Capítulo 06
Honiara y el circuito del Pacífico
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En un concierto de Honiara, la primera nota del bajo puede indicar al público qué mundo musical está llegando. Una línea redondeada de reggae invita al cuerpo a asentarse detrás del pulso. Un patrón de dancehall empuja hacia delante. Un cantante de R&B deja espacio alrededor de una frase aguda. Un rapero comprime el pijin en células rítmicas cortantes. Un productor retira todo el arreglo para dejar sola una frase vocal pegadiza y devuelve después la batería concebida para un gran sistema al aire libre.
En qué fijarse al escuchar
La escena de la capital es amplia porque Honiara es una ciudad de conexiones provinciales. Los músicos llevan lenguas e historias familiares de Malaita, Guadalcanal, Isabel, la Provincia Occidental, Choiseul, Makira, Temotu, Central y Rennell y Bellona. Los estudios convierten esas relaciones en pistas. Los conciertos sitúan a artistas locales junto a visitantes de Papúa Nueva Guinea, Vanuatu, Fiyi, Nueva Caledonia, Jamaica, Australia y Nueva Zelanda.
El reggae ocupa un lugar central, pero el «reggae salomonense» no es un solo ritmo. El bajo del roots, el lovers rock, el dancehall, el pop isleño, la producción electrónica de baile y el hiphop se solapan. Algunas canciones emplean pijin; otras, inglés o una lengua local. La armonía puede recordar el empaste de la iglesia o las bandas de cuerdas. La producción puede ser sobria y cálida o brillante y comprimida para los altavoces de un teléfono.
Onetox y el alcance de «Ramukanji»
«Ramukanji», de Onetox, se convirtió en una de las canciones emblemáticas de su época en el Pacífico. La trama rítmica es inmediata, el estribillo resulta fácil de retener y el empaste vocal da a la canción un impulso colectivo. Su alcance transfronterizo nació de la radio, los archivos copiados, las actuaciones y la circulación por internet. Oyentes de varios países del Pacífico la incorporaron a su propia vida social.
La pista demuestra que una banda de Honiara puede sonar arraigada en su lugar y abierta a la región. El reggae ofrece un marco compartido, mientras el acento, el fraseo vocal y la historia del público sitúan la interpretación. La popularidad no la convierte en una canción isleña genérica. El crédito de Onetox sigue siendo el punto de entrada.
Integrantes y colaboradores pasaron por grupos y proyectos posteriores. Esa fluidez es habitual en una escena pequeña pero activa: un cantante puede aparecer en una banda, un dúo, una colaboración y un equipo de producción. Seguir los créditos revela una red bajo los nombres de los artistas.
DMP convierte la colaboración en estructura
DMP, también conocido como Doorman’s Project, surgió en Honiara y llegó a convertirse en una de las bandas de reggae salomonenses más visibles. Sus álbumes van de Projectile y Square One a Wine Up, Life Is A Road Vol. 1 y Long Way Home. El catálogo une voces colectivas de gran calidez con roots reggae, ritmos isleños más rápidos y colaboraciones internacionales.
«Hustle Harder», creada con el artista jamaicano Anthony B, ofrece una entrada sólida. La colaboración no utiliza Jamaica como sello decorativo. Dos linajes de reggae se encuentran mediante identidades vocales alternadas y un lenguaje rítmico compartido. El vídeo y la canción conectan las calles de Honiara con un público de reggae más amplio sin ocultar el origen de DMP.
«Long Way Home», con Iyaz, y «One Life», con Demarco, prolongan el modelo. Las apariciones invitadas presentan la banda a públicos nuevos, pero su carácter de conjunto permanece en las armonías y las decisiones melódicas. El trabajo en directo de DMP añade otra dimensión: las voces que pueden superponerse en un estudio deben repartirse entre los intérpretes sobre el escenario.
JAHBOY, Jaro Local y la voz individual
«Babylove», de JAHBOY, sitúa una voz principal clara dentro de un marco relajado de reggae. Su catálogo va más allá de un solo subgénero e incluye versiones, canciones románticas y colaboraciones. «Island Moon», con Justin Wellington, y «LOYAL», con Jeeno y Baka Solomon, muestran cómo un cantante circula por el circuito regional de colaboraciones y grabaciones.
Jaro Local, nombre artístico de Jeremy Saeni, construye canciones alrededor de la lengua y el relato. «Dakini Tangarareh» ganó un premio del Pacífico y se convirtió en una carta de presentación ampliamente reconocida. La voz es melódica y directa, mientras el propio título pide a quienes no conocen la lengua que se acerquen a la canción en sus propios términos.
