Capítulo 04
Suites andalusíes, poesía malhun y el Marruecos judío
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El al-ala despliega el tiempo de una nuba
La música andalusí marroquí, llamada a menudo al-ala, se desarrolló a lo largo de una extensa historia que vincula la península ibérica y el norte de África, así como cortes, ciudades, familias y conservatorios. Su gran principio formal es la nuba: una secuencia organizada mediante el modo, el texto poético, los cambios de medida rítmica y las secciones instrumentales y vocales. Un fragmento breve puede ser bello, pero la arquitectura se percibe mejor al escuchar varias secciones en orden.
Los conjuntos suelen incluir rebab, oud, kamenja o violín, qanun, percusión y coro, aunque la instrumentación varía. Las líneas de cuerda frotada y pulsada no se limitan a duplicar la voz: articulan el modo, responden a las frases y ayudan al conjunto a pasar de una etapa rítmica a otra. Las entradas del coro confieren un peso colectivo a la poesía.
Fez, Tetuán, Rabat y otros centros desarrollaron escuelas y conjuntos que conceden distinta importancia a cada repertorio. Abdessadek Cheqara, de Tetuán, es una voz septentrional imprescindible. Bent Bladi ofrece una primera escucha accesible: la ornamentación melódica y el impulso rítmico acercan una tradición urbana sin reducirla a entretenimiento ligero.
Para escuchar la arquitectura y no solo la canción más fácil de extraer, continúe con la grabación completa de Nûbâ Gharîbat al-Husayn, del Orchestre al-Brihi de Fès bajo la dirección de Haj Abdelkrim al-Raïs. Sus seis discos no obligan a terminar la obra de una sola vez. Siga un mîzân a través del preludio, las secciones cantadas y el desarrollo rítmico; retome después la escucha con el siguiente. La propia extensión enseña por qué una nuba no puede quedar representada por un fragmento decorativo de tres minutos.
Una nuba no es música de fondo para un patio
La imaginería turística suele situar la música andalusí entre azulejos y fuentes, como si la arquitectura explicara el sonido. El verdadero trabajo reside en la afinación, la memoria, la poesía y la coordinación colectiva. El cantante debe colocar los ornamentos sin perder la palabra; los instrumentistas han de mantener el carácter modal a lo largo de una secuencia extensa; la percusión cambia la relación del cuerpo con la frase.
Escuchar una orquesta de conservatorio puede resultar útil porque permite distinguir las partes y las transiciones. Un conjunto familiar o profesional más pequeño revela otro equilibrio, con timbres individuales menos absorbidos por una gran sección de cuerda. Compare el mismo material melódico en formaciones de ambos tamaños.
El término andalusí también puede presentar la historia como una simple supervivencia unidireccional desde la España medieval. Sin embargo, los músicos marroquíes han compuesto, transmitido y reorganizado el repertorio de manera continua. La forma pertenece a la historia musical norteafricana; no es un fósil llegado de otro lugar.
El malhun parte de la qasida
El malhun es poesía cantada en árabe marroquí y, en ocasiones, en hebreo, moldeada mediante la metáfora, la narración, la devoción, el humor y la observación social. La UNESCO lo inscribió en 2023 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El oud, el violín, el rebab y los pequeños tambores pueden acompañar el texto, pero la poesía sigue rigiendo la interpretación.
Una qasida puede abordar el amor, la comida, la naturaleza, la oración, acontecimientos políticos o un viaje imaginario. El cantante debe hacer inteligibles largas estructuras verbales y emplear el retorno melódico y la declamación teatral para guiar al público. Los pasajes instrumentales enmarcan el poema en vez de competir con él.
Haj Houcine Toulali, vinculado a Mequinez, es una gran voz del malhun. Ya Ahl Allah ofrece un primer encuentro con la intensidad devocional y una declamación mesurada. Siga las consonantes y observe cómo el conjunto espera cada verso. La traducción ayuda, pero incluso sin ella se percibe cómo la poesía controla el tiempo musical.
La voz de Zohra El Fassia encarna una ciudad compartida
Los músicos judíos marroquíes tuvieron una participación decisiva en el malhun, el chaabi, la música andalusí y la canción popular grabada. Zohra El Fassia, nacida en Marruecos y establecida más tarde en Israel, fue una de las voces femeninas más importantes del siglo XX en la canción árabe marroquí. Hak A Mama conserva la interpelación directa y la autoridad ornamentada que permitieron a sus grabaciones circular entre comunidades.
Su biografía pone en cuestión cualquier intento de separar la música judía de la música marroquí. Fue una artista judía marroquí cuyo repertorio perteneció a un mercado urbano compartido. La migración cambió la geografía de sus actuaciones sin borrar la lengua, la memoria del público ni la gramática musical marroquí.
Escuche cómo entra en una frase, sostiene una vocal y perfila después una cadencia. La orquesta respalda una voz dominante en vez de relegarla detrás del despliegue instrumental. Sus grabaciones también recuerdan que las mujeres fueron estrellas, empresarias y creadoras de repertorio, no solo guardianas anónimas de la canción doméstica.
Sami Elmaghribi vuelve audibles el exilio y la pertenencia
Salomon Amzallag, conocido como Sami Elmaghribi, nació en Safi y construyó una carrera que abarcó Marruecos, Francia, Canadá e Israel. Su propio nombre artístico declara una identidad marroquí. Omri Ma Nensa es una elección apropiada porque un cantante cuya vida atravesó fronteras da voz en ella a la memoria y al arraigo.
Elmaghribi trabajó en el malhun, la canción popular y los repertorios litúrgicos. Su dicción y su fraseo orquestal deben situarse junto a los de cantantes marroquíes musulmanes, no en un apéndice separado sobre la diáspora. Al mismo tiempo, su labor institucional y devocional judía no debe borrarse bajo una afirmación vaga de convivencia.
Escuche a El Fassia y Elmaghribi junto a So Says the Bride, de Alicia Benassayag, incluido en Ballads, Wedding Songs and Piyyutim of the Sephardic Jews of Tetuan and Tangier, Morocco. La edición de 1983 sitúa la voz sin acompañamiento de una mujer identificada junto a piyyutim de Tánger, en vez de tratar el repertorio judío del norte como una nota al pie de la canción popular urbana. El español, la haketía, el hebreo y el árabe no remiten a un único repertorio: el Marruecos judío también es plural internamente.
Abdeslam Cherkaoui tiende un puente hacia la canción árabe moderna
La grabación de 1988 Morocco: Arabic Traditional Music reúne cuatro composiciones de Abdeslam Cherkaoui, quien también se acompaña con un oud de once cuerdas. El álbum distingue la música moderna l-asri de la música popular shaabi y, a la vez, muestra los recursos modales que comparten.
Cherkaoui evita que el recorrido termine en el repertorio heredado. Sus composiciones ponen en diálogo el oud, la voz y la forma moderna. Ya Hbibi malek sahi ofrece una entrada melódica directa, y las traducciones incluidas con el álbum hacen accesible el contenido poético sin pretender que una sola grabación represente a todo el Marruecos arabófono.
Escuche seguidos a Cheqara, Toulali, El Fassia, Elmaghribi y Cherkaoui. El resultado no es una continuidad patrimonial uniforme, sino un conjunto de instituciones urbanas, biografías religiosas, sistemas poéticos y carreras discográficas que se entrecruzan una y otra vez sin volverse idénticos.