudades, islas y comunidades del interior cuyas historias están conectadas, pero no son idénticas. La klapa está estrechamente vinculada a la costa y las islas. El ojkanje y el nijemo kolo pertenecen al interior dinárico. Dubrovnik y la costa meridional aportan procesiones, el instrumento de arco lijerica y danzas como el linđo. La Moreška de Korčula incorpora la música a una tradición escénica de danza con espadas.
Istria es una península multilingüe donde las comunidades croata, italiana e istrorrumana han mantenido prácticas a dos voces emparentadas, aunque distintas. Las chirimías sopele, tocadas por parejas, pueden doblar o sustituir una voz; las sílabas del tarankanje imitan el sonido instrumental. Rijeka y Kvarner poseen tradiciones carnavalescas y trayectorias propias en el rock y la música alternativa.
La región de Međimurje, en el noroeste, es conocida por la popevka, una práctica de canto en la que históricamente han tenido un papel destacado las mujeres. Las palabras kajkavianas, la melodía íntima y los arreglos posteriores para címbalo, cuerdas, tambura o conjunto moderno crean un sonido del norte que en nada se parece a una postal dálmata. El este de Croacia —Eslavonia, Baranja y Srijem— aporta conjuntos de tambura, bećarac, danzas de aldea, festivales y una tradición singular de competición verbal improvisada.
Zagreb enlaza muchas vías mediante la radiodifusión, los sellos discográficos, los conservatorios, las orquestas, los clubes y la migración. Importa como infraestructura. No sustituye a las regiones cuyos artistas pasan por la capital.
La lengua cambia la línea musical
El croata estándar domina la radiodifusión nacional, pero las canciones incorporan variedades chakavianas, kajkavianas y štokavianas, dialectos de Istria, italiano, istrorrumano y lenguas minoritarias. Una vocal dálmata puede abrirse de otro modo dentro de un acorde sostenido de klapa. Las consonantes y el ritmo del habla kajkavianos influyen en cómo se asienta una frase de popevka. Tamara Obrovac emplea la lengua de Istria como material compositivo en el jazz, allí donde se encuentran sílaba, acento e improvisación.
Esta diversidad lingüística también complica los catálogos antiguos. Una grabación realizada en Zagreb durante el periodo yugoslavo puede tener como protagonista a un artista nacido en una isla, utilizar un dialecto regional y circular en un mercado mucho mayor que la Croacia actual. Lugar de nacimiento, lengua, sello discográfico y ciudadanía posterior responden a preguntas diferentes.
La bisagra histórica
Croacia pasó la mayor parte del siglo XX dentro de formaciones políticas más amplias: los territorios de los Habsburgo, el Reino de Yugoslavia, distintos regímenes durante la guerra y la Yugoslavia socialista. Después de 1945, la música popular circuló por la radio federal, los festivales, los sellos y los circuitos de giras. Los festivales de Zagreb, Split y Opatija contribuyeron a crear estrellas. Músicos de distintas repúblicas colaboraban y competían en un mismo mercado.
La disolución de Yugoslavia y las guerras de la década de 1990 cambiaron las instituciones, los públicos y el significado atribuido a las canciones. Algunos músicos se marcharon; otros interpretaron material patriótico o se opusieron al nacionalismo, y muchas trayectorias prosiguieron entre ambigüedades. La etiqueta de un género no revela la política de un artista. Las fechas y las palabras exactas importan.
Conviene empezar más cerca del cuerpo, con voces que producen ritmo antes de que entre un instrumento.