Su labor como fundador y organizador de Bonfire Festival amplía la función del artista. Programar un cartel y coordinar viajes, sonido, seguridad y patrocinio crea infraestructura para otros músicos. En Honiara, la construcción de una escena suele depender de intérpretes que también se convierten en promotores, productores y mentores.
La carrera de Jaro Local convierte el orgullo cultural en acción. Cantar en la propia lengua no significa retirarse de la ambición internacional. Proporciona a la pista un centro desde el cual viajar. El público puede responder al tono y la trama rítmica, mientras los oyentes locales reciben todas las capas de las palabras.
Sharzy conecta Simbo, Roviana y la región
La larga carrera de Sharzy comenzó en una banda y creció mediante álbumes, giras y composición multilingüe. Nacido en Simbo, con vínculos familiares que se extienden a Malaita, ha grabado en simbo, roviana, pijin, tok pisin e inglés. Esa amplitud refleja un público del Pacífico construido mediante relaciones, no un disfraz comercial.
«Ta’umai» ofrece un comienzo accesible. «Solwara Meri», «Aelan Wei», «Resa Meri» y «Dancing the Night Away» conducen por otros momentos de su catálogo. Sus melodías favorecen un centro firme y fácil de cantar, y los arreglos suelen dejar que el ritmo de la guitarra y la calidez vocal sostengan la pista.
La colaboración regional puede difuminar la geografía en los resúmenes amplios. El uso del tok pisin no convierte a Sharzy en artista de Papúa Nueva Guinea. Un invitado de Vanuatu no transforma una pista salomonense en música de Vanuatu. Los créditos de intérprete y obra permiten que la lengua compartida siga siendo un puente sin convertirse en un pasaporte equivocado.
Las mujeres pasan del coro y el grupo comunitario al centro del estudio
«Tutuani», de Sisiva, ofrece a una banda de Isabel liderada por mujeres una grabación popular perdurable. Relatos anteriores sobre la escena de Honiara describían cómo las cuatro mujeres alcanzaron popularidad regional y actuaron en Vanuatu. Su presencia importa porque las historias de bandas presentan con demasiada frecuencia a las mujeres como voces de acompañamiento o integrantes del público. Sisiva reclamó el crédito colectivo.
Rosie Delmah llegó a un público amplio mediante su versión reggae de «Hello». Es una versión de una obra ajena, y esa condición forma parte de su significado musical. Toma una melodía mundialmente conocida, cambia su cuerpo rítmico y sitúa una voz salomonense en el centro. Los carteles actuales de festivales en Honiara demuestran que su carrera no se reduce a un momento en internet.
MiYah trabaja en un entorno de estudio más reciente. «Rabisim Mi» lleva su voz principal a una mezcla pulida de reggae, pop y producción electrónica. «Lucky» y «Noghu Nama» prolongan esa dirección, mientras su obra de 2026 incluye «OFO NIGHO», con JayMos, y «Unpredictable», con Baka Solomon. La grabación en Shefram Studio la sitúa dentro de la misma red que sostiene a Onetox, DMP y Dehvande, a la vez que preserva su identidad como artista independiente.
Las mujeres también siguen siendo esenciales en grupos de góspel, coros, organizaciones culturales y enseñanza familiar. La visibilidad comercial es solo una medida del trabajo musical. El paso del micrófono de una iglesia a una cabina de estudio puede aportar control respiratorio y destreza armónica, pero una mujer no necesita una publicación pop para ser reconocida como música.
El hiphop de las Islas Salomón puede emplear inglés, pijin o frases en lenguas locales, cada una con posibilidades rítmicas distintas. El pijin comprime algunas ideas en células rápidas y permite que el habla familiar transmita humor o desafío. Un rapero puede adelantarse a una línea de bajo de reggae, cabalgar un patrón de trap o alternarse con un estribillo cantado.
«What Na U Saveh?», de Baka Solomon, ofrece un ejemplo en pijin con inflexiones de rap. El título es conversacional y punzante. La producción deja espacio al ritmo verbal, mientras el estribillo da a la pista una arista social y repetible. Sus colaboraciones con JAHBOY, Sean Rii y otros artistas muestran que el rap está integrado en la escena de estudios más amplia. «Unpredictable», creada con MiYah y publicada en marzo de 2026, reúne a dos artistas que ya participaban en esa red.
Artistas como 56 Hop Rod y otros intérpretes jóvenes de Honiara llevan el rap a carteles de festivales donde también figuran roots reggae, pop isleño y homenajes a bandas de cuerdas. Las fronteras entre géneros son etiquetas prácticas para los oyentes; los intérpretes las cruzan dentro de un mismo concierto. Un DJ puede hacer fluidas esas transiciones.
La producción electrónica es una sala de instrumentos
Un estudio digital puede contener pocos instrumentos acústicos y seguir exigiendo pensamiento de conjunto. El productor elige los ataques de la batería, afina el bajo, superpone voces y decide cuánto espacio queda alrededor de una frase. Las muestras y los instrumentos de software se convierten en partes con responsabilidades definidas. Una buena producción hace respirar el arreglo aunque cada sonido pueda colocarse sobre una cuadrícula.
La mezcla de electrónica y reggae de MiYah, los festivales dirigidos por DJ y las publicaciones actuales de pop muestran esta práctica. Sean Rii y Dezine transitan por reggae, dancehall, afrobeats, R&B y pop, y adaptan el tono vocal a cada producción. El catálogo de Small Jam conecta a antiguos cantantes de Onetox y DMP con canciones de estudio compactas y de amplia circulación.
Small Jam y una canción que viajó por el mundo
Small Jam reunió a Mosten Hani y Heston Kiu, procedentes de la red de DMP y Onetox. Canciones como «December», «Reggae Party» y «Cheater’s Song» consolidaron el dúo antes de la colaboración con el artista de Papúa Nueva Guinea Justin Wellington.
Su versión de «Iko Iko (My Bestie)» se convirtió en un éxito internacional. La canción subyacente posee una historia fuera de las Islas Salomón, de modo que el mérito reside en esta interpretación y este arreglo, no en reclamar la autoría original. La pista une la voz principal de Wellington con la energía vocal de Small Jam, arraigada en el Pacífico, y una producción ligera y bailable, adecuada para circular en vídeos breves.
Su éxito ilustra una nueva forma de circulación. Las canciones anteriores viajaban en barco, cinta y radio. Esta se desplazó a una velocidad extraordinaria mediante vídeos de baile y el intercambio por internet. La red humana siguió siendo lo primero: los cantantes se conocían a través de la música del Pacífico, los estudios y las giras.
Los escenarios de Honiara y el calendario en directo
Bonfire Festival ha utilizado Heritage Park Hotel y Pacific Crown Hotel para reunir a artistas salomonenses con invitados regionales. Aelan Riddim Music Festival, celebrado en Pacific Crown, juntó a intérpretes de Papúa Nueva Guinea con Onetox, Rosie Delmah, Jammin, Ramo y muchos más. Los conciertos de Nochevieja han situado a DMP, Onetox, JAHBOY, Sharzy, Sean Rii y figuras visitantes del reggae en grandes carteles.
Los recintos de los hoteles funcionan como grandes espacios de conciertos porque permiten gestionar entradas, seguridad, bares, sistemas de sonido y visitantes. Heritage Park y Pacific Crown son puntos de referencia importantes, mientras King Solomon Hotel anuncia música en directo los fines de semana y un grupo cultural acreditado. A quien visite la ciudad le conviene consultar el cartel vigente, pues cambian tanto la programación como los días de actuación.
SIBC y Wantok FM siguen siendo esenciales para oír lo que un acontecimiento aislado no puede mostrar. Los locutores conectan sencillos nuevos, bandas de cuerdas, anuncios públicos y peticiones del público. El National Museum and Cultural Centre ofrece orientación histórica y contactos, aunque no debe tratarse como un escenario nocturno garantizado.
El circuito del Pacífico funciona en ambas direcciones
Los artistas salomonenses salen de gira por Papúa Nueva Guinea, Vanuatu, Fiyi, Nueva Caledonia, Australia y otros lugares. Artistas visitantes llegan a Honiara. El público de la diáspora sostiene la demanda en Brisbane, Auckland y otras ciudades. Una colaboración puede grabarse en un país, mezclarse en otro y publicarse para un público repartido entre varios.
La relación wantok ayuda a explicar la calidez de estos circuitos, sobre todo donde el pijin, el tok pisin y el bislama permiten una comprensión mutua parcial. Sin embargo, el término no es un género. Un cantante de reggae de Papúa Nueva Guinea, un artista de pop de Vanuatu y un productor de hiphop salomonense pueden compartir escenario sin dejar de ser distintos en lo musical y lo político.
La fuerza de Honiara es esta capacidad de encuentro. La ciudad no aplana todos los orígenes cuando los créditos se tratan con cuidado. Permite que la lengua simbo, la historia de las flautas de Pan de Malaita, la labor de una banda de mujeres de Isabel, el reggae jamaicano, la colaboración con Papúa Nueva Guinea y el oficio de la producción electrónica coincidan en público. El resultado es una escena cuya variedad suena como el archipiélago que la construyó.