Capítulo 03
Voces, agua, tambores de hendidura y caracolas
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Las flautas de Pan pueden sostener la imagen internacional, pero la voz humana contiene parte de la música más íntima y de mayor precisión social del país. Una voz puede conducir un coro de hombres, calmar a un niño, marcar el duelo, llevar una historia de clan, sostener el culto o introducirse en el estribillo de una banda de cuerdas. Puede alzarse sola o formar capas densas con otras voces. Para oír las Islas Salomón más allá del aliento en el bambú, conviene empezar por las distintas clases de atención que el canto pide a una sala.
En qué fijarse al escuchar
«Rorogwela», de Afunakwa, es un comienzo esencial. Canta sin acompañamiento instrumental. Su línea es mesurada y cercana, moldeada por la respiración y el peso del texto de la canción de cuna. La interpretación pertenece a un contexto baegu del norte de Malaita. Alcanzó fama mundial después de que un fragmento se incluyera en «Sweet Lullaby», de Deep Forest, y se presentara mediante un marco geográfico falso. La muestra viajó más lejos que su nombre.
Escuchar bien invierte ese movimiento. Hay que comenzar por la grabación completa de Afunakwa. Se oye cómo empiezan las frases, dónde se estrecha el tono y cómo regresa la melodía sin volverse mecánica. Su voz no es materia prima a la espera de un productor. Es una interpretación personal acabada que porta lengua, dolor y cuidado.
Kwaifalu: voces distintas dentro de un mismo lugar
El álbum fataleka y baegu concede a Kwaifalu varios créditos diferenciados. Un guía del canto y un coro de hombres interpretan «Uunu», una canción adivinatoria. Quien guía fija la dirección mientras el coro crea un campo colectivo. La relación no equivale a la de un solista occidental con coristas de acompañamiento. El material sostenido o responsorial del coro puede determinar cómo se oye la voz principal, y las sonajas u otros movimientos añaden un pulso ceremonial.
El coro de mujeres y niñas de Kwaifalu interpreta «Roiroa». Varias generaciones comparten el crédito. Hay que atender a las diferencias de peso vocal dentro del grupo, al modo en que una frase se afirma mediante el acuerdo y a las pequeñas variaciones que mantienen viva la repetición. Llamar coro a las cantantes resulta útil como lenguaje de catálogo, pero el sonido es el de una comunidad de edades y timbres concretos.
«Susuku Solo», de Aeresuuga, desplaza la atención de la voz a un solo intérprete con una flauta de Pan en haz. «Sukute Solo», de Rokona, ofrece otro contraste individual con el bambú. Cerca de ellos, el conjunto ’au sisile interpreta «Faa Ta Gwouna», «Faa Gani ’Ae Boso» y una pieza de conjunto más extensa. Estas interpretaciones muestran cómo una misma zona documentada puede contener instrumento solista, canción de grupo femenino, voces ceremoniales masculinas y flautas de Pan colectivas sin necesitar una esencia local única.
La música funeraria de la recopilación reúne flautas de Pan, baquetas entrechocadas y sonido coral con la boca cerrada. Los labios cerrados suavizan las consonantes y orientan el coro hacia una resonancia tarareada. La textura puede parecer suspendida porque las palabras retroceden mientras la armonía permanece. Las baquetas marcan una superficie más cortante y mantienen presente el tiempo corporal bajo las voces sostenidas.
Las voces mungiki y la fuerza de la variación
En Bellona, llamada localmente Mungiki, la interpretación vocal ofrece otra arquitectura. «Na hua a na sa’a», dirigida por Joshua Kaipua con cantantes varones de Mungiki, dura lo suficiente para que el material repetido acumule historia. La Canción de los Clanes emplea una percusión limitada y un marco coral firme, pero la variación individual impide que cada regreso se cierre en un bucle.
Otras grabaciones nombran a Takiika, Paul Sa’engeika, Haman Songo’ungi, Momoka, Taupongi, Ma’itaki y Tupe’uhi. Sus repertorios incluyen canciones de canoa, juegos, canción de tatuaje, canción introductoria, danza de mujeres y temas cristianos. Estos créditos revelan una historia vocal en lengua polinesia dentro del Estado, con sus propios responsables del canto y sus propias formas.
Hay que escuchar la relación entre una frase principal y el grupo. El coro puede entrar con una forma establecida mientras quien guía alarga sílabas o desplaza el acento. Las palmas y la percusión sobre tablas sonoras aportan una arista seca que deja libre el registro vocal. La variación constante no es un ornamento añadido a una canción fija. Es el modo en que una interpretación larga sigue respondiendo a las personas presentes.
Las mujeres de Makile y el movimiento de la danza
Las grabaciones de campo de Makile y Kongga, en Guadalcanal, incluyen danzas de mujeres llamadas «Rope» y «Loloele», canciones y danzas de hombres, flautas de Pan, canción de cuna, flauta y canto funerario femenino. «Rope», acreditada aquí a las Mujeres de Makile, revela el movimiento mediante el sonido. Los pies alteran el equilibrio de la grabación. La voz colectiva y el ritmo corporal crean un acontecimiento mayor que una línea melódica.
Las grabaciones de danza deben oírse teniendo presente la posición. El micrófono permanece inmóvil mientras los intérpretes giran o cruzan. Una voz que se desvanece puede estar alejándose, no debilitándose. Las pisadas pueden ganar volumen cuando se acerca una fila. La imagen acústica registra la coreografía de forma indirecta.
El canto funerario de mujeres en Makile aporta otro registro social. El lamento no es simplemente un género triste. Da forma pública al dolor y une la voz personal con el conocimiento colectivo de cuándo y cómo puede oírse el duelo. Que una grabación antigua sea de acceso público no significa que todas las prácticas relacionadas estén hoy abiertas a visitantes. Escuchar obliga a distinguir el acceso de la pertenencia.
El agua crea un instrumento fugaz
«Kiro Ni Karusi» documenta juegos musicales ’Are’are en el agua. Las manos golpean la superficie, recogen agua o atrapan aire en ella y convierten el agua en un resonador cambiante. Cada gesto desaparece físicamente en cuanto suena. Después de la interpretación no queda instrumento alguno que guardar, solo una técnica alojada en los cuerpos y repetida mediante la participación.
El sonido puede incluir un borboteo grave, un chasquido hueco, salpicaduras y el impacto de las manos. El ritmo depende de la profundidad, el ángulo y la coordinación temporal. Varios gestos pueden alternarse y formar una frase con un material que un oyente no preparado quizá perciba como simples chapoteos. La disciplina consiste en producir un ataque reconocible y colocarlo con exactitud.
Esta grabación pertenece específicamente a la vida musical ’Are’are. No es el mismo repertorio que el movimiento de proyección internacional Vanuatu Women’s Water Music. Ambos demuestran una comprensión extraordinaria del agua como materia sonora. Sus países, comunidades, historias y marcos interpretativos permanecen separados.
Los tambores de hendidura convierten un árbol en varias alturas
Un tambor de hendidura parte de un tronco ahuecado para crear una cámara de resonancia. Como no lleva una piel tensada, el ataque suena a madera y conserva su carácter directo. Golpear cerca de un borde puede producir un toque luminoso; otra zona puede ofrecer un tono más grave y amplio. El tamaño y el grosor de las paredes modifican la altura y la capacidad de proyección.
La grabación ’Are’are «’O’o Mouta» presenta un solo de tambor de hendidura. «Para Ni ’O’o» emplea un grupo. Al oírlas juntas se percibe el paso de los contrastes internos de un solo cuerpo a la respuesta entre varios. En el grupo, los ataques agudos y graves pueden entrelazarse como las partes de las flautas de Pan, aunque el aliento y la resonancia sean por completo diferentes.
Algunos instrumentos de hendidura grandes también comunican o convocan a distancia. Esa función no debe convertir cada ritmo musical en una frase codificada. Un patrón de señal y otro de danza o ceremonia pueden emplear el mismo material para funciones distintas. La ocasión indica qué afirmación está justificada.
Los tubos percutidos contra el suelo crean otro mundo de percusión de bambú. En «’Au Ni Mako», un tubo se golpea en vertical para hacer responder su columna de aire y su cuerpo de bambú. Las formas solistas y a dúo pueden repartir ataques graves y agudos. El instrumento no es una flauta de Pan soplada ni un tubo grave moderno golpeado contra el suelo, aunque los tres partan del bambú.
El aliento de la caracola y las piedras de río
La caracola funciona como trompeta. Retirar el ápice o abrir un lateral crea un lugar donde los labios hacen vibrar el aire interior. Su registro útil puede ser estrecho, pero el ataque, la presión, la duración y la dirección transmiten significado. Una llamada puede convocar a la gente, marcar una llegada o anunciar el comienzo de un acto. Su fuerza reside en la distancia.
El tono de una caracola comienza con un soplo turbulento antes de asentarse en la resonancia. Ese inicio áspero forma parte de su identidad. Al aire libre, los reflejos del agua, los edificios y las colinas pueden hacer que una llamada parezca responderse a sí misma. El intérprete ajusta la duración al espacio y la finalidad.
A una escala mucho más silenciosa, se ha descrito a mujeres de algunas zonas de Malaita e Isabel cantando canciones de cuna mientras golpean pequeñas piezas de bambú contra piedras planas de río. La piedra ofrece una superficie dura y estable; el bambú, un chasquido más ligero y con altura. El agua cercana modifica el campo acústico sin convertirse en el instrumento tocado. Estos testimonios deben mantenerse dentro de su ámbito regional, y las funciones de género actuales pueden cambiar, como demuestra la participación de mujeres de Isabel en grupos públicos de flautas de Pan.
La polifonía es un verbo tanto como una textura
Polifonía significa que suena a la vez más de una parte dotada de sentido. En las grabaciones de las Islas Salomón puede surgir de líneas cíclicas de flautas de Pan, relaciones entre solista y coro, armonía con la boca cerrada, duplicación a la octava, tambores de hendidura entrelazados o partes corales. No son versiones de una sola técnica nacional. Son maneras distintas de compartir el tiempo.
La pregunta activa es cómo logran los intérpretes que varias partes formen un todo coherente. Respiran juntos, recuerdan ciclos, observan a quienes guían, sienten los patrones de los pies, afinan intervalos, repiten textos y ajustan el volumen. La polifonía es algo que la gente hace para mantener una relación. Esta idea une la línea solitaria de Afunakwa con un gran conjunto sin fingir que la soledad sea secretamente coral. Su interpretación hace audible la responsabilidad de una persona; los conjuntos distribuyen esa responsabilidad entre muchas